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¿Qué le piden o agradecen los peregrinos a la Virgen de Guadalupe?

¿Qué le piden o agradecen los peregrinos a la Virgen de Guadalupe?

Peregrinos guadalupanos hablan para el semanario de la arquidiócesis de México, Desde la fe, de su amor por la Virgen Morena

Cómo cada año, incontables peregrinos originarios de diversos estados de la República se dan cita los días 11 y 12 de diciembre en la Basílica de Guadalupe para postrarse a los pies de la Morenita del Tepeyac y dirigirle unas palabras nacidas del corazón, ya sea para agradecerle las bendiciones que Dios ha derramado sobre ellos por su intercesión; para pedirle su ayuda ante una necesidad, o simplemente para hablarle de sus alegrías o tristezas. A continuación, se relatan los casos de algunos peregrinos que hablaron para Desde la fe sobre el motivo de su visita a la Guadalupana.

Con lágrimas en los ojos, el señor Ángel Flores Rodríguez cuenta que por novena vez ha venido desde Atlixco, Puebla, a agradecer un milagro que Dios le hizo por intercesión de la Madre de Dios. Cuenta que en aquel entonces su hijo nació pesando 1 kilo 600 gramos, y en tres días bajó a 1 kilo 200; “le intentaban meter la comida por zonda hasta el estómago, pero el bebé no la aceptaba; poco a poco iba empeorando su salud, hasta que llegó el momento en que el recién nacido ya nada más era piel pegada a los huesos”.

Refiere que el doctor le dijo que había que trasladar a su hijo a la capital poblana para darle el alimento por la vena. “Eso me lo dijo una mañana; yo lo que hice fue ir a la Iglesia a pedirle a la Virgen que me ayudara para que Dios me hiciera un milagro; regresé poco más tarde para llevármelo a Puebla, y lo que me dijeron en ese momento era que ya había aceptado unas gotitas de leche. Yo les dije que si mi hijo ya había aceptado unas gotas, mejor era que se quedara ahí; así, poco a poco fue saliendo. Ya mi hijo está por cumplir sus diez años y es un niño muy sano, gracias a Dios. Cuando él cumplió tres, yo lo traje a ver a la Virgen en un carrito tipo andadera, porque no tenía la suficiente fuerza para caminar; estaba débil y muy pequeño. Y desde ahí no he dejado de traerlo a dar gracias. Desde hace mucho ya puede venir caminando.

Asegura que antes de que su hijo naciera, él se decía católico, pero jamás se acercaba a la Iglesia, ni leía la Biblia. “Ahora soy devoto de la Virgen de Guadalupe. Cada año, mi esposa, mis hijas, sus novios, mi hijo Iván y yo, venimos a darle gracias a la Virgen. Venimos siempre caminando, atravesamos todo el monte, lo que es el Popocatépetl; atravesamos todo eso y llegamos hasta acá. Yo siempre me hago un momento para entrar a verla solo; me gana el sentimiento y lloro, no ha habido una sola vez que no llore”.

Por su parte, el señor Alberto Prisciliano, originario de Atlixco, Puebla, recuerda que desde hace ocho años ha venido a la Basílica de Guadalupe a darle gracias a la Virgen, ya que por intercesión de ella, Dios le concedió un gran milagro; por eso que no falla en venir a visitarla en esta fecha.  “Mi esposa en ese tiempo ya no podía caminar porque estaba enferma de artritis. Yo soy devoto de la Guadalupana, y se me ocurrió entonces pedirle que nos echara la mano, porque yo quería mucho que mi esposa volviera a caminar. Y Dios obró entonces. A partir de ahí ella comenzó a sanar. ¿Usted cree que puedo fallar en venir a visitarla? Tan así sanó mi esposa, que ahora vengo con ella y con mis hijos en peregrinación; venimos caminando para agradecerle; llega el momento en que sentimos mucho cansancio, pero cuando ya estamos aquí, en la Basílica de Guadalupe, nada de eso importa. Le doy gracias a la Virgen por eso y por todo lo que se nos ha concedido, porque además mi familia vive muy unida. ¡Siento que hay más amor que antes!”.

César Cuautle es originario de San Miguel Xoxtla, Puebla, y este 11 de diciembre, como lo ha hecho durante los últimos diez años, ha venido a la Basílica de Guadalupe el hecho de que su familia goce de salud y se mantenga en armonía. “Siempre le pedimos salud. Hace un año mi esposa se enfermó; no veíamos la manera de que sanara, por más que visitábamos doctores, por más medicinas que tomaba. Le pedí que nos ayudara para que se curara, y gracias a Dios ya está bien. Somos cuatro de familia: mi esposa, mis dos niños y yo; los cuatro venimos siempre. También mi suegra —bromea—, pero ella se pierde lo mismo por acá o por allá.

