Revista Ecclesia » Lectio divina IV Domingo Tiempo Ordinario, C (3-2-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente
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Rincón Litúrgico

Lectio divina IV Domingo Tiempo Ordinario, C (3-2-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Liturgia de la Palabra: Jr 1, 4-5. 17-19; Sal 70; 1Co 12, 31-13, 13; Lc 4, 21-30)

Lectura

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.  (Jr )

… todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.  Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. (Lc)

 Comentario

Si recordamos las lecturas del domingo pasado, en las que se podía observar un paralelismo entre Esdras y Jesús al proclamar ambos el libro de la ley, hoy, al ver la vocación de Jeremías, a quien se le pide que no se arredre y sea valiente y se le recuerda que ha sido consagrado desde el seno de su madre, resalta el gesto sereno y valiente de Jesús frente a la reacción violenta de sus vecinos.

 

Dos constantes se acreditan por la Palabra: la llamada a ser testigo de la misión que Dios confía al elegido, y la certeza de la fuerza y acompañamiento que Él mismo da para llevarla a cabo.

 

La obediencia se funda en la seguridad que da saber quién envía; antes nos ha elegido por amor y nos ha enriquecido con dones suficientes para llevar  a cabo la tarea necesaria. El profetismo no es un gesto prepotente, autosuficiente o pretencioso por creerse mejor que los otros, sino que es una docilidad, a pesar de la propia flaqueza, a la elección y mandato del Señor.

 

Jesús se nos presenta como enviado a anunciar la salvación a los pobres y el año de gracia, mensaje que se confrontaba con la enseñanza de las autoridades religiosas, que esperaban también la hora de venganza. Pero Él obedece a su Padre, quien le ha enviado a salvar, no a condenar.

 

Según San Pablo, “El don de profecía, se acabará. El don de lenguas, enmudecerá. El saber, se acabará”. A lo que realmente se nos llama es al amor, y a lo que se nos envía es a amar. “Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional.  Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden”.

 

Punto de reflexión

 

¿A qué te sientes llamado? ¿En qué sientes más fuerza y valor para llevarlo a cabo?



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