Rincón Litúrgico

Lugares de oración

Los expertos en Sagrada Escritura valoran cada vez más la topografía evangélica y la interpretan con sentido teológico. Entendiendo así los lugares bíblicos, son muchos los que sienten como llamada vivir la espiritualidad del desierto. Para algunas familias religiosas, Nazaret se convierte en referencia carismática, y la vida doméstica de la Sagrada Familia es llamada vocacional y opción de vida.

A Jesús se le ve acudir a la sinagoga los sábados, y sube al templo de Jerusalén, sobre todo en las fiestas de Pascua. Defiende ante la samaritana que el culto auténtico es el que se rinde al Dios único en Jerusalén.

Al observar los movimientos del Nazareno, lo sorprendemos retirándose a lugares solitarios, discretos, donde ora a su Padre en la mayor intimidad. Así nos lo narra san Lucas: “Él, por su parte, solía retirarse a despoblado y se entregaba a la oración” (Lc 5, 16). Y sobre todo san Marcos: “Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar” (Mc 1, 35). En este caso, había estado en la sinagoga, pero no deja por ello el tiempo personal de oración, como hace después de la multiplicación de los panes. “Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar” (Mc 6, 46)

Es privilegio poder orar en lugar solitario, natural e íntimo, donde la naturaleza se convierte en la mejor catedral, y el cielo en el techo más protector. Si se tiene ocasión de aspirar el aroma del enebro o del sabinar, y de tener entre las manos la espiga del espliego; si sobrevuela el buitre leonado, y la majestad del águila real corona el firmamento; si los árboles del bosque detienen sus palmas para no quebrar el silencio; si los pasos del orante llevan a la profundidad del encinar, y los labios musitan la plegaria, hay instantes de estremecimiento al tocar la presencia íntima, aunque invisible, del Creador del universo, del Amigo del alma, del Compañero de camino…

En Tiempo Ordinario, el ejemplo de Jesús de relacionarse con su Padre en descampado, de retirarse a solas para orar, no solo significa tener la oportunidad de una tarde de senderismo, sino que cabe encontrar el lugar íntimo en el propio interior, donde rezar de manera consciente, como recomienda Jesús: “Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará” (Mc 6, 6).

No obstante, si tienes oportunidad, te invito a que hagas la experiencia de orar en un lugar apartado, en medio de la naturaleza, y descubrirás lo que se siente cuando no hay otra relación posible que la teologal e interior.

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