“Estar en la casa de la Virgencita de Guadalupe nos hace sentir una gran emoción, cada año sentimos lo mismo. Ahorita le di gracias por habernos dejado llegar a su casa con bien, sin sufrir un accidente o algún percance. También le doy gracias de que Las Chivas ya no están en riesgo de descenso”, señala César Cuautle.

Aurelio Ruiz Santos y Antonia Alducin Salvador son originarios de Puebla, y este 11 de diciembre vinieron a la Basílica de Guadalupe a agradecer a la Virgen un milagro que Dios les concedió hace tres años por su intercesión. Antonia cuenta que en ese entonces su niño estaba muy enfermo de bronquitis, por lo que ella y su esposo lo trajeron a la Basílica, se lo enseñaron a la Virgen y le pidieron que intercediera por él para que Dios lo ayudara a recuperar la salud. “Mi niño estaba muy grave, y con ese milagro que se nos concedió, a la semana ya estaba sano, no tenía nada. No pudimos venir en los años anteriores, no siempre se tiene la oportunidad; pero ya teníamos que estar aquí para agradecerle. De todos modos yo siempre le doy gracias desde allá, y también le pido que nos cuide, porque siempre hay necesidad, ¿verdad? ¡Sentimos mucha emoción y alegría de estar aquí!

El señor Irineo vino de Milpa Alta a la Basílica para agradecer también a la Guadalupana un milagro que Dios le concedió por su intercesión. Cuenta que hace seis años, Maximina, su esposa, tenía en el corazón un soplo que ponía en riesgo su vida, y que los doctores le aseguraban que no tenía curación. “Vinimos entonces a pedir a la Guadalupana que nos ayudara, y el milagro ocurrió; ahora ya no tiene nada. Cada que venimos, yo entro de rodillas hasta donde se puede, y ya cuando estoy adentro siento mucha alegría, algo bonito en mi corazón. Le pido por mi familia, para que Dios nos dé salud, para que no nos caigan las enfermedades, para que a mi familia nunca le falte el alimento. Yo soy dulcero, y en mis ratos libres soy cantante en los camiones; gracias a Dios siempre he tenido para sacar adelante a mi esposa y a mis hijos. Es por eso que siempre entro de rodillas a agradecer a la Virgencita.

De la mano de su hijo, la señora Vanessa Ortuño, quien se considera una gran devota de la Morenita del Tepeyac, entró a la Basílica de Guadalupe a agradecer a la Virgen que su familia siempre ha estado perfecta de salud, y a pedirle su ayuda para que se siga manteniendo así. “A eso vengo desde Resurrección, Puebla; y entro así, de rodillas, porque creo que uno debe ser humilde para pedir, y lo que se debe pedir son cosas que sean buenas, cosas que el dinero no puede comprar. ¿Cuánta gente tiene mucho dinero, pero le falta la salud? Ahorita que esté allá adentro, nuevamente le voy a pedir a la Virgen que vea por toda mi familia, para que todos estemos bien, para que no nos pase nada malo y no tengamos que sufrir una enfermedad de peligro”.

Lilia Pérez y José Marcos Ramírez viven en Chiconautla, Estado de México, y desde allá han venido a agradecer a la Virgen que en su Matrimonio hay salud. “Nuestra familia siempre ha tenido salud, y siempre ha estado unida. Sentimos una emoción muy fuerte cuando llegamos y miramos a la Guadalupana”, señala la señora Lilia. El señor José Marcos refiere que siempre que vienen a la Basílica, entran a ver a la Virgen, hacen una oración en familia y le dan gracias por todas las bendiciones que Dios derrama sobre ellos, así como por el hecho de haberles permitido llegar con bien a visitarla”.

El señor José Luis ha venido a la Basílica de Cuautitlán Izcalli para agradecer a la Virgen de Guadalupe todas las bendiciones que su familia ha recibido durante todo el año, sobre todo la buena salud de la que gozan. “Siempre le pedimos eso principalmente: salud. Pienso que no sólo debemos hablar con ella cuando tenemos una emergencia, sino durante todo el año; ella siempre está para escucharnos, para interceder por nosotros, para oír nuestras alegrías y nuestras tristezas. Es muy bonito ver tanta gente que viene a agradecerle, pero independientemente de eso, el sólo hecho de estar en este lugar en esta fecha es algo muy lindo, porque este lugar está lleno de espiritualidad. Cuando estoy aquí siento un bienestar, son de las cosas por las que más me gusta venir”.

Fuente: Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México



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