Cultura Especiales Ecclesia La iglesia frente a la pederastia

Le perdono, padre, en español

Le perdono, padre, en español

El Grupo de Comunicación Loyola publica en español el libro Le perdono, padre. Sobrevivir a una infancia rota,  del suizo Daniel Pittet, prologado por Francisco, y del que ya informó ecclesia en la página 32 de su número 3.873Se trata del testimonio de una víctima de abusos en el seno de la Iglesia y su largo proceso de sanación. El Papa Francisco escribe el prólogo para este relato autobiográfico del suizo Daniel Pittet por considerarlo «necesario, precioso y valiente».
El autor visitó España para presentar su libro el 31 de mayo, en Madrid. En el acto estuvo acompañado por el cardenal Ricardo Blázquez, presidente de la CEE; el delegado de la Compañía de Jesús en Madrid, Pablo Guerrero; y el consejero delegado del Grupo de Comunicación Loyola, José María Rodríguez Olaizola.
Le perdono, padre. Sobrevivir a una infancia rota, de Daniel Pittet, es el valiente   testimonio autobiográfico de la difícil reconstrucción de un hombre víctima de abusos sexuales por un sacerdote durante su infancia. Entre 1968 y 1972, de los 9 a los 12 años de edad, «descendió a los infiernos». Con 58 años, ya «en pie», escribe esta larga historia de sanación.

Testimonio de un duro proceso de perdón y sanación

El doloroso relato de la víctima se sostiene en el perdón. Su historia es una historia de superación, de denuncia de las atrocidades sufridas y de compromiso con la ayuda a otras víctimas como él. Su biografía quebrada y reconstruida sobrecogió al Papa Francisco que decidió escribir el prólogo. En él propugna «tolerancia cero» frente a episodios hirientes como el que padeció Pittet: «Estos testimonios abren el camino a una justa reparación y a la gracia de la reconciliación, y ayudan asimismo a los pederastas a tomar conciencia del terrible impacto de sus actos», escribe el Santo Padre Francisco en el prólogo.
Un documento extraordinario para un testimonio admirable que además cuenta con una tercera aportación insólita: la confesión del sacerdote arrepentido y anhelante de perdón, el capuchino Joël Allaz. «No puedo pagar la deuda contraída con mis víctimas; procuro, cuando es posible, encontrar soluciones. Por esta razón acepté testificar en el libro de Daniel».
Daniel entiende perfectamente a la gente que no puede perdonar. «Es complicado. Para conseguirlo hay que romperse del todo y tocar fondo. Y, desde ahí, pasar página, porque la vida es corta». O, incluso, como en su caso, conservar la fe y proclamar que se sigue sintiendo «hijo fiel de la Iglesia, en la que encontró lo peor y lo mejor, pero la bondad supera con creces a la maldad».
Entre el perdón de los 12 años y la sanación de su libro-testimonio a los 58, la historia traumática y dura de «como sobrevivir a una infancia rota»: dejó el seminario de los capuchinos y, con la depresión a cuestas, intentó labrarse un futuro. A duras penas, y con mucha ayuda psiquiátrica durante más de 20 años, consiguió rehacer, poco a poco su vida. Hoy, es bibliotecario en Friburgo, está casado y tiene seis hijos. El golpe de gracia de su sanación le vino del Papa Francisco, con el que estuvo colaborando durante tres años, para escribir el libro Amar es darlo todo. Cuando terminó la obra y la tradujo a 16 lenguas.
Pittet agradece a Francisco su «tolerancia cero» y asegura que «hace todo lo que puede», para acabar con esta plaga, aunque sigue encontrando resistencias y renuencias en parte del episcopado y del clero.

Palabras del cardenal Blázquez

El cardenal Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE, en su intervención, emocionado, dio las gracias a Daniel por su testimonio, porque «escribirlo, publicarlo y leerlo es un ejercicio de verdad que libera». Por eso, al igual que el Papa, el purpurado pide a la Iglesia española que «afronte la verdad con valentía y con tolerancia cero».
Monseñor Blázquez anima «a defender la dignidad de los débiles» e invita a las víctimas a denunciar, «algo que no esa fácil y que trae muchas complicaciones», para que los abusos «sean reconocidos y corregidos de raíz, sin paños calientes».
Por eso, el cardenal aboga porque «la formación humana y cristiana de niños, adolescentes, jóvenes y adultos se abra a este campo tan sensible de sufrimiento y humillación de las personas. Nuestra catequesis se tiene que abrir a este campo. Mirar para otra parte o encubrir es un error. Hay que llamar a las cosas por su nombre».
«Es preciso mirar a lo ocurrido, para que no vuelva a suceder más», dijo el jesuita José María Rodríguez Olaizola. El también jesuita Pablo Guerrero le pidió a la Iglesia española «valentía y castigos ejemplares y justos, para reparar los abusos cometidos», así como una petición explícita de perdón «por no haber sabido proteger, por minimizar o por no creer a las víctimas». n

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