Carta del Obispo

A los 50 días

pentecostes

La fiesta de Pentecostés es aniversario de la venida del Espíritu Santo a los 50 días de la Pascua de resurrección. Los Obispos españoles hemos enviado el mensaje de Pentecostés: “El Espíritu Santo es el verdadero protagonista de la Solemnidad de Pentecostés. Su presencia y acción sobre cada uno de nosotros es decisiva para la vida de la Iglesia. Jesús había prometido a sus discípulos la venida del Espíritu Santo y en Pentecostés se cumple su promesa. A partir de ese momento ya nada fue como antes. Aquellos que habían acompañado a Jesús se convierten a partir desde entonces en verdaderos apóstoles, audaces testigos de la Palabra y de la Resurrección de Jesús”.

La fe comenzó a difundirse e irradiarse a través de hombres y mujeres que actuaban bajo la acción del Espíritu Santo. No puede comprenderse, por lo tanto, la transmisión de la fe cristiana sin esta acción directa del Espíritu de Dios desde el comienzo de la vida de la Iglesia. El Espíritu Santo no solo nos acompaña y anima a ser verdaderos testigos de Jesucristo, sino que nos ayuda a comprender todo lo que el Señor nos quiere transmitir.

Esta misión de ser testigos del Evangelio en el mundo, confiada por el Señor a todos los bautizados, incumbe de modo especial a los fieles laicos. Ellos viven en el “corazón del mundo”, es decir, están implicados en todas y cada una de las actividades del mundo y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social. Ahí es donde Dios les llama, les manifiesta su designio y les comunica la particular vocación de buscar el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios.

Los cristianos, que quieren seguir a Cristo como único Señor de sus vidas, deben tomar conciencia de que, con su presencia y actuación en la vida pública hacen presente a la Iglesia en el mundo y colaboran eficazmente con su compromiso evangélico a la animación y transformación de la sociedad según el espíritu del Evangelio, puesto que la fe que profesan no es algo privado, sino que es constitutiva y esencialmente pública y, por consiguiente, tiene implicaciones políticas.

Como consecuencia de la inserción en Cristo, en virtud del sacramento del bautismo, y de la incorporación a la Iglesia, esta presencia evangelizadora de los laicos en la Iglesia y en el mundo no es nunca algo facultativo, sino un deber gozoso y una responsabilidad gloriosa, que cada uno debe asumir como respuesta generosa a la llamada de Dios. Es siempre el Señor, el que llama a todos los bautizados y el que os envía en misión, fortalecidos con el don del Espíritu Santo, para ser sus testigos hasta los confines de la tierra. Precisamente por esto, sabemos que en la actividad deberá respetar este derecho fundamental de la libertad de la conciencia y garantizar su ejercicio.

Es nuestro deber hablar con claridad cuando en España se pretende liberar un retroceso en el camino de la civilización con una disposición legal sin precedentes y gravemente lesiva de derechos fundamentales del matrimonio y de la familia, de los jóvenes y de los educadores. Oponerse a disposiciones inmorales, contrarias a la razón, no es ir en contra de nadie, sino a favor del amor a la verdad y del bien de cada persona.

Es el Espíritu Santo el que actúa en la misión de la Iglesia, descubriéndole campos nuevos de acción, tareas nuevas, e impulsándola a tomar iniciativas nuevas, fecundando siempre su acción. Por eso debe estar atenta a los signos de los tiempos, que llevando siempre una iniciativa divina, hay que saberla discernir con perspicacia y con docilidad, magnanimidad y humildad y sin pusilanimidad.

Siempre que se confiesa a Cristo en el mundo, se hace presente el Espíritu, y cuando se va construyéndola comunidad y ésta va creciendo, allí está el Espíritu dando dinamismo y siendo la fuente del crecimiento.

 

+ Ángel Rubio Castro

                                                           Obispo de Segovia

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