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Líbranos de la tentación

Gracias a Ricardo Franco

Un mundo superficial, materialista e hipersexualizado como el nuestro, confunde fácilmente las tentaciones del ser humano. Le da carta de gigantes a cosas que a veces no son sino molinos.

Y, ojo, que caerse de un cuarto no es baladí ni moco de pavo, pero uno puede recuperarse y contarlo si sabe curarse y se deja en manos de buenos médicos, pero caer de la cima de un rascacielos tiene poca posibilidad de salir con bien.

Pues -valga la imagen lo que valga- con eso de la tentación que azota al mundo de hoy sucede algo parecido. Parece que muchos estímulos encontramos que puedan hacernos perder el camino, pero no todos tienen la misma fuerza. No todo canto es de sirena, ni todo sendero paralelo nos aleja del principal.

Pero hay algunos que sí. Y tanto que sí.

Y no hay que subestimarlos, porque normalmente no son aquellos que a primera vista nos saltan a la vista como peligro. Pero lo son. ¡Y tanto que lo son! El tono de su canto comienza suave y nada amenazante. No tienen formas aparentemente peligrosas, pero esconden facas relucientes que se clavan en espaldas y corazones desprevenidos. Como las del flamenco más duro.

¿Cuáles son esas tentaciones tan severas? ¿Cómo distinguirlas de esas otras que aunque duelan no son amenazas para vivir con bien nuestro día a día?

Me parece que hay una buena medida, una norma, una vara que puede ayudar: todo lo que nos hace duros con el dolor de otros, todo lo que petrifica nuestra compasión, todo lo que hace que consideramos al que pena como culpable, todo lo que no nos deja captar el sufrimiento de los demás, es realmente un peligro para el camino de ser cada vez más humano.

Y es que todo esto de Ceuta tiene sus lecturas políticas, cómo obviarlas. Pero hacer lecturas -de fotografías que hablan de humanidad y compasión por ejemplo- en clave deshumanizadora deslegitima el discurso racional, desarma las razones y da alas al enemigo verdadero. No se solucionan los problemas echando gasolina al fuego. No se debe confundir la radicalidad -de raíz, de origen, de ir al verdadero meollo del problema- con la soflama populachera que enciende la irracionalidad que acaba haciendo pasar por culpable a quien no es mas que otra víctima.

Vicente Niño Orti, OP. @vicenior



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