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Rincón Litúrgico

Lectio divina Corpus Christi (2-6-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

Lectio divina Corpus Christi (2-6-2013), por Ángel Moreno de Buenafuente

 La liturgia de la Palabra para la lectio divina de la solemnidad del Corpus Christi es Gén 14, 18-20; Sal 109; 1 Co 11, 23-26; Lc 9, 11b-17

La liturgia de la Palabra para la lectio divina de la solemnidad del Corpus Christi es Gén 14, 18-20; Sal 109; 1 Co 11, 23-26; Lc 9, 11b-17 

Lectura

 

“Melquisedec, rey de Salen, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán”

 

“Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”.

 

“Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos”. 

 

Contemplación

 

El tercer día de la creación, Dios se complació por dos veces en su obra: al ver separadas las aguas de la tierra y al ver germinar las semillas en los campos para alimento de los seres vivos.

 

El sacerdote Melquisedec ofreció pan y vino a Abraham como presentes que anticipaban la ofrenda de Cristo a toda la humanidad.

 

En tiempos del Éxodo, hasta llegar a la tierra de la promesa, el pueblo de Dios bebió agua de la roca y comió maná llovido del cielo.

 

El profetas Elías, en el momento más recio, recibió la visita del ángel de Dios, que le ofreció agua y pan, para hacer la travesía del desierto y poder llegar al Monte del Señor. 

 

Dios bendijo a su pueblo dándole una tierra que produjera pan, vino y aceite.

 

Jesús nació en Belén, la Casa del Pan, y en Caná de Galilea, el día tercero, en el marco de una boda, regaló seis tinajas de vino bueno.

 

Jesús, en descampado, multiplicó el pan y los peces, con los que comieron la multitud, y sobraron doce cestos.

 

Jesús, en la noche en la que iba a ser entregado, tomó pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, como entrega total de Sí mismo. Lo mismo hizo con el cáliz. Y mandó a los discípulos que celebraran la cena en memoria suya.

 

Jesús, resucitado al tercer día, preparó sobre las brasas el almuerzo e invitó a los suyos a comer.

 

La Eucaristía, sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, contiene la mayor prueba de amor de Jesús, y sella para siempre la alianza de Dios con su pueblo. Quien come y bebe del sacramento del Amor de Dios se hace una misma cosa con Cristo, anuncia y anticipa la vida futura.

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