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Opinión

Los santos hacen las cosas bien, por José María Salaverri

Los santos hacen las cosas bien, por José María Salaverri

Y las personas sensatas también…

…aunque no sean santas. En este caso me refiero a la amistad. A esa maligna insinuación contra Juan Pablo II en su amistad con la filósofa Anna Teresa Tymieniecka. Y es que las personas sensatas tienen las ideas claras. En cambio los labios viperinos las tienen bastante turbias.

Los santos y las personas sensatas, aunque sean ateas, saben que la amistad (la que merece ese nombre) es sexuada, pero no sexual. Saben que somos sexuados 24 horas al día, en decir hombres o mujeres corporal y psicológicamente, y como complementarios así nos encontramos en la amistad. Pero…

Los santos y las personas sensatas, incluso ateas, saben que somos “sexuales” algunas veces, ya en nosotros existe un instinto sexual, que preferimos llamar pulsión sexual, ya que en la persona humana es educable y dominable. Lo que nos diferencia de los animales.

Todas esas personas sensatas saben que la pulsión sexual no entra en juego en las amistades, sea entre hombres o mujeres o entre ambos sexos. Y que, si entra o acaba entrando, ya no es amistad sino “otra cosa”.

¿Qué otra cosa? Puede ser seducción o adulterio (palabra tabú en el lenguaje progre malicioso). O aventura o “romance” como lo romantizan algunos partidarios del “amor libre”. En el fondo no creen, ni por asomo, en la posibilidad de una amistad sana, fuerte y limpia. Y en este caso han manchado -sexualizándola- la palabra “intensa”. Una más.

Resumiendo, los santos y las personas sensatas, aunque sean ateas, creen que es posible una amistad normal, profunda, seria y feliz a la vez.

La amistad que nos trajo Jesús

Este problema viene de lejos, y me preocupó desde joven. Sobre todo tras una mala interpretación del Vaticano II que trajo una crisis del celibato en demasiados sacerdotes; y dolió tanto a Pablo VI. Desde entonces me dediqué a profundizarlo. Para colmo, el mayo francés de 1968 agravó el ambiente. La castidad se tornó en palabra tabú, incluso para muchos en la Iglesia y en su predicación. Fue precisamente Juan Pablo II quien ayudó a romper ese tabú con sus enseñanzas en las audiencias de los de miércoles en los primeros años de su pontificado: ideas claras y directas sobre el tema. Algunas de sus afirmaciones –por ejemplo sobre cierto tipo de adulterio- fueron mal recibidas por la progresía.

En un mundo en que la mujer es omnipresente y cada vez más con autoridad, no sólo el religioso y la religiosa, sino todo cristiano, tienen que estar allí, con una actitud clara de lo que es amor. Y por lo tanto de lo que es la amistad y la castidad. Jesús nos ha traído un nuevo concepto de amistad. En la antigüedad solo se concebía la amistad entre varones. Su ejemplo de amistad con mujeres, abrió nuevos caminos. Se me ocurrió que lo mejor sería ver cómo los santos, a través de la historia de la Iglesia, habían vivido una amistad heterosexual. El resultado ha sido un libro –“Amigos en el Señor” de Ediciones Encuentro- sobre amistades a través de la historia de la Iglesia y que culmina en un serio estudio, basado en el evangelio y en la filosofía de Julián Marías.

Cuando escribí a don Julián sobre mi proyecto, me animó mucho a llevarlo a cabo. ¡Lástima que ahora sus libros sean tan poco frecuentados! Ha sido un gran maestro en amistad, tanto en sus escritos -sobre todo en los referentes a la mujer-, como en su vida personal. Basta leer sus memorias -“Un tiempo presente”- para comprobar su amor inmenso y su fidelidad a toda prueba a Lolita, su mujer, compatible con sus amistades -muchas de ellas femeninas-; pero amistades y no “otra cosa”, como decía él mismo.

Un gran trabajo que hacer

Cada día nos trae noticias de violencia contra la mujer, con gran escándalo de la progresía que lo llama violencia de género. Pero ¿quién la fomenta? Ellos mismos, los que nos dicen que la sexualidad es un juego, que hacen campaña entre los más jóvenes para que se diviertan con ello, que distribuyen preservativos o la píldora del día siguiente. ¿Es que no se dan cuenta que quien no ha aprendido a dominar su pulsión sexual es un depredador sexual en potencia? Un peligro; un pobre hombre que, si no cambia (se puede), nunca conocerá ni la amistad, ni el amor. Y probablemente, tan sólo la frustración y la soledad.

Una historiadora francesa, Régine Pernoud, estudiosa del papel de la mujer en la Edad Media, decía que “el jansenismo, que impregnó la iglesia en Francia desde el siglo XVII, ha considerado a priori sospechosas este tipo de relaciones amistosas…(…) Esto ha sido así hasta una época muy reciente en la que se han considerado esas amistades como producto de una necesidad de compensación entre individuos frustrados, y más sospechosas aún en nombre de las doctrinas freudianas; y luego, en nombre de esas mismas doctrinas erigidas en dogma, se ha considerado anormal y condenable una relación de amistad que no llevara a relaciones sexuales”.

En esto estamos. Los cristianos tenemos una inmensa tarea educadora por hacer. Por experiencia sé que se puede ofrecer una iniciación afectivo-sexual a padres y a niños y jóvenes a la luz de la maravilla que es la persona humana creada por Dios. Decía Benedicto XVI en una homilía: “San José nos enseña que se puede amar sin poseer”. Y añade que, con la gracia de Dios, todo hombre, toda mujer puede “entrar en el proyecto que Dios ha empezado a realizar en los seres que se acercan a Él”. (18 de marzo de 2009).

Lástima no haber tenido antes detalles la relación de amistad de Juan Pablo II -señalada de paso en las biografías- con la filósofa Anna Teresa. Hubiera podido ser el capítulo 13 en el libro “Amigos en el Señor”. Y hubiéramos podido comprobar que iba en la misma línea de amistad que el Señor entregó a su Iglesia desde los primeros siglos…

José María Salaverri

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