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Lo que podemos hacer por la unidad de los cristianos: caminar, rezar y trabajar juntos

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Lo que podemos hacer por la unidad de los cristianos: caminar, rezar y trabajar juntos

Ya en el final de su segunda intervención en Ginebra, en la sede del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), el jueves 21 de junio, Francisco se preguntó y preguntó: «¿Qué podemos hacer juntos?». «Caminar, rezar y trabajar juntos», respondió en alusión expresa al lema de esta visita papal (ver página 28).

¿Qué es el caminar ecuménico? Es salir de nosotros mismos y de nuestras seguridades y comodidades y buscar conjuntamente la meta del bien, de la verdad y de la unidad. Caminar es elegir, optar y también renunciar. Caminar precisa disciplina, esfuerzo, paciencia, entrenamiento constante. «Caminar –son palabras textuales del primer discurso de Francisco en Ginebra- requiere la humildad de volver sobre los propios pasos, cuando es necesario, y la preocupación por los compañeros de viaje, porque únicamente juntos se camina bien. Caminar, en definitiva, exige una continua conversión de uno mismo».

Para ello, en este camino necesitamos de la gracia de Dios, de la oración y de la fuerza del Espíritu.  Y si la unidad es el fin, la meta, la oración es el medio, es el alma del movimiento ecuménico. La oración es «el oxígeno del ecumenismo. Sin oración la comunión se queda sin oxígeno y no avanza, porque impedimos al viento del Espíritu empujarla hacia adelante».

Además, «caminar según el Espíritu es rechazar la mundanidad. Es elegir la lógica del servicio y avanzar en el perdón». Pero para el Papa este camino, alentado y guiado por la oración, «pasa por una continua conversión y la renovación de nuestra mentalidad para que se haga semejante a la del Espíritu Santo». Y es que, en efecto, «a lo largo de la historia, las divisiones entre cristianos se han producido con frecuencia porque fundamentalmente se introducía una mentalidad mundana en la vida de las comunidades».

Una tentación de mundanidad que el camino ecuménico necesita superar es la también la de pragmatismo, el mercantilismo y sus derivadas de rentabilidad y utilidad, incluso pastoral. «No tengamos miedo a trabajar sin provecho. El ecumenismo es “una gran empresa con pérdidas”. Pero se trata de pérdida evangélica, según el camino trazado por Jesús: “El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará”» (Lc 9,24). Palabras estas de Francisco, que pronunciadas en Ginebra, una de las principales capitales financieras del mundo, adquieren todavía una mayor resonancia.

El camino ecuménico hacia la unidad es igualmente trabajar juntos. ¿Y en qué? Evidentemente que hay que seguir reforzando los foros de diálogo teológico –Francisco aludió en su segundo discurso en Ginebra a varios de ellos como Comisión Fe y Constitución, la Comisión para la Misión y la Evangelización y otras tantas iniciativas-  y explorar todas las posibles vías canónicas. Pero un trabajo ecuménico imprescindible es la evangelización. Escuchemos, de nuevo, al Papa: «Tenemos necesidad de un nuevo impulso evangelizador. Estamos llamados a ser un pueblo que vive y comparte la alegría del Evangelio, que alaba al Señor y sirve a los hermanos, con un espíritu que arde por el deseo de abrir horizontes de bondad y de belleza insospechados para quien no ha tenido aún la gracia de conocer verdaderamente a Jesús».

Es más, añadió Francisco, «estoy convencido de que, si aumenta la fuerza misionera, crecerá también la unidad entre nosotros. Así como en los orígenes el anuncio marcó la primavera de la Iglesia, la evangelización marcará el florecimiento de una nueva primavera ecuménica. Como en los orígenes, estrechémonos en comunión en torno al Maestro, no sin antes arrepentirnos de nuestras continuas vacilaciones y digámosle, con Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”» (Jn 6,68).

Trabajo conjunto de todos los cristianos –signo de ecumenismo y siembra de unidad- es servir a la justicia social, al cuidado de la creación y a la paz.  «La credibilidad del Evangelio se ve afectada por el modo cómo los cristianos responden al clamor de todos aquellos que son injustamente víctimas del trágico aumento de una exclusión que, generando pobreza, fomenta los conflictos».

Y trabajar ecuménicamente es también «mirar a tantos hermanos nuestros que en diversas partes del mundo, especialmente en Oriente Medio, sufren porque son cristianos. Estemos cerca de ellos. Y recordemos que nuestro camino ecuménico está precedido y acompañado por un ecumenismo ya realizado, el ecumenismo de la sangre, que nos exhorta a seguir adelante».

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