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Los profesionales responden en la Universidad Francisco de Vitoria a los interrogantes de la Ley de la Eutanasia

«Con el objetivo de aportar elementos para una reflexión que afronte desde una perspectiva interdiscipliar la eutanasia», la Facultad de Medicina y el Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria han organizado este jueves 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo, un seminario de estudio sobre la Ley de Eutanasia. En esta jornada se ha estudiado cómo afrontar el sufrimiento insoportable, el dolor físico, el sufrimiento emocional, las solicitudes de muerte y la experiencia eutanásica en otros países

El seminario comenzó con la presentación del decano de la Facultad de Medicina, Fernando Caballero. «En términos muy personales, puesto que no tienen aún elementos de juicio de cosas que le preocupan: El debate que debería estar ardiendo en la sociedad ha sido secuestrado por el covid».

A diferencia de las matemáticas aquí el orden sí importa. «En España se ha planteado una ley de eutanasia sin atender previamente a una ley de cuidados paliativos. No se ha resuelto lo que sí es una demanda social y por el contrario se ha pasado directamente a la ley de la eutanasia. Sería como amputar una pierna sin haber probado con un tratamiento antibiótico».

Caballero ha alertado de que en España ha empezado a difundirse la idea «de que esto es un signo de compasión y humanidad hacia aquel que sufre. De hecho, quien no apoya esta ley, parece que no es misericordioso». ¿Puede haber un derecho al mal? ¿A ser esclavo? Somos seres relacionales y todo lo que hacemos afecta a los demás, ha explicado el decano, por lo que «i todos tenemos derecho a determinadas cosas, ¿el Estado tendría la obligación de salvaguardarlo?».

Además ha denunciado que «es una falacia» que se ha difundido junto al proyecto. «Los candidatos a esta ley son gente muy débil, dependiente. Quien sufre de esa forma ve una sutil presión acerca de “¿no debería quitarme de en medio para dejar de hacer sufrir a mis familiares?”. Creo que esta ley no está dando libertad, sino lo contrario: Está presionando».

Hay muchas formas de afrontar el sufrimiento. Incluso viendo en él una oportunidad

Ricardo Abengózar, profesor de la facultad de Medicina de la UFV, ha reflexionado acerca de lo que es el sufrimiento, dando varias definiciones de distintos autores. «Todos hemos sufrido en mayor o menor grado. Algunos sufrimientos son indescriptibles. En algunos casos se puede llegar a la desesperación. Quien desespera lo ha perdido todo. Hay muchas formas de afrontar el sufrimiento. Incluso viendo en él una oportunidad».

Lo que se llama la «paradoja del sufrimiento». «Tenemos la obligación deontológica de estar ahí. Los fines de la medicina del siglo XXI, que se han revisado hace poco, dicen que hay que buscar la evitación de una muerte prematura y una muerte tranquila. Es decir, se está hablando del ámbito espiritual».

Esta Ley es «inoportuna»

Por su parte, Álvaro Gándara del Castillo, de la Unidad de Cuidados Paliativos de  la Fundación Jiménez Díaz, sabe muy bien lo que significa el sufrimiento. Y desde su conocimiento, ha calificado de «inoportuna» esta nueva Ley de Eutanasia.

Tal y como ha explicado el doctor citando a Cicely Saunders «el dolor total es imposible calmarlo con morfina. El dolor físico sí, pero todos los componentes que integran el dolor total se atajan de otra manera». En los últimos cuarenta años, «la medicina ha cambiado mucho. Cuando empezamos los primeros “cuatro” con paliativos la gente pensaba que sabíamos poco. Pero sabíamos que la clave de todo esto es la compasión, el tener una actitud compasiva hacia el que sufre. Hay que acercarse al paciente y para eso, como decía Gregorio Marañón, hay que utilizar la mejor herramienta que tiene el médico: establecer una relación de confianza con el paciente. Eso requiere tiempo y habilidades».

En su opinión, los profesionales sanitarios «necesitamos una mayor formación acerca del sufrimiento desde una perspectiva holística. Hay que educar en valores y virtudes como la escucha, la compasión, la honestidad».

