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Los obispos, «perplejos» ante «las piedras de división» en la lucha contra la pandemia

Antes de comenzar el turno de preguntas de la rueda de prensa final de la Comisión Permanente, el secretario general de la CEE, Luis Argüello, ha querido compartir «a título de portavoz» y sin darle característica de «nota oficial» algunas reflexiones que los obispos han realizado durante la reunión. «Una situación muy preocupante la que vivimos respecto a la pandemia», ha dicho Argüello, «que tiene consecuencias sanitarias, sociales, económicas, que están afectándonos a todos, pero todos sabemos que lo hace de manera diferente por las circunstancias en las que viven tantas personas».
En medio de esta situación, el portavoz de los obispos ha lamentado como «constantemente se nos convoca a la unidad por responsables políticos y sociales, y sin embrago, son lanzadas al camino muchas piedras de división», lo cual provoca una gran «perplejidad».
Desde el inicio de la pandemia, el eslogan oficial «ha sido la unidad», ha expresado el obispo auxiliar de Valladolid, «pero luego, al mismo tiempo, observamos estas piedras de división lanzadas al camino de nuestra andadura común como sociedad». Ante esta falta de entendimiento de las autoridades políticas, los obispos consideran que «es momento de apelar a la responsabilidad de todos los ciudadanos, en los pequeños gestos de cuidado mutuo, para contribuir a detener la expansión del coronavirus, y también salir al paso de cualquier estrategia de enfrentamiento». Por eso los prelados agradecen todos aquellos «esfuerzos por el diálogo y el acuerdo». Además, Argüello ha pedido «con fuerza» a los responsables políticos «que encabecen con propuestas concretas y su propio testimonio de escucha, de diálogo, de acuerdo, esta senda de colaboración ciudadana».

«Cultura del enfrentamiento» y falta de acuerdos

Como cualquiera de nuestros conciudadanos, ha insistido, «estamos perplejos ante la falta de acuerdo». Desde el principio, deberían haber existido «verdaderos equipos independientes de profesionales, del mundo de la salud, de la epidemiología, que asesoren a nuestros gobernantes y que tengan una palabra de autoridad, aun reconociendo que la decisión en asuntos graves, referidos a la movilidad, a las libertades básicas de una vida en común, tienen que ser tomadas por las instituciones políticas». En todo caso, ha insistido el secretario general en el turno de preguntas, «aprovechamos la ocasión para pedir a los responsables políticos que, por favor, logren acuerdos para que los ciudadanos salgamos de nuestra perplejidad y podamos colaborar para que la pandemia pueda ser contenida»

El secretario, además, ha hecho alusión a la «cultura del enfrentamiento» como una lectura de lo que está ocurriendo ante de dificultad de acuerdo: «Parece que lo que se busca es el enfrentamiento, afirmar cada uno lo propio», cuando para el prelado «no es momento para eso, sino para esta propuesta de bien común que necesita, cómo no, el acuerdo de las instituciones y la responsabilidad de los ciudadanos».

Aforo en las iglesias

Un desacuerdo entre Comunidades Autónomas y Gobierno central que supone una confusión respecto a la participación «del pueblo católico en la Eucaristía, algo esencial». Por eso, el secretario general ha destacado que, independientemente de las reglas que marcan las autoridades sanitarias que haya que cumplir, «lo que parece más adecuado sería aplicar un criterio de proporcionalidad». En un momento de excepcionalidad, «debemos contribuir a que la pandemia no se expanda. Por lo tanto, si hay que reducir por un tiempo el aforo a un tercio, nos parece que tiene que ser. Luego cada diócesis tendrá que responder a los criterios marcados por las Comunidades Autónomas, y en el caso de falta de acuerdo tendrán que ser los tribunales los que una vez más, resuelvan la situación».

División, también «en nuestro seno»

El secretario general de la CEE ha reconocido que «para la Iglesia también es una situación difícil». En un momento en que «debemos ser signo e instrumento de reconciliación» las tensiones ideológicas «en su propio seno, su propio interior» no pueden «mirar para otro lado cuando se ponen en juego en la plaza pública la dignidad de la vida humana o la libertad de enseñanza, o la suerte de los temporeros inmigrantes, o la situación de las residencias de mayores y de las familias más afectadas por la crisis». Ante estas situaciones, el portavoz ha interpelado a todos preguntando «cómo ser al mismo tiempo signo de reconciliación y de comunión. Cómo ser grupo que en medio de la plaza pública llama al acuerdo y a la concordia, y al mismo tiempo no llevar una mascarilla que nos impida decir, en el corazón o en la inteligencia, que nos permita salir al paso de lo que nos parecen situaciones en la que la dignidad, la libertad, la justicia social, están puestas en juego». Para el obispo, es «muy grave» que, sobre todo en la actual situación que reclama unidad, «se quiera hacer una enmienda a la totalidad de la Transición democrática, especialmente en lo que tuvo de concordia, reconciliación y mirada hacia delante».

Por eso, en nombre de los obispos, ha hecho un llamamiento al pueblo católico «y a todos los ciudadanos que quieran escucharnos», a ejercer con responsabilidad cívica «el cuidado mutuo, con el espíritu de generosidad, concordia y amistad civil que brotan de la fraternidad que profesamos al invocar a un Padre común».

El secretario general, ante una de las preguntas que insistían sobre este asunto, ha matizado que el problema es «la tensión entre la fe y la ideología». Argüello ha explicado que «las personas que somos creyentes además tenemos una mirada sobre la realidad» marcada  por planteamientos sobre la economía y la política, algo que «es legitimo», ya que Iglesia la forman personas «con perspectivas ideológicas diferentes». El problema, ha subrayado, «es cuando la fe se quiere poner al servicio de la ideología». Por eso, ha destacado que «la referencia de la que partimos debe estar iluminada por la fe y bajo los principios de la Doctrina Social de la Iglesia». Si no se inspiran en ello,«la ideología estará por delante del servicio y puede provocar en el interior de la propia vida cristiana una tensión que no nos hace nada bien». Por eso, no es que los obispos «sean blandos», es que «insistimos en la escucha, en la la reconciliación y en la búsqueda de comunión».

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