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Las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque en el monasterio de la Visitación (Las Salesas) en Sevilla

Gloriosa jornada la vivida en el sevillano Monasterio de la Visitación (Las Salesas) en torno a las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque

Glorioso día el vivido en el Monasterio de la Visitación (Las Salesas) de la sevillana plaza de las Mercedarias de Sevilla, que el pasado miércoles, 14 de noviembre, recibió las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque, Hermana Salesa, Apóstol del Sagrado Corazón de Jesús. En la recepción, a la llegada de las reliquias estuvieron presentes el Rvdo. D. Valentín Villegas (Consiliario de las Hermanas Salesas) y el Delegado Episcopal para la Vida Consagrada, D. José Ángel Martín Domínguez, pbro., quienes llevaron a cabo una gran homilía en la Liturgia de Recepción, a la cual asistieron muchos alumnos de los colegios religiosos de la zona acompañados por las monjas.

Por la tarde, la jornada fue gozosa, de recogimiento y de alegría. Las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque estaban primorosamente colocadas y expuestas para la veneración de los fieles. En honor a esta Santa, que perteneció a la Congregación de las Visitandinas, más conocida como Salesas, el Consejo Diocesano de Sevilla de la Adoración Nocturna Española, presidido por D. José Enrique González Fernández, organizó una Hora Santa de adoración al Santísimo Sacramento, dado que la Santa era una ferviente adoradora de Cristo Eucaristía. La Capilla del Monasterio estaba llena, mayoritariamente de adoradores nocturnos y miembros de la guardia de honor del Sagrado Corazón de Jesús, para adorar a Jesús Sacramentado, Cristo, verdaderamente presente en la Eucaristía. El Rvdo. D. Amador Domínguez Manchado, párroco de San Francisco de Asís, de Sevilla, sacerdote de una profunda espiritualidad eucarística, realizó la Exposición del Santísimo; el silencio era sublime, solo interrumpido por los cantos de Salmos y Motetes, así como las acertadas reflexiones del sacerdote, que en todo momento estuvo auxiliado por D. Francisco Pabón Benítez (sacristán de la Parroquia Ntra. Sra. de la Estrella de Valencina de la Concepción, adorador veterano constante de asistencia ejemplar, a quien el Arzobispo de Sevilla, monseñor Asenjo, concedió la Medalla Pro Ecclesia Hispalense). Como decía el Padre Amador: “No hay mayor regalo en esta tierra que poseer a Dios. No hay mayor recompensa, ni mayor gratitud, ni mayor alegría, que poder adorar y estar en la presencia de Jesucristo Sacramentado, porque estando delante de Él, estando en su presencia, estamos delante de Dios, delante de toda la sabiduría; de todo lo que el hombre quiera saber sobre su presente, pasado y futuro. Todo está en la real presencia, en el Cuerpo glorioso del mismo que estuvo clavado en la Cruz y ahora está en la Custodia, delante de nosotros y en medio de nosotros”.

Posteriormente se rezó el Santo Rosario, dirigido por la adoradora D.ª Salvadora Ruiz (tesorera de ANFE), correspondiéndole las Letanías a la adoradora, presidenta diocesana de ANFE, D.ª Concepción Lara (Conchita, como cariñosamente se la conoce en la Archidiócesis). Seguidamente se cantaron Vísperas. Tras la conclusión del rezo de Vísperas, el sacerdote impartió la Bendición con Su Divina Majestad y realizó la Reserva del Santísimo. Seguidamente, con la Capilla abarrotada en esos momentos, dio comienzo la Santa Misa presidida por el Ilmo. Sr. Canónigo Emérito de la Catedral de Sevilla, Padre D. Antonio Alcayde Peral, SS.CC. (Padres Blancos), actual capellán del convento, con quien concelebraban los sacerdotes diocesanos D. Manuel Mateo y D. José Robles, acolitados por D. Francisco Pabón Benítez, realizando la Lectura y Preces, sendos adoradores de la Sección de Valencina: Mercedes Ferrón y Fernando Benot.

Tras la Misa, se procedió a la la Consagración de los asistentes al Sagrado Corazón de Jesús, realizando la lectura del ritual sendos miembros de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús (precisamente en 2019 se conmemora el Centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón). Y finalmente, una avalancha de fieles, acudió a besar las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque. Posteriormente se trasladaron las reliquias a la Clausura, donde la veneraron sus Hermanas Salesas durante toda la noche. Al día siguiente saldrían las reliquias hacia la Basílica de Santa Eulalia, en Mérida.

