Carta del Obispo Iglesia en España

Los ídolos, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Los ídolos, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Los evangelistas nos dicen que los discípulos de Jesús no pueden ponerse en el camino del seguimiento desde una actitud de autosuficiencia. Por eso, Él les pedirá total disponibilidad y radicalidad en el seguimiento, pues no se puede servir a dos señores: a Dios y a las riquezas. El verdadero discípulo debe subordinarlo todo al seguimiento incondicional del Maestro.

Este radicalismo evangélico no hemos de verlo sólo como la exigencia que el Señor plantea a un grupo de personas selectas o esforzados seguidores. Las palabras de Jesús son claras y rotundas, son palabras que se dirigen a todos sus oyentes: “El que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 33).

En la vida todos deseamos ser libres. Con frecuencia, solemos decir que en nuestras decisiones y comportamientos no nos dejamos condicionar por nada ni por nadie. La experiencia, sin embargo, nos dice que en todos los momentos de la vida aparece un conjunto de “ídolos” que nos impiden ser verdaderamente libres.

El ser humano, al elegir aquello que pueda responder mejor a sus deseos y aspiraciones, busca un “dios” para vivir, algo que convierte en lo esencial de la vida, algo que llega a dominarle y se apodera de él. Esto quiere decir que, en vez de ser verdaderamente libre, vive esclavizado por algunos ídolos que, con el paso de los días, condicionarán su vida.

Estos ídolos suelen ser muy variados y responden a distintas necesidades. En unos casos, pueden formar parte de esa constelación de ídolos el poder, el éxito o el dinero. En otros momentos de la vida, puede ser el sexo, la comodidad o la búsqueda del prestigio y de reconocimiento social. Cada uno, si se para a pensar un instante, puede ponerle nombre y apellidos a ese “diosecillo”, al que le presta adoración y le rinde culto, aunque no pueda salvarle ni proporcionarle la verdadera felicidad.

Cuando actuamos desde nuestros gustos y caprichos, prescindiendo de Dios, olvidando las enseñanzas de la Iglesia y cerrando el corazón a las necesidades de nuestros semejantes, tendríamos que preguntarnos qué ídolo es el que nos domina, nos esclaviza y nos exige obediencia.

Jesús, desde el amor incondicional a cada uno y desde la invitación al radicalismo evangélico, nos recuerda que sólo hay un camino para ser verdaderamente libres. Este camino pueden descubrirlo y recorrerlo quienes se atreven a seguirle a Él sin poner condiciones, abriendo la mente y el corazón al querer del Padre y poniendo los medios para lo construcción de un mundo justo y habitable para todos.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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