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Los 76 años de vida consagrada de sor Assumpció de María

Estos días celebraban con gozo en el monasterio de san Bartolomé, en la ciudad mallorquina de Inca, los 76 años de profesión de sor Assumpció de Maria.

La Agència Balèria nos cuenta su historia.

De nombre Josefa Fiol Oliver, nació en la barriada de los Hostalets de Palma, el día 17 de marzo del año 1923, por tanto, tiene en estos momentos 98 años, se encuentra bien de salud. Entró en la vida monástica a los 20 años de edad, en el año 1943, un año después hizo el noviciado y en el año 1945, a los 22 años, los primeros votos y desde entonces vive en Inca. Son 76 años de vida como consagrada en la Orden de san Jerónimo.

La Comunidad actual de las monjas Jerónimas de Inca está compuesta por sor Maria del Santíssim Sagrament Ballester, la última monja de clausura de Inca; sor María Dolores Gualda, que vino hace unos años desde el monasterio de Santa Elisabet de Palma; la Madre Priora, sor Teresa Escartín, de Navarra, que hace muchos años es la Priora y cuida a sus hermanas ya mayores y delicadas de salud y sor Assumpció de Maria Fiol, de los Hostalets de Palma.

Ellas siguen los pasos de la Venerable Sor Clara Andreu (1596-1628), como tantas otras monjas que han estado en el monasterio de Inca. Sor Clara, que se santificó en este lugar y murió muy joven en fama de santidad que aún perdura hoy. Son bien conscientes de la situación actual y viven el día a día con tranquilidad. No las inquieta demasiado su futuro, «estaremos en Inca hasta que Dios quiera», dice la Madre Priora.

Está contenta de la decisión que tomó en su día, en ningún momento se ha arrepentido de haber entrado de monja en San Bartolomé, desde que lo conoció y le gustó mucho el lugar. Ha cumplido más de 75 años de vida religiosa y ha sido una mujer sencilla y trabajadora. Ha trabajado en la cocina del monasterio, en el huerto, que tenían que cuidar para el alimento de las monjas, cerca de 30. También cuidaba a los animales que tenían: conejos, gallinas, etc. También ayudaba en la enfermería y donde necesitaban una mano, ella siempre estaba dispuesta para dar una mano y ayudar a sus hermanas.

El año pasado, con motivo de sus 75 años como monja de clausura, recibió una bendición del Papa Francisco, que la llenó de gozo y alegría.

Ahora pasa muchas horas del día rezando por la ciudad de Inca que tanto ama, acompañada de sor Maria del Santíssim. La Priora dice que, cuando han terminado las tareas de la Misa y el desayuno, ellas dos quedan serenas en la presencia del Señor en oración.



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