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Liberados los últimos religiosos secuestrados en Haití

Tras días de zozobra y angustia, los religiosos raptados el pasado 11 de abril en Puerto Príncipe, han sido puestos en libertad, tal y cono han informado desde la Sociedad de Sacerdotes de Saint-Jacques a la que pertenecen algunos de ellos. «Están en buen estado de salud».

La familia religiosa del país haitiano han agradecido a  las autoridades locales y a los embajadores de Francia y Estados Unidos por su trabajo coordinado y esfuerzo dedicado para resolver esta situación.  «Nuestras primeras palabras van dirigidas a nuestros hermanos y hermanas liberados, para transmitirles nuestra alegría y nuestra gran satisfacción por encontrarlos sanos y salvos». Además, «nos habita un sentimiento de inmensa gratitud a Dios y a todas las personas e instituciones que intervinieron» para llegar a la liberación «de nuestros hermanos y amigos, por los que luchamos en cuerpo y alma».

Los liberados, tres de ellos la semana pasada y otros cuatro en este mismo viernes, se detuvieron en Croix-des-Bouquets, cerca de la capital  de camino a la parroquia de Galette Chambon, en Ganthier, para participar en la toma de posesión como párroco del padre Jean Arnel Joseph, formado por cinco sacerdotes católicos, dos religiosas y tres laicos. Se había exigido un rescate de un millón de dólares por ellos.

Una inseguridad que no cesa y que oprime a la sociedad haitiana

Este secuestro masivo ha puesto de manifiesto lo que las organizaciones que trabajan sobre el terreno llevan alertando desde hace años y es la grave inseguridad en la que vive Haití, un país que tras el terremoto de hace 11 años no ha vivido un momento de tregua, al haber sido duramente golpeado por la crisis política, económica, social, la violencia callejera y ahora el parón del comercio internacional como consecuencia de la pandemia.

En un comunicado firmado hace unas semanas por el arzobispo de Puerto Príncipe, Max Leroy Mésidor, denunciaba «el descenso a los infiernos» de la sociedad haitiana y la necesidad de visibilizar, por parte de todos los agentes que luchan por el bien común, la realidad del país caribeño, que sigue en los primeros puestos en índice de pobreza y falta de desarrollo en materias tan elementales como la salud o la educación.



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