Las ideas de muerte en los pacientes de psiquiatría «son un criterio de diagnóstico»

Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid ha explicado que «lo bonito de la psiquiatría es que tratamos al ser humano que sufre. No tratamos un órgano concreto. Tratamos a la persona. Es una especialidad preciosa». Por eso, en su práctica diaria como parte de la sintomatología de las enfermedades mentales, «convivimos con la idea de la muerte y el suicidio». Para los psiquiatras, «las ideas de muerte en nuestros pacientes es un criterio de diagnóstico».

El suicidio, según la OMS, es un problema de salud pública, más de 9.000 personas intentan suicidarse diariamente. Las ideas de muerte en los trastornos mentales va también asociada a otras dificultades: desempleo, falta de vivienda…«Los tratamientos en psiquiatrías son largos», ha explicado la presidenta. De esta forma, ha lamentado que «asusta como en la ley de la eutanasia hablan de “una primera petición un día, a los 15 otra petición y al poco tiempo una resolución”. ¡Los tratamientos de psiquiatría duran años!»

Al paciente de psiquiatría se le interna muchas veces en contra de su voluntad porque él no está en condiciones para decidir lo que es mejor para él. «Para los psiquiatras es absurdo que la eutanasia contemple el final de la vida en personas en las que la idea de la muerte ya forma parte del diagnóstico».

Los tiempos de esta Ley, ha explicado, «no concuerdan con el abordaje que requieren los trastornos mentales».

Cuidar los cuidados

Encarnación Pérez Bret, enfermera en la Fundación Vianorte-Laguna, ha explicado que «cuando yo estudié el cáncer hace muchos años se hablaba de unas células que impedían a las células sanas hacer su función. La eutanasia es así: Nos impide cuidar como corresponde».

Cada vez que cuidamos a alguien, ha matizado, «también nos enriquecemos nosotros. Cuando nos donamos, cuando nos preocupamos por los demás también se engrandece nuestra persona y nuestra capacidad». Por eso, ha insistido en que «tenemos que promover desde las escuelas de Medicina herramientas para que el profesional sepa atender estas necesidades, sepa sentarse con el paciente y hablar con él. Necesitamos dar respuesta a lo que el paciente realmente necesita».

¿La eutanasia es un derecho?

La eutanasia supone el 4% y  el 6% del numero total de fallecidos en Holanda (6000-6500) y en Bélgica (el número no ha hecho meseta, no hace más que aumentar). Con estos datos ha comenzado la intervención de José Jara Rascón, presidente de la Asociación de Bioética de Madrid. «Una amplia mayoría de la sociedad belga considera un derecho la eutanasia, y los profesionales en ambos países también lo han normalizado.

Permitir cualquier tipo de eutanasia conduce inevitablemente «a que se practiquen en un número mucho mayor porque se produce paulatinamente una flexibilización en las condiciones y una aceptación en la sociedad». Un porcentaje muy significativo de eutanasias, por tanto, no cumple los requisitos legales. «No siempre hay consentimiento y el número de casos aumenta sin cumplirse los requisitos y se practica más o menos impunes».

El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente

«La eutanasia es contraria al juramento hipocrático. Y yo hice el juramento hipocrático». Así de contundente se ha mostrado Manuel Martinez Sellés, presidente del Colegio de Médicos de Madrid y que concedió una entrevista a ECCLESIA en la que profundizó sobre como velar con el máximo respeto por la vida humana.

Todos los médicos de España «tenemos un código deontológico». «El médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente ni siquiera en caso de petición de este». Desde el colegio de Médicos y Farmacéuticos se publicó una declaración oficial sobre la nueva Ley en la que consideraban que iba a generar «mucha confusión, y que a la hora de mirar los datos no vamos a saber de qué estamos hablando».

Sellés mostró su preocupación porque como ya avanzó en nuestra entrevista, «la eutanasia va a destruir la relación de confianza con nuestros pacientes. No solo eso, se va a frenar el progreso de la medicina. No va a haber una motivación para indagar en mecanismos de lo que es la senilidad, el alzeimer o el cáncer». Además, ha lanzado un inquietante interrogante: «¿Qué va a pasar con la donación de órganos? ¿Se agilizarán eutanasias para conseguir órganos?».



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