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Lo que dijo el Papa sobre el diaconado femenino y su alcance – editorial ECCLESIA

Lo que dijo el Papa sobre el diaconado femenino y su alcance – editorial ECCLESIA

         En la página 33 de hoy, ecclesia ofrece la crónica precisa de lo acontecido el jueves 12 de mayo durante un encuentro de Francisco con la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG). La modalidad del encuentro fue un diálogo con preguntas de las religiosas y respuestas del Papa

Ya en la primera pregunta, Francisco fue cuestionado sobre cómo mejorar la integración de las mujeres en la Iglesia, con una pregunta concreta sobre la posibilidad de que las mujeres predicasen en la eucaristía. El Papa dejó claro que sí es posible la predicación de una religiosa o de una laica en las liturgias de la palabra, pero no en las misas en razón del orden sacerdotal ya que el ministro sagrado y ordenado representa a Jesucristo. Y a continuación, reclamó avanzar en la incorporación de la mujer en la toma de decisiones, abogando por hacer más efectiva su presencia en organismos como los consejos pastorales y los consejos de economía de las parroquias.

Pero fue en la segunda pregunta cuando el tema del diaconado para las mujeres apareció expresamente. Francisco –y emplearemos las mismas palabras usadas por el portavoz Lombardi- no manifestó su intención «de introducir una ordenación diaconal de las mujeres». «El Papa  -añadió- dice que piensa constituir una comisión que recoja estas cuestiones para verlas con mayor claridad. Pero hay que ser honestos: el Papa no ha dicho que tenga intención de introducir una ordenación diaconal de las mujeres, y, mucho menos, ha hablado de ordenación sacerdotal». Es más, Lombardi recordó la primera respuesta, ya glosada en estas líneas, acerca de la predicación en la celebración eucarística y la imposibilidad de que esta sea realizada por un no ministro ordenado.

Francisco reconoció que el tema del diaconado de las mujeres en la cristiandad primera siempre le ha interesado y evocó pasadas conversaciones suyas con un teólogo sirio sobre los singulares servicios que prestaban las llamadas diaconisas. “Pero –se preguntó ante las religiosas-, ¿estaban ordenadas o no?”. Y concluyó sus reflexiones con esta afirmación:” Me gustaría establecer una comisión oficial que estudiara el tema y creo que será bueno para la Iglesia aclarar este punto. Estoy de acuerdo, y voy a hablar para hacer algo de este tipo”.

Lo que ocurrió después es de todos conocidos…Y en medio de la confusión, la precipitación y el sensacionalismo, al día siguiente, la Santa Sede ofreció el texto completo de las palabras del Papa y de las preguntas de las religiosas, y tanto el arzobispo sustituto de la Secretaría de Estado como Lombardi emitieron sendas aclaraciones.

En 2002, la Comisión Teológica Internacional publicó ya un extenso y exhaustivo estudio, titulado “El diaconado: evolución y perspectivas”. En él también se aborda la cuestión de las diaconisas (sobre todo, en el apartado cuarto de su segundo capítulo). Entre sus conclusiones, podemos leer textualmente: “Parece claro que este ministerio no fue considerado como el simple equivalente femenino del diaconado masculino. Se trata, al menos, sin embargo, de una verdadera función eclesial ejercida por mujeres… ¿Era este ministerio conferido por una imposición de manos comparable a aquella, por la que eran conferidos el episcopado, el presbiterado y el diaconado masculino?… ¿La imposición de manos sobre las diaconisas debe asimilarse a la hecha sobre los diáconos, o se encuentra más bien en la línea de la imposición de manos hecha sobre el subdiácono y el lector?… Es difícil zanjar la cuestión”. Entre los firmantes del texto, se hallaron los ahora cardenales Müller, Tagle, Eijk y Bruguès, el arzobispo Ladaria y el también teólogo español Santiago del Cura.

¿Cómo releer este documento de 2002 a la luz, catorce años después, de lo dicho ahora por el Papa? Muy sencillo y convergente: “Será bueno para la Iglesia aclarar este punto”.  Y hacerlo –añadimos nosotros con nuevas palabras de Francisco, también del 12 de mayo-  evitando caer en dos tentaciones: el feminismo y el clericalismo.

Y es que de lo que trata es de dar voz y participación cada vez más activa y en todos los niveles a los derechos de las mujeres dentro de la Iglesia, no de clericalizarlas, y de hacerlo desde la sinodalidad, la eclesialidad, la identidad y la verdad, y no desde un supuesto reparto de cuotas y roles de poder y de presencia. Y, por supuesto, menos aún, desde la presión, del signo e intencionalidad que sean.

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