Carta del Obispo Iglesia en España

Los padres y los hijos, carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio

Angel Rubio

Los padres y los hijos, carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio

Los padres ocupan un lugar primordial en la educación humana y cristiana de sus hijos, estos son la prolongación de los padres, que al asumir la responsabilidad de engendrar un hijo, asumen, al mismo tiempo, la de su educación.

La primera comunidad donde se desenvuelve la vida del niño es la familia y en este medio ambiente que le rodea el pequeño es como una cera blanda donde se graban con facilidad toda clase de impresiones. El niño parece absorber, inconscientemente, —en el primer año de su existencia— todo lo que tiene a su alrededor, no ya con su mente, sino con su vida. Es decir, el niño inconscientemente adquiere el “mundo entero”; después todo este mundo irá pasando del inconsciente al consciente.

Con frecuencia los padres son víctimas de un defecto. Se preocupan ante todo del desarrollo físico y fisiológico de sus hijos; el cultural va quedando para el maestro a medida que avanza en edad y en cuanto a la maduración espiritual quizás se deje prácticamente “a la Iglesia” (entendiendo por tal, a los sacerdotes y religiosos). Se trata de un error grave pues, en tal caso, lo religioso suele quedar en la vida como algo postizo para siempre.

Sin embargo, la génesis de crecimiento del hombre forma una unidad en la vertiente humana y en la religiosa, o mejor, es la misma porque no crecen por caminos distintos. El medio normal en donde se realiza este crecimiento del ser humano es el hogar. Por tanto, es misión de la familia, de los padres, ser los primeros educadores en la fe. «Corresponde a los padres crear en la familia un ambiente animado por el amor y la piedad hacia Dios y hacia los hombres que favorezca la educación íntegra, personal y social de los hijos» (Concilio Vaticano II, Declaración Gavissimum Educationis, 3).

Siempre ha sido relevante anunciar con esmero y vigor el evangelio de la familia. Hoy es más urgente. Nuestro pueblo aprecia mucho a la familia. Los jóvenes la valoran y desean crear una familia, a pesar de las dificultades. Aunque hay voces empeñadas en desfigurar la realidad misma del matrimonio, creemos que, ser esposo y esposa, padre y madre, es algo imprescindible para formar un hogar sobre el quicio del matrimonio.

El Papa Francisco se ha dirigido recientemente a las familias con estas palabras: «La familia se funda en el matrimonio. A través de un acto de amor libre y fiel, los esposos cristianos atestiguan que el matrimonio, en cuanto sacramento, es la base en la que se funda la familia y hace más sólida la unión de los cónyuges y su entrega recíproca… El amor conyugal y familiar también revela claramente la vocación de la persona de amar de forma única y para siempre y de que las pruebas, los sacrificios y las crisis de la pareja, como de la misma familia, representan pasajes para crecer en el bien en la verdad y la belleza… Es una experiencia de fe en Dios y de confianza recíproca, de libertad profunda, de santidad, porque la santidad presupone entregarse con fidelidad y sacrificio todos los días de la vida» (25 de octubre de 2013).

Donde no hay fe efectiva ya no es posible ayudar a los niños y jóvenes a desarrollarse, a crecer y vivir como cristianos. Y sin embargo, una buena pedagogía de la fe, nos dice que como mejor se aprende a creer en Dios es conviviendo y practicando las manifestaciones de la fe con personas creyentes que nos inspiren admiración y confianza. Por eso, para un niño o para un joven, no hay mejor forma de aprender a vivir como cristiano que practicando la fe con sus padres. En los años de la infancia quien mejor puede influir es la madre, en los años de adolescencia y juventud es necesario que se sume el ejemplo y la influencia del padre, abuelos, de otros familiares, de los amigos de la familia. Se aprende a creer viviendo con quienes creen. Eso no se puede hacer en ninguna parte como en la propia familia.

 

+ Ángel Rubio Castro

   Obispo de Segovia

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