Los jóvenes en Venezuela llamados a ser profetas auténticos, profetas de esperanza
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Los jóvenes en Venezuela llamados a ser profetas auténticos, profetas de esperanza

Los jóvenes en Venezuela llamados a ser profetas auténticos, profetas de esperanza

Bajo el lema: “Somos profetas de la Esperanza para nuestra Venezuela” este 17 y 18 de febrero se ha dado inicio en Venezuela a la celebración de la Jornada Nacional de la Juventud.

Con este motivo el obispo Jesús González de Zárate Salas ha dirigido un mensaje a los jóvenes, animadores y asesores de la Pastoral Juvenil de este país que precisamente este año se encuentran en camino hacia el IV Encuentro Nacional de Jóvenes (ENAJó) Barcelona 2018.

El desarrollo de esta décima primera Jornada Nacional de la Juventud coincide con el tiempo de la Cuaresma, tiempo de conversión, ha destacado monseñor González, Obispo Auxiliar de Caracas y Secretario General de la Conferencia Episcopal Venezolana, en el mensaje que enseguida ofrecemos:

MENSAJE CON MOTIVO DE LA JORNADA NACIONAL DE LA JUVENTUD 2018

Queridos jóvenes, animadores y asesores:

Este fin de semana, – y en las semanas siguientes-, celebraremos en nuestros grupos y movimientos juveniles, en nuestras arqui/diócesis y vicariatos, la Jornada Nacional de la Juventud de Venezuela que, este año, tiene como lema: “Somos profetas de la esperanza para nuestra Venezuela”

Coincide la JNJ 2018 con el inicio del tiempo de Cuaresma, en el cual se nos invita a volvernos (convertirnos) a Dios de todo corazón (Cf. Joel 2, 14). Por eso quisiéramos compartir con ustedes algunas reflexiones, inspiradas en el lema propuesto y en el Mensaje que el Papa Francisco ha enviado con ocasión de este tiempo (ojalá que todos pudiéramos leerlo), en el que nos advierte que “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (Mt 24,12).

Se trata de una expresión fuerte y de mucha actualidad para nosotros. Hoy el egoísmo, la mentira, la injusticia y la violencia van ganando terreno, los problemas se multiplican y las oportunidades se cierran, y diera la impresión que el bien va perdiendo terreno. Ante esta realidad, pueden sentirse tentados a huir, esconderse o cruzarse de brazos.

Tal vez, muchos piensen que es el fin, que todo está acabado, que ya no hay lugar a la esperanza. ¡Hay tantas interrogantes sobre el futuro y tan pocas respuestas! La persecución y los enfrentamientos, de la que habla Mt en ese capítulo, son una experiencia cercana y posible. Se levantan muchas voces con pretensiones “mesiánicas y proféticas” para “interpretar” lo que nos sucede, en ocasiones con intenciones desviadas.

¡Que nadie nos engañe! Los que hemos recibido el regalo de la fe sabemos que Dios no está ausente de los acontecimientos que hoy vivimos. El prometió que estaría siempre con nosotros y Él es fiel (cf. 2 Cor 1,18)

El hecho que todavía muchas personas, – también los jóvenes-, se sigan encontrado con el Señor, y quieran vivir conforme al ideal evangélico de la verdad, la justicia, la libertad, la solidaridad y la paz; sean capaces de salir de la comodidad y de la indiferencia, apostando por el bien común de nuestro país en medio de esta oscura situación es un signo del amor de Dios, de vida y salvación que Jesucristo vino a anunciar y realizar. Es un signo de esperanza.

Pero debemos estar atentos, vigilantes. Como en los tiempos del Señor, en la actualidad, hay falsos profetas, “encantadores de serpientes” y “charlatanes”,- los llama el Papa -, que se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas ofreciendo soluciones inmediatas a los problemas. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan a las personas lo más valioso: su dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Pensemos, por ejemplo, en cuántos jóvenes se dejan fascinar por las lisonjas de la droga, el consumo de licor, una emoción fuerte, un proyecto ideológico, al que se le confunde con la felicidad, y terminan perdiéndolo todo.

Para ser profetas auténticos, profetas de esperanza, tenemos que aprender a discernir, a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para el bien, o aquellas que constituyen sólo una distracción o paliativo vano. Sólo así podremos seguir trabajando por un futuro de oportunidades para todos, por una sociedad inclusiva en que todos seamos corresponsables y co-participes del destino de nuestro país, y rescatemos la posibilidad de una convivencia democrática en paz y libertad, tal como nos lo exige nuestra fe cristiana.

En este sentido, el Papa Francisco, evocando una imagen muy usada por los profetas del AT, nos advierte sobre la necesidad de cambiar un corazón de piedra (frío, insensible, duro, indiferente), por uno lleno del fuego de la Pascua. Un profeta de esperanza es aquel que tiene un corazón sensible y receptivo a las llamadas de Dios y del prójimo.

Como nos lo propone el tiempo de Cuaresma, el remedio para un corazón, de piedra, lo podremos encontrar en la oración, la limosna y el ayuno. Ya que el dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. El ejercicio de la limosna, discreto y no por simple apariencia, nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano. Ojalá – dice el Papa – que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. El ayuno, alegre sin hipocresías, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable, nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Queridos jóvenes y asesores:
Somos profetas de esperanza para nuestra Venezuela. Si, al acercarnos a nuestro entorno social y político, percibimos que en muchos corazones crece la maldad y nos da la impresión que el amor se ha apagado, pensemos que en el corazón de Dios el amor no se apaga. No tengamos miedo, no nos cansemos de anunciar a otros esta Buena Noticia. Con valentía y esperanza, proclamemos junto a María, las maravillas del Señor.

En la noche de Pascua, a la que nos prepara este tiempo cuaresmal, encenderemos el cirio pascual. Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestros corazones y de nuestro espíritu, para que escuchando la Palabra del Señor y alimentándonos con la Eucaristía, como los discípulos en el camino de Emaús (cf. Lc 24, 13-25), nuestro corazón vuelva a arder de fe, esperanza y caridad, para el bien de Venezuela, de la Iglesia y de nuestra Pastoral Juvenil. Feliz JNJ 2018.

Fuente: Conferencia Episcopal Venezolana

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