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Los escolapios: «La verdadera escuela prepara a sus alumnos para un mundo que todavía no existe»

El padre general de los escolapios, Pedro Aguado, habló sobre la identidad de la enseñanza: «Sabemos que la verdadera escuela es la que prepara a sus alumnos para saber vivir en un mundo que todavía no existe, pero les capacita para poder crearlo y transformarlo». Esas fueron algunas de sus palabras en el marco del encuentro internacional que mantuvieron las Escuelas Pías con el objetivo de trabajar sobre las propuestas del Papa Francisco para el pacto global educativo.

Aguado destacó la necesidad de «luchar por nuestras escuelas» en este contexto de pandemia. «Las cosas no están fáciles –explicó– sobre todo en algunos contextos que han sufrido y están padeciendo especialmente la pandemia, como nuestras provincias americanas».

El superior general de los escolapios habló de que la verdadera innovación «solo se puede hacer partiendo de la identidad propia e irrenunciable de lo que somos y determinando, con certero discernimiento, cuáles son los vectores esenciales desde los que queremos innovar nuestra escuela». Aguado destacó también el trabajo con esmero y la aportación evangelizadora de las Escuelas Pías: «No hay ninguna aportación mejor en nuestro mundo, ansioso de horizontes de esperanza y de respuesta, que es Cristo».

Experiencias que responden a la llamada

Durante la reunión, retransmitida en 4 idiomas, se presentaron cuatro experiencias educativas escolapias de diferentes continentes que responden, como señaló el padre Andrés Valencia, coordinador del encuentro, «a diferentes maneras de responder a la llamada del Papa Francisco para educar para la solidaridad, poniendo en el centro a la persona”» Las experiencias compartidas pusieron de manifiesto que la realidad es una llamada «que interpela y genera dinamismos para lo que debemos estar atentos para discernir el rumbo de las obras». Desde los barrios marginales de Medellín o Buenos Aires hasta las escuelas de Barcelona o Senegal, el deseo común de servir a los pequeños siguiendo las huellas de Calasanz permiten impulsar estas experiencias de misión compartida y potenciar el fortalecimiento de comunidades escolapias que educan para un mundo mejor, para un cambio social, para una sociedad diferente. Experiencias educativas audaces que encarnan el carisma de Calasanz, fundador de las escuelas populares cristianas hace más de 400 años.

En esta dinámica, aportaciones como el Sínodo escolapio de los jóvenes, el Movimiento Calasanz o la Oración continúan como «alma de la escuela», constituyen «tesoros calasancios» que ayudan a impulsar y consolidar una cultura del encuentro y una educación comprometida en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Para el padre general, los escolapios se sienten  convocados a esta propuesta del Papa Francisco, «un reto iniciado proféticamente por Calasanz, y en el que hoy podemos y debemos seguir dando lo mejor de nosotros mismos».

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