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Los obispos «preocupados sobremanera» ante las posibles enmiendas que amplíen la Ley de Eutanasia

La Ley de Eutanasia «en su primera redacción ya suponía para nosotros una gran preocupación», ha expresado el secretario de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, en la rueda de prensa final de la Comisión Permanente.

«Nos hemos pronunciado de forma reiterada. Incluso antes de la propia tramitación la CEE publicó  “La vida es un don, la eutanasia un fracaso” sobre lo relativo al final de la vida y la buena muerte», ha insistido el secretario.

Por so, ante las posibles enmiendas que amplíen las posibilidades de la ley o que abran el camino «a hacer del ejercicio del suicidio asistido un ejercicio de autodeterminación y que sea presentado como el culmen de la libertad del sujeto, es algo que nos preocupa sobremanera».

Más aún, ha querido matizar Argüello, si unimos este tipo de propuestas sobre la Ley de Eutanasia «sobre otras que tienen la misma mirada antropológica, la misma comprensión de la autodeterminación desvinculada de la pertenencia a un pueblo, a una red de relaciones y, sobre todo, el significado de la vida que es un don que acogemos». Respecto a ese don,  «al que en principio nadie tiene un derecho previo sino que recibimos», esas perspectivas de ampliación «no hacen más que agravar la calificación negativa que la propia Ley en sí nos merecía».

Informe sobre la Eutanasia y el Testamento vital

Estas declaraciones del secretario y portavoz de los obispos, se unen al trabajo de los miembros de la Comisión Permanente que durante la reunión celebrada los días 23 y 24 de enero han realizado junto a la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida. De hecho, esta Subcomisión ha presentado un informe sobre la Eutanasia y el Testamento Vital que se ha remitido a la Asamblea Plenaria.

Y es que la Iglesia española propone como alternativa la firma del testamento vital, un registro de las voluntades de la persona reconocido legalmente en España a partir del año 2002 con la Ley de Autonomía del Paciente. Todo ello, para «evitar el atropello a la dignidad y a la libertad de la persona incapacitada que trae consigo la ley de la eutanasia», tal y como explicó el presidente de la subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida, José Mazuelos Pérez, que abordó no solo en la importancia testamento vital sino en qué consiste, cómo hacerlo y dónde se debe registrar para que tenga valor jurídico.

¿Por qué un testamento vital?

Es la expresión escrita de la voluntad de un paciente sobre los tratamientos médicos que desea recibir, o no está dispuesto a aceptar, en la fase final de su vida. El testamento vital también especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia. Ante el avance de la medicina se hizo necesario e imprescindible el Consentimiento Informado, que consiste en la participación de forma activa en la toma de decisiones junto al médico sobre el tratamiento a seguir.

Sin embargo, hay situaciones en las que el enfermo no puede decidir sobre su propia salud por incapacidad debido a la propia enfermedad, accidente o vejez. Cuando se presentan estas dificultades, uno de los caminos para ayudar al personal sanitario es la consideración de la voluntad del paciente manifestada previamente a la pérdida de la capacidad de razonar. Es a esta voluntad anticipada a lo que se llama popularmente testamento vital.

¿Cómo hacerlo?

La persona que firme está declaración tiene que estar en plena posesión de las facultades mentales. La rubrica se hará ante la presencia de tres testigos o bien bajo la eventual intervención de un notario.

¿A quién hay que entregarlo? ¿Dónde se registra?

El testamento vital, reconocido legalmente en España a partir del año 2002 con la Ley de Autonomía del Paciente, una vez firmado se inscribe en un registro de voluntades vitales creado con este propósito en las distintas comunidades autónomas. Es importante tener en cuenta que las diferentes comunidades han regulado este documento con distintas denominaciones: testamento vital, voluntades anticipadas, instrucciones previas o manifestaciones anticipadas de voluntad. Por eso es conveniente que se consulte la regulación de la comunidad de residencia para asegurar que se cumplen todos los requisitos legalmente exigidos para inscribirse y asegurar su eficacia futura.  En cualquier caso, el testamento vital se puede modificar o revocar en cualquier momento.

¿Por qué es importante?

El testamento vital es esencial para dejar constancia, de forma anticipada, de nuestra voluntad de aceptar o rechazar determinados tratamientos médicos. De esta manera, se libera a los familiares del peso de tomar decisiones por el enfermo en situaciones tan difíciles.

También contempla nombrar a un representante legal en ma-teria de tratamientos médicos encargado de velar por su cumplimiento y de tomar decisiones en previsión de una eventualidad no contemplada en el testamento escrito. Además se especifica el derecho a una atención espiritual.

¿Es válido ante la eutanasia?

El testamento vital especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención cause la muerte).

La proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia recoge que no podrá aplicarse la eutanasia en caso de que la persona haya suscrito con anterioridad un documento con instrucciones, testamento vital, voluntades anticipadas o documentos equivalentes reconocidos legalmente.

Por eso es importante que se haga y se inscriba en el registro de voluntades vitales de la comunidad autónoma correspondiente para que tenga valor jurídico.

Es curioso que el testamento vital fuera reivindicado por algunas personas y asociaciones que abogaban por una mentalidad claramente eutanásica. Se pa¬trocinaba como vehículo para abrir caminos para considerar de forma absoluta la autonomía del paciente. Hoy, ante la posible aprobación de la ley de la eutanasia se hace necesario para evitar abusos de aplicación de la misma cuando no se puede manifestar el consentimiento informado.

¿Por qué anima la Conferencia Episcopal a que los fieles lo hagan?

Para evitar el atropello a la dignidad y a la libertad de la persona incapacitada que trae consigo la ley de la eutanasia.
Para ayudar a humanizar el proceso de muerte con una asistencia humana material y espiritual, estableciendo una línea que dé espacio a una verdadera alianza terapéutica entre el médico competente, los familiares y/o los eventuales representantes que no deberá ser trasgredida.

Con el testamento vital se especifica que no se quiere el encarnizamiento terapéutico o acciones terapéuticas sin esperanza, inútiles u obstinadas, ni la eutanasia entendida como toda medida adoptada para acelerar la muerte de modo directo o intencionado. De esta forma quedan garantizados los cuidados mínimos de sustento vital, como lo es la comida y la bebida en cualquier persona, mientras se considere razonable-mente útil, evitando toda forma de ensañamiento terapéutico.



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