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Lecturas para este verano, por Julián López, obispo de León

Lecturas para este verano, por Julián López, obispo de León

LECTURAS PARA ESTE VERANO

            Queridos diocesanos:  Termina el curso 2014-2015 y es justo que se hagan balances. A nivel diocesano se nos invitaba a completar algún aspecto del plan pastoral del quinquenio 2009-2014 en la perspectiva la alegría de evangelizar señalada en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco (cf. EG 9-13).

Pero en lontananza tenemos un nuevo plan que será presentado, Dios mediante, durante la XIV Semana de Pastoral que ya quiero anunciaros, del 21 al 24 de septiembre. Hemos tenido en cuenta también la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a “Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización”, del 5 al 19 de octubre de 2014, el Año de la Vida Consagrada y el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús.

            Pero miremos al presente inmediato. El verano entró oficialmente el día 21 de junio y, con él, el ambiente de vacaciones para quienes pueden disfrutar de ellas. Para los demás, la monotonía diaria a pesar del calor y de las tormentas de esta época del año cuando no el peso de las preocupaciones y el cansancio del trabajo o de la falta del mismo. Y la resaca de las pasadas elecciones con los cambios en los organismos de representación política. Y con una nueva Carta Encíclica -así se llaman los documentos más populares de los papas- dedicada al medio-ambiente. Cosas del Papa Francisco, pensará alguno, porque hasta ahora ningún pontífice se había ocupado tan intensa y extensamente de la crisis ecológica, del calentamiento del clima, del peligro que corre “nuestra casa”, lanzando preguntas como estas: ”¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”. Esta pregunta está en el meollo del documento que empieza, ¿cómo no? citando a san Francisco, el cantor de las alabanzas de Dios y el mejor amigo de la naturaleza. ”Esta pregunta, dice el papa que no en vano se llama Francisco, no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario”.

Vamos, que nos lanza un reto valiente y claro sobre el sentido de nuestra existencia y el valor de la vida social:”¿Para qué pasamos por este mundo? ¿para qué vinimos a esta vida? ¿para qué trabajamos y luchamos? ¿para qué nos necesita esta tierra?” Y concluye:”Si no nos planteamos estas preguntas de fondo, no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes”. ¡Ah, la ecología! Creíamos que era cosa de cuatro iluminados o de personas un poco raras. Pero no. La hemos de tomar muy en serio porque este maravilloso mundo, esta tierra, ”es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. ¡No la estropeemos más! Mejor dicho: ¡cuidémosla y restituyámosle lo que le estamos arrebatando! Porque “esta tierra maltratada y saqueada clama, y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo”.

 Os confieso que esta referencia a la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta me ha llamado profundamente la atención. Por eso, este verano me propongo leer despacio la encíclica y lo mismo os invito a hacer a todos vosotros. No os va a defraudar. Estad seguros. Y leed también nuestra reflexión de pastores titulada “Iglesia, servidora de los pobres”, de 24 de abril de este mismo año. No os defraudará tampoco. Os lo aseguro. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián, Obispo de León



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