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Legitimidad de una escuela pública confesional

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Por Ángel Gutiérrez Sanz, Catedrático de Filosofía, autor del libro “La Educación en su Dimensión Humana” (Edt. Fundación Universitaria Española)

A la espera de que el borrador de la Mejora de Calidad Educativa se convierta en realidad, cabe adivinar ya, las intenciones del Sr. Wert. Se ve que algo quiere cambiar nuestro ministro de Educación; pero sustancialmente el sistema educativo español seguirá como hasta ahora.

Lo malo del caso es que por enésima vez y son muchas ya , se vuelve a caer en los mismos errores de planteamiento. Ya no es sólo que los niveles de instrucción van a seguir siendo bajísimos, como han puesto de manifiesto las recientes pruebas PIRLS, sino que se sigue sin tener en cuenta la opinión de los padres en todo aquello que a se refiere a la formación de la persona y ya se sabe que un sistema educativo que no sintonice con la familia, está avocado al fracaso, ya que no puede ser, que escuela y familia vayan cada cual por su lado.

Los políticos que emprenden una reforma han de saber que la escuela es de la sociedad, no del Estado y que la misión de éste, es meramente subsidiaria, siendo los padres los poseedores legítimos del derecho a la educación, ellos y no otros son los que tienen que decidir cómo ha de se la educación que van a recibir sus hijos. Así lo reconoce la Carta de los Derechos Humanos y en consonancia con la misma la Constitución Española en su artículo 27. ¿ o no?

Decir que el sistema educativo ha de estar presidido por una sana antropología resulta ser una obviedad que de vez en cuando conviene recordar a los políticos. Los valores cívicos y constitucionales no lo son todo. Cuando educamos hay que hacerlo teniendo en cuenta al hombre entero en toda su integridad. Cualquier reforma educativa que se haga hoy en España debiera tener esto muy presente. No podemos contentarnos con profesionales competentes y ciudadanos respetables, hay que enseñar también a ser personas integras y esto no se consigue simplemente con cambiar la asignatura de Educación de la ciudadanía por la de Educación Cívica y Constitucional , para de esta forma seguir adoctrinando al ciudadano en los valores característicos del sistema político vigente. Esto, en el orden práctico, significa olvidarse de la esencialidad del ser humano y dejar desasistida a la persona en sus aspiraciones más profundas. Más allá de las provisionalidades del sistema político vigente, sea el que sea, hay que tener en cuenta esa Antropología avalada por la mejor tradición pedagógica, que apunta a lo intemporal y situa al ser humano en un plano superior, desde donde se pueden vislumbrar horizontes de trascendencia.

Los diferentes planes de educación habidos en España durante los últimos años, deberían haber tenido en cuenta las aspiraciones de las familias que mayoritariamente se han manifestado una y otra vez a favor de una formación religiosa. Así lo exige una educación libre. Yo comprendo que a los ciudadanos no creyentes, en razón de la libertad religiosa, se les dé la opción de tener una educación laica ; pero por la misma razón a los ciudadanos creyentes se les debería dar también una opción a una educación confesional, porque tienen todo el derecho a ello; aunque decir esto levanta ampollas en algunos sectores de nuestra sociedad y cuando digo esto no me estoy refiriendo a que se les permita tener a la semana, una o dos horas de clase de religión ; pues los profesores que conocemos lo que se guisa por dentro, sabemos que ello significa muy poco, dada la atmósfera general que se respira en los centros, por ello yo no me voy a centrar en el tratamiento que a esta asignatura le da el Sr. Wert en su anteproyecto reformista, a todas luces mejorable. Yo quiero ir más lejos, voy a llevar la cuestión a otro plano y lo voy a hacer con la autoridad que me confiere el haber estado trabajando en la escuela toda mi vida, hasta mi jubilación, también por haber leído y escrito mucho sobre educación. Supongo que tengo derecho a expresar mi opinión al igual que lo hacen los demás

En estas últimas décadas, se ha venido manejando un sofisma generalizado que consiste en identificar escuela laica con escuela neutra y esto es una engañifa. La gente debe saber que la escuela laica, la única posible en nuestro sistema publico de enseñanza, es monolítica, discriminativa y excluyente: En los centros educativos, a unos se les permite la blasfemia en sus múltiples manifestaciones y a otros se les prohíbe exteriorizar sus sentimientos religiosos ¿Es esto neutralidad? En materia de educación, el trato que están recibiendo las familias católicas, es diferente al que reciben las familias laicas. Aquella no tienen la escuela que quieren tener , éstas sí.
¿ Por qué las familias católicas que son mayoría en España, no pueden llevar a sus hijos a una escuela pública confesional, de acuerdo con sus convicciones, como sucede en otros países?. ¿ No sería más justo que en una sociedad plural como la nuestra debiera existir también una escuela plural? La escuela para que sea libretiene que estar abierta tanto al creyente como al no creyente. Llegados a este punto, yo quisiera hacer esta pregunta al Sr. Wert ¿ Como pretende Vd. que una escuela que no es libre pueda ser de calidad? Nadie se opone a que haya escuelas laicas, que tanto gustan a los no creyentes; pero eso sí , para quien las quiera. Tal y como está la cosa, sé que esta solicitud puede parecer utópica y disparatada, debido a que existe un estúpido prejuicio por el que la confesionalidad va asociada a la intolerancia, siendo considerado incluso incompatible con la libertad religiosa y nada más lejos de la realidad

Yo parto del convencimiento de que la religiosidad, es una de la dimensiones esenciales en el desarrollo de la personalidad humana y por lo tanto a las familias católicas , mayoritarias en nuestro País, se les debiera dar la posibilidad de educar a sus hijos de acuerdo con sus creencias religiosas. Lo que sucede es que en consonancia con el espíritu secularizado de los tiempos, lo relevante en la política educativa es, sacar alumnos preparados para competir en el difícil mercado laboral y aquí se acaban todas las aspiraciones; por ello no me sorprende que el Sr. Wert influenciado por este espíritu y también, pienso yo, porque no quiere problemas, trate de poner en marcha un nuevo plan de reforma educativa en el que algo se cambia para que esencialmente todo siga igual; olvidándose de las justas reivindicaciones religiosas. Lo entiendo; pero no lo comparto. ¿ Para esto hemos estado esperando a que gobernara el PP obtuviera con mayoría absoluta? Ante semejante situación, convendría refrescar la memoria del Sr. Ministro de Educación y recordarle, no sólo que él y su partido son depositarios en gran medida de los votos de los católicos, siendo ellos los que les han llevado a donde están, sino también que la justicia distributiva demanda que sean tenidos en cuenta los derechos de estas familias

A lo mejor no solo los gobiernos, también los mismos católicos nos hemos olvidado de nuestras responsabilidades en materia de educación. Seguramente por parte de unos y de otros ha habido mucha dejación y nos hemos ido conformando con una educación meramente competitiva y técnica. No es ya sólo que la escuela pública española esté en crisis , también lo están muchas de las escuelas católicas privadas, que se han ido distanciando de las directrices de un sólido y bien fundamentado humanismo cristiano que venía siendo su seña de identidad.
¿ Cómo si no puede explicarse el hecho de que entre las jóvenes generaciones abunde el analfabetismo e indiferentismo religiosos? Tal vez la crisis educativa que actualmente padecemos tenga su origen en una crisis generalizada de fe.

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