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Rincón Litúrgico

Lectio divina XIII Domingo Tiempo Ordinario C (30-6-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Lectio divina XIII Domingo Tiempo Ordinario C  (30-6-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

La liturgia de la Palabra para la lectio divina del XIII Domingo del Tiempo Ordinario C (30-6-2013) es 1 Re19, 16b. 19-21; Sal 15; Gál 5, 1. 13-18; Lc 9, 51-62

Lecturas

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano.

Vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor.

-«Sígueme.» 

Él respondió: -«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.»  Le contestó: -«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.»

Contemplación

Pocas veces se puede percibir mayor coincidencia en los diversos textos litúrgicos como cabe observar en los de la Liturgia de este domingo. De una u otra forma, todos inciden en el hecho de  la llamada y en la respuesta que se debe dar.

Hay, sin embargo un progreso de exigencias. Mientras que el profeta Elías permite a Eliseo despedirse de los suyos, Jesús parece más contundente y radical, al responder de forma tan drástica y aparentemente poco piadosa, como es impedir que se vaya a enterrar a los propios padres.

La explicación que se desprende del contexto es la diferencia entre la identidad del profeta y la de Jesús. En la exigencia radical de Jesucristo se quiere demostrar que Él es el Señor, no un profeta más. El salmista acierta a orar desde esta perspectiva, cuando pone en Dios su destino y su suerte, abandonándose enteramente en sus manos.

Solo quien es el Señor puede pedirnos un seguimiento semejante, a la vez que, como dice san Pablo, no nos esclaviza, sino que nos hace enteramente libres para ser esclavos por amor. Parecen palabras contradictorias; sin embargo, el seguimiento de Jesús, a la vez que exige la totalidad del ser, concede la mayor plenitud de vida y la máxima libertad personal.

 

Solo Jesús puede llamar tan radicalmente y no hacer injusticia. Sólo Él puede llenar el corazón mientras pide un despojo total. Si Eliseo quemó los bueyes y los aperos, los discípulos dejaron barca, redes y familia. Pero el Señor se convierte en la mayor riqueza, y a quien le sigue le deja gustar cien veces más aquello que en principio le pide que abandone.

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