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¿Libertad o libertinaje?

Imagen de las "celebraciones" en Madrid. Foto: Luis de Vega (El País)

Hace unos meses, en este mismo blog, aposté por salir reforzados de esta crisis, con una redefinición de nuestra escala de valores. No contaba con que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y hasta tres y cuatro veces.

Los acontecimientos de este fin de semana no merecen calificativo alguno. Sin embargo, sí merece la pena poner sobre la mesa al menos dos reflexiones. La primera, me la hacía yo misma nada más levantarme el domingo y echar un vistazo en twitter a los botellones desenfrenados en ciudades como Madrid o Salamanca. Puede parecer (y así lo pensé en un primer instante) que muchos de nosotros hayamos ya dado el salto a otra generación y no comprendamos la psicología juvenil y las ganas de juerga que nosotros también tuvimos en su momento. O tenemos todavía. No obstante, creo que no se trata de un problema de edad o de falta de madurez, sino de interpretación hedonista y egoísta de la vida, muy del estilo de la sociedad de consumo e individualista en la que nos movemos.  Gente que “pasa de todo”, que le da igual todo con tal de recuperar las juergas de los fines de semana. Si el ser humano necesita un Estado de Alarma o un toque de queda para que se dé cuenta de que este virus mata, es que algo está fallando en la humanidad.

Curioso que estas imágenes se produjeran en el día en el que celebrábamos la Pascua del Enfermo. Me entró una punzada al leer el lema de este año. Cuidémonos mutuamente. ¿De verdad nos cuidamos, unos a otros? ¿O sólo buscamos nuestro propio bienestar? Gritar aquello de «hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual», sabiendo que el resultado son decenas de miles de muertos, denota una falta no sólo de empatía, sino de sentido común y respeto cívico lacerante. Con casi 80 mil fallecidos, familias destrozadas, vidas rotas, de verdad explicadme, ¿exactamente qué celebrabais?

Y no, no me sirve como atenuante el hecho de que nos hayan tenido encerrados durante meses. Gritáis libertad cuando queréis decir libertinaje. Buscáis la fiesta y vuestro propio bienestar cuando siguen muriendo personas por no ser capaces de seguir un mínimo de disciplina. Salís a divertiros como si no hubiera un mañana, pero el mañana llega pronto, y con él la comida del domingo con los abuelos, a quienes seguro que daréis un beso porque ya se puede. Eso no es disfrutar, eso no es vivir. Es, simplemente, un carpe diem egocéntrico e irresponsable.

Por otro lado, quizá es el momento de que nos empecemos a plantear cómo se ha normalizado el consumo de alcohol en este país hasta el punto de que, sin él, no existe celebración alguna. Y, evidentemente, cuando van cayendo las copas, la mascarilla pasa a ser un posavasos o un tirachinas.

Hoy escuché en la radio a un virólogo que aseguraba que estos comportamientos incívicos son sólo de una minoría. Muy ruidosa, sí. pero una minoría que sólo sabe ver su propio ombligo. Quiero pensar que somos muchos más los que seguimos no sólo protegiéndonos, sino protegiendo a los demás. Así, y sólo así, es como saldremos mejores de esta crisis. Es hora de cuidarnos mutuamente.



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