Carta del Obispo Iglesia en España

Los contemplativos. Orantes y misioneros, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

Los contemplativos. Orantes y misioneros, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

 El domingo, 16 de junio, Solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia española celebra la Jornada de la Vida Contemplativa. Cada día del año, pero especialmente en esta jornada, hemos de dar gracias a Dios por el testimonio orante y misionero de aquellos hermanos y hermanas que, desde el silencio, la oración y el trabajo diario en sus monasterios, no cesan de contemplar el rostro de Dios para irradiar su amor y su paz a todos los hombres.

El lema elegido para la celebración de este año –“La vida contemplativa. Corazón orante y misionero”– es una invitación a valorar especialmente la ingente labor misionera que los contemplativos llevan a cabo mediante la oración, el sacrificio y la entrega incondicional de sus vidas al Esposo. En comunión con toda la Iglesia, especialmente con los hermanos que más sufren o no saben orar, los monjes y monjas presentan cada día ante el Señor sus necesidades, sufrimientos y esperanzas.

El papa Francisco, al definir a los contemplativos, afirma con profundo afecto que son como “los faros en el mar”. Con su testimonio de amor incondicional a Dios nos indican la ruta segura para llegar al puerto. Cuando nos perdemos o nos distraemos del camino por las oscuridades y las dificultades de la existencia, la oración de los contemplativos nos da seguridad y nos ofrece luz para que nunca perdamos de vista la meta de la vocación a la que el Señor nos llama cada día.

En ocasiones, todos corremos el riesgo de centrar demasiado la atención en los muchos compromisos y responsabilidades de la vida ordinaria, olvidando la meta de la existencia y el camino a recorrer para alcanzarla. Para que no caigamos en el activismo y en la rutina, que nos impiden llegar a la meta, los contemplativos no sólo nos acompañan con su oración sino que nos gritan con su testimonio que estamos de paso por este mundo y que no tenemos aquí morada definitiva.

El testimonio de entrega a Dios de monjes y monjas de clausura nos asegura que, en medio de los agobios, las tensiones y los problemas, podemos dirigir nuestra mirada y nuestra oración a Aquel que siempre nos regala su paz y su luz para recorrer el camino. Con su estilo de vida, sin demasiadas palabras, los contemplativos nos dicen que se han encontrado con el Señor y que la comunión de amor con Él les hace felices.

Si en todo momento hemos de dar gracias a Dios por el regalo de la vida monástica para la Iglesia, en esta Jornada debemos pedirle especialmente por quienes oran cada día por nosotros. Que el Dueño de la mies suscite nuevas vocaciones en su Iglesia que, desde la confianza en las promesas divinas, no duden en entregarle sus vidas para experimentar el gozo del encuentro diario en la contemplación, el trabajo y el silencio del claustro.

Con mi sincero afecto y estima, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

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