Internacional

Los religiosos en América Latina a favor del proceso de paz en Colombia

Los religiosos en América Latina a favor del proceso de paz en Colombia

Al finalizar el Congreso de Vida Consagrada convocado por la Confederación de Religiosas y Religiosos de América Latina y el Caribe (CLAR), celebrado en Bogotá, se publicó una declaración en la que los participantes expresan su pleno apoyo al proceso de paz en Colombia, y se comprometen a rezar por la paz y a tomar la causa de la paz y de la reconciliación como el deber moral más grande para la iglesia católica latinoamericana.

“Trabajaremos más y más al lado de las víctimas, reforzaremos nuestra entrega en la educación para multiplicar los hábitos de respeto a la dignidad humana y a la solidaridad, buscaremos en la oración la ayuda y la sabiduría del Espíritu para entregarnos sin reserva en esta causa”.

En el pronunciamiento se dedica un amplio espacio a la oración por la paz en Colombia y se pide al gobierno colombiano y el grupo terrorista de las Farc que “no interrumpan las negociaciones de la habana hasta que no haya concluido la guerra en Colombia”. Además proponen abrir una mesa de diálogo con el ELN, pidiéndoles que abandonen por completo las armas para poder construir juntos los cambios estructurales que la paz exige.

El congreso de la CLAR contó con la participación de unas 1.200 personas y ha tenido como tema “Horizontes de novedad en el vivir nuestros carismas hoy”. Entre los objetivos específicos, se ha trabajado en la forma de “proponer nuevas alternativas en la vida consagrada, encontrar las vías para una vida Consagrada discípula misionera”.

Enseguida el texto íntegro del pronunciamiento:

PRONUNCIAMIENTO DEL CONGRESO DE LA CLAR EN SOLIDARIDAD CON EL PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA

Nosotros, religiosas y religiosos de América Latina y el Caribe, reunidos en Congreso, expresamos nuestro dolor y solidaridad con los seis millones de víctimas de esta Colombia que nos ha recibido generosamente con los brazos abiertos de la cruz en medio de la violencia y de la guerra y nos ha hecho sentir la vida que clama por la paz.

Ante este drama colombiano en el que resuena el sufrimiento de los pobres y excluidos del Continente, reconocemos que si bien hemos puesto nuestras personas y nuestras obras al servicio del pueblo, hemos tenido fallas particularmente por no haber entregado en el amor y en el servicio todo lo que se esperaba de nuestras vidas consagradas.

Queremos dirigirnos a todas las colombianas y colombianos para ofrecerles nuestra solidaridad en la búsqueda de la reconciliación basada en la verdad, la reparación, la garantía de no repetición, la grandeza del perdón y la recuperación de la confianza colectiva en el camino hacia la paz, fruto de la justicia.

Nuestra palabra quiere llegar de manera especial a los negociadores del gobierno y de las FARC en La Habana. Creemos que los mueve una intensión sincera de paz. Valoramos las miles de horas dedicadas a esta búsqueda. Desde lo más hondo del pueblo colombiano y latinoamericano les pedimos e imprecamos, en nombre del Dios de nuestro Señor Jesucristo, que no se paren de la mesa hasta que no haya concluido la guerra en Colombia. Los instamos por la dignidad de este pueblo, al que han entregado su tranquilidad y sus vidas, a que detengan la confrontación armada y suspendan toda operación que cause muertes, que destruya ríos y fuentes de energía y que con bombas reviente los campos. Después de tanta tragedia acumulada no aceptamos ni justificamos ninguna muerte ni victimización más.

Los invitamos a trabajar asiduamente para que se llegue pronto a los acuerdos. No pretendan que ustedes pueden arreglar a Colombia en La Habana. Baste que establezcan las líneas básicas que permitan, con seguridad humana y jurídica, parar la guerra guardando la grandeza humana, y dejando bases para la reconstrucción de país, y confíen en el pueblo colombiano que quiere emprender los cambios profundos que lleven a la superación de la injusticia y la exclusión.

Sabemos que el conflicto colombiano es uno solo y que el proceso de La Habana requiere que se llegue a acuerdos entre el gobierno y las FARC. Además pedimos pedimos que se inicien negociaciones en mesa pública propia lo antes posible con el ELN, el cual ha dicho que su agenda de paz es lo que la sociedad quiera, y ha manifestado que acompañará con las armas este querer. Seguros de que expresamos el sentimiento de millones de hombres y mujeres del continente y de Colombia, le decimos al ELN que la sociedad no quiere que nos acompañen con armas, y que el deseo inmenso del pueblo es que vengan a la vida política y democrática, para construir juntos los cambios estructurales que la paz exige.

De nuestra parte, nos comprometemos a orar por estos diálogos y a asumir la causa de la paz y de la reconciliación como el deber moral más grande que tiene hoy nuestra misión, trabajaremos más y más al lado de las víctimas, reforzaremos nuestra entrega en la educación para multiplicar los hábitos de respeto a la dignidad humana y a la solidaridad, buscaremos en la oración la ayuda y la sabiduría del Espíritu para entregarnos sin reserva en esta causa, y trabajaremos unidos para responder a este clamor por la vida del pueblo.

Bogotá 21 de junio de 2015

Fuente: CLAR / FIDES

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