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Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

El próximo mes de octubre tendrá lugar en el Vaticano el sínodo de los obispos. Por expreso deseo del Santo Padre, después de las oportunas consultas, se abordará el tema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Todos los cristianos hemos de permanecer muy atentos a los diálogos y conclusiones del sínodo para seguir avanzando en nuestra conversión personal y, de este modo, servir mejor a los jóvenes.

La lectura de los documentos preparatorios del sínodo y las aportaciones de los jóvenes a las preguntas planteadas por la Secretaría del mismo, nos permiten descubrir la preocupación de la Iglesia por examinar su acompañamiento a los jóvenes para que   puedan acoger a Jesucristo como plenitud de sentido para la vida humana. Pero, la Iglesia, para realizar este servicio pastoral, quiere escuchar la opinión de los jóvenes con la finalidad de encontrar las modalidades más eficaces para ofrecerles la Buena Noticia.

En nuestra diócesis tenemos que reconocer que, durante los últimos años, los responsables de la pastoral juvenil y vocacional, así como los sacerdotes y catequistas en las parroquias, han dedicado mucho tiempo y esfuerzos a la programación de encuentros de oración, marchas, campamentos y otras actividades para ayudar a los jóvenes a plantearse el sentido de su vida y para ponerlos en contacto con Jesucristo como la respuesta primera a las inquietudes más profundas del ser humano.

Los frutos humanos y espirituales de estos encuentros han sido muchos y cada participante podría ofrecernos el testimonio de lo vivido y celebrado en los mismos. No obstante, hemos de reconocer que, a pesar de los muchos esfuerzos, sacrificios y dedicación, resulta muy difícil la continuidad de los jóvenes en su formación cristiana y en el compromiso evangelizador desde las parroquias o movimientos.

Esto no tiene que desanimarnos ni llevarnos a bajar los brazos en la misión pues, como nos recuerda el Papa, los problemas están para superarlos con la ayuda del Espíritu Santo y con nuestra mirada amorosa a cada joven. Hemos de ser realistas al analizar la realidad, pero no hemos de perder nunca la alegría, la audacia y la entrega esperanzada a la misión que el Señor nos confía (EG 108).

En estos momentos, además de dar gracias a Dios por la obra bien hecha en el pasado, hemos de pedirle que ilumine con la claridad de su luz a los padres sinodales y a los jóvenes que participarán en el sínodo, para que puedan ofrecer a toda la Iglesia nuevos caminos para orientar la formación cristiana y el acompañamiento espiritual de las futuras generaciones.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

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