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Los mártires, los pobres y la evangelización claman por la unidad de los cristianos – editorial Ecclesia

Oración unidad cristianos

Los mártires, los pobres y la evangelización claman por la unidad de los cristianos – editorial Ecclesia

La opción por las periferias existenciales, interreligiosas y humanas es, sin duda, una característica clave del ministerio apostólico de Francisco y también de sus viajes apostólicos. Del 5 al 7 de mayo ha completado su vigésima novena visita pastoral internacional. Y dos olvidados países del este europeo han sido su destino: Bulgaria, tan entrañablemente unida a la figura de san Juan XXIII, y Macedonia del Norte, el actual país natal de santa madre Teresa de Calcuta. En ambos países, la población católica es muy exigua —111.912 católicos en Bulgaria, del total de 7.300.000 habitantes; y 25.713 católicos en Macedonia, de un total de algo más de dos millones de personas— y los cristianos ortodoxos son la inmensa mayoría, cerca de los dos tercios de los habitantes de ambos Estados.

Objetivo prioritario, pues, de esta visita apostólica ha sido el acercamiento ecuménico, la intensificación y concreción de lazos y vínculos intercristianos de unidad, comunión y misión compartidas. Ciertamente, la Iglesia autocéfala ortodoxa búlgara no ha dispensado a Francisco la más cálida de las acogidas posibles… Sin embargo, y como el mismo Papa afirmó, haciendo suyas unas palabras de san Juan XXIII, «no he conocido nunca a un pesimista que haya terminado algo bueno». De modo que, por ello, «el Señor es el primero en no ser pesimista y continuamente está buscando abrir caminos de Resurrección para todos nosotros».

Hace ya casi 55 años, cuando el Vaticano II aprobó su emblemático decreto conciliar Unitatis redintegratio, el capítulo segundo del mismo delineó como caminos y medios prácticos para el ejercicio del ecumenismo la reforma de la Iglesia, la conversión del corazón, la oración unánime, el conocimiento mutuo de los hermanos, la formación ecumenista, la forma de expresar y de exponer la doctrina de la fe y la cooperación con los hermanos separados. Estas vías fueron, con el paso de los años, denominadas el ecumenismo de la santidad, en referencia a dos los primeros; el ecumenismo de la oración, siempre alma y motor de la unidad; el ecumenismo del encuentro y del Pueblo de Dios; el ecumenismo del diálogo y del estudio teológico; y el ecumenismo de la cooperación mutua.

A ellos, Francisco ha venido añadiendo el «ecumenismo de los mártires», recordando y poniendo en valor cómo los perseguidores de los cristianos no hacen distinción de credos particulares cuando atacan a los creyentes en Cristo y a sus lugares de oración, y cómo la sangre de los mártires es siempre semilla de unidad y de vida cristiana. Y en el Santo Sínodo patriarcal búlgaro volvió a repetirlo. Sin olvidar, además, que Bulgaria y Macedonia del Norte han sido dos de los países asolados en las últimas décadas por el totalitarismo comunista, bien de matriz rusa, bien de matriz serbia.

Y en su paciencia, perseverante y generosa siembra de unidad y de reconciliación, Francisco añadió asimismo otras dos vías ecuménicas de obligado recorrido; el servicio a los pobres y el testimonio misionero. Bulgaria tiene una renta per cápita de 7.924 dólares y Macedonia, 5.916 dólares (la de España asciende a 28.152.82 dólares). Bulgaria y Macedonia son igualmente países de fuerte emigración y que, a su vez, experimentan en sus territorios una notable contención de flujos de personas migrantes y de refugiados de Asia y del norte de África. ¿Servir y servir unidos todos los cristianos a los pobres no es ya una preciosa contribución y misión ecuménica, no es ya ecumenismo en acto?

Y dígase lo mismo del testimonio misionero en medio de dos naciones, a las que el marxismo pretendió robar, como ahora el secularismo, su alma religiosa y cristiana.

 

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