Rincón Litúrgico

Los tesoros del reino

«Una mujer fuerte ¿quién la hallará?… Abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre. Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura; la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en público». Es famoso este elogio bíblico de la mujer (Prov 31, 10-31). Sobresale por su trabajo, por su piedad para con Dios y su caridad con los pobres. Evidentemente no se distingue por su pereza.

El salmo responosorial se hace eco de este poema, «proclamando dichosos a los que temen al Señor» (Sal 127), es decir a los que lo respetan con amor filial, confiando en su misericordia y cumpliendo su voluntad.

La segunda lectura es muy apropiada para este domingo que nos acerca al final del año litúrgico. San Pablo exhorta a los fieles de Tesalónica a vivir esperando el Día del Señor. Precisamente porque no sabemos cuándo tendra lugar su manifestación, nosotros, como ellos, hemos de vivir despiertos y conservando la sobriedad (1 Tes 5, 1-6).

EL ENCARGO

En el evangelio se proclama la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30). Junto con la parábola de las doncellas invitadas a la boda y la profecía del juicio final este texto nos invita a vivir fiel y responsablemente nuestra vocación a la esperanza cristiana.

Vivimos el presente aguardando la manifestación futura de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra vida esta caracterizada por el signo de la esperanza. Pero no podemos confundir esta segunda virtud teologal con un aguardo meramente pasivo y despreocupado de las realidades que nos han sido confiadas. Si creer es crear, se puede decir que esperar es operar. No cabe la pereza.

La parábola de los talentos se articula en dos tiempos. En el primero se presenta a un señor que, antes de emprender un viaje, entrega unas  notables cantidades de dinero a tres de sus criados. Dos de ellos negocian con lo que han recibido y logran doblar su valor. El tercer criado excava un hoyo en la tierra y allí esconde el talento que le ha sido entregado por su amo, cuyas reacciones cree conocer bien. Sin embargo, por temor o por pereza no responde al encargo de su amo.

EL ENCUENTRO

La segunda parte de la parabola recoge el momento en que el amo se encuentra de nuevo con sus criados, pide que le rindan cuentas de lo que han hecho con los talentos y expresa su juicio sobre ellos.

  • «Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor. Como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. Pasa al banquete de tu Señor». Así habla el Señor a los criados que han redoblado los talentos que él les entregó.

Y asi nos habla a nosotros. El Señor es el dueño, nosotros somos sus criados. Hemos sido elegidos para colaborar con él. Se nos ha entregado la fe para que consigamos otros creyentes. El Señor espera de nosotros que seamos fieles a su encargo y nos premia con su compañía.

  • «Eres un siervo negligente y holgazán… A ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes». Así reprende y condena el Señor al criado que ha escondido en la tierra el talento recibido.

Y así nos reprende a nosotros, si encuentra que somos perezosos y egoístas. Él es el Señor. No podemos considerar lo recibido de él como si fuera una propiedad privada de la que podemos disponer a nuestro antojo.

 – Padre nuestro que estás en los cielos, tú has querido confiarnos la tarea de darte a conocer en el mundo y promover la fraternidad entre los hombres. Ayúdanos a esperarte confiada y activamente. No nos dejes caer en la tentación de la pereza y libranos del mal de creernos dueños de los tesosros de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.  Amén.

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