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Lectio divina para el V Sábado de Cuaresma (23-3-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Lectio divina para el V Sábado de Cuaresma (23-3-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Liturgia de la Palabra: (Ez 37, 21-28; Jn 11, 45-57)

Lectura

“Así dice el Señor:

«Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar.

Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos” (Ez 37, 21-22).

 

“Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos” (Jn 11, 53-54).

 

Comentario

 

La alegría inunda el corazón al leer y contemplar el pasaje del profeta Ezequiel, porque  en él se encuentra un mensaje de reconciliación y de unidad. Como el gozo que siente el pastor por haber encontrado la oveja perdida.

 

Sin embargo, al adentrarnos en el texto evangélico, un profundo dolor se instala en el alma, al ver que el sumo sacerdote dicta sentencia de muerte contra Jesús.

 

¿Qué razón tiene la Iglesia para unir secuencias tan contrapuestas? ¿Por qué trae a consideración por un lado la escena confortadora de la reunificación del pueblo, y por otro lado, la peor noticia?

 

Y comprendo que, precisamente, el pueblo será reconciliado por la ofrenda de Jesucristo en la Cruz. Que la Cruz es el cayado del Buen Pastor, que atraerá con él a las ovejas dispersas del rebaño, ofrecerá a toda la humanidad la posibilidad redentora de saberse en brazos del amor entrañable de Dios, quien por salvar el ser humano, ha entregado a su Hijo único al suplicio de la Cruz.

 

Llegamos al final de la cuarentena. El bastón de Moisés, con el que abrió el mar y pasaron a pie los hijos de Israel, será ahora la Cruz, la muerte del Señor. Por ella todos pasamos de la tierra de esclavitud a la tierra de la promesa. Todos podemos beneficiarnos de la filiación adoptiva que nos consigue Jesucristo con la ofrenda de Sí mismo.

 

Puntos de reflexión

 

¿Te sientes redimido? ¿Eres consciente del amor que Dios te ha demostrado y te tiene, gracias a la muerte de su Hijo en la Cruz? ¿Escucharás la voz del Pastor santo y acudirás al recinto de comunión, la Iglesia?

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