Para entender por qué congregó a tantas personas estos Cultos en honor de Santa Margarita María de Alacoque, basta con las palabras que le dedicó el Padre Antonio Alcayde en su homilía:

Apenas puso pie en el convento de Salesas de Paray-le-Monial, el Señor le dijo, aquí es donde te quiero. Y aquí, en el convento de las Visitandinas, de las Salesas, está ahora con nosotros, en su convento, Santa Margarita María de Alacoque en sus reliquias. Encuentro hoy de hermanas. Recibís en vuestra casa a una hermana de la Orden, porque esta es su casa. Y esta hermana siempre tiene algo que decir. Y siempre tiene algo que deciros a vosotras, también Salesas, como ella.

¿Y qué tiene que deciros a vosotras, a nosotros sacerdotes, a todos nosotros? La primera palabra es oración. No se puede comprender lo que vino a dejar en su vida, las revelaciones que el Señor le hizo a Santa Margarita María, sin la oración, que ella pide siempre.

Al hablar de la oración de Santa Margarita María, tenemos que decir que oración es diálogo con Dios. Santa Margarita hablaba con Dios, pero lo más emportante era que en ese hablar ella con Dios, ella siempre esperaba una respuesta de Dios. Y siempre estaba atenta a lo que Dios quería, siempre atenta a hacer en su vida la autoridad de Dios. Lo suyo era dejar a Dios que hable. Y la oración le hizo ver su pequeñez y, en segundo lugar, la grandeza de Dios. La vida de Sta. Margarita María no fue una vida de halagos, a los cinco años pierde a su padre. Los hermanos de su padre toman posesión de su casa, y para su madre y para ella empieza un dolor grande, motivo de mortificación, con un papel secundario en la familia. Después ingresa en el Convento de las Clarisas, y allí está cinco años formándose. Y en esas circunstancias, despues de pasar una enfermedad muy grave, y de ser curada (por intercesión de la Virgen, decía ella), salió del Convento con la firme convicción de ser religiosa. ¿Y dónde ser religiosa? Lo lógico era en aquel convento, donde se había educado, ya que ella admiraba a las religiosas Clarisas de ese convento, que la habían formado. Después, un familiar suyo sacerdote se empeñó en que fuera a las Ursulinas, un convento muy floreciente entonces en Francia. Pero Santa Margarita buscaba, y cuando estaba en el recibidor del Convento de las Salesas oyó al Señor que le dijo: “Este es tu sitio”.

Oración, primero para conocer a Dios. Y cuando uno va dialogando y va escuchando a Dios, se va metiendo más y más en la intimidad de Dios. Y Santa Margarita María se fue metiendo de lleno en la intimidad de Dios. Hablando con Dios, conoce la intimidad de Dios, pero al mismo tiempo conoce su personalidad, y ahí es donde brilla una de las virtudes más imponentes de Sta. Margarita, que es la humildad.

En casi todas las frases que pronunció Sta. Margarita María habla de las Salesas, y se remonta a la volunta de vuestro fundador, que quería conventos de monjas humildes y llenas de dulzura. De Dios aprendió, en la oración Sta. Margarita la humildad, como la mejor forma de relacionarse con Dios. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Y así Santa Margarita María entra en la intimidad con el Señor. La oración hace una fusión: si me meto en la profundidad de Dios, el Señor se mete en mí.

La primera revelación, la primera aparición del Sagrado Corazón a Santa Margarita María, es un encuentro de corazones. Jesucristo le muestra su corazón rodeado de una corona de espinas, lleno de llamas. Y al mismo tiempo, ella mete ese corazón dentro de su corazón.

La segunda palabra que nos dice Él: Santa Margarita María en la santidad. ¿Y qué es la santidad? Santo solamente es Dios, y los demás Santos se hacen Santos por la participación en la vía de Dios. Y en la medida que uno va creciendo en la medida de Dios, en esa medida va santificándose.

Santa Margarita María, por su oración, se fue introduciendo en el corazón de Dios, y al mismo tiempo, el Corazón de Dios se metíó en ella. (No vivo yo, decía San Pablo, es Cristo el que vive en mí). Cristo era el Santo de los Santos. Y Santa Margarita María tiene la santidad de Dios. La segunda lección de Sta. Margarita María es que en la medida que participo de Dios, me voy haciendo Santo. Esta es la misión de Jesucristo en la tierra, que vino a mostrarnos a Dios, a mostrarnos la santidad de Dios. Para decirnos que nosotros eramos de esta familia de Dios, y que podíamos vivir y tener la misma vida de Dios (segundo mensaje importante de Santa Margarita María de Alacoque).

Y luego, cuando uno se mete en la profundidad de Dios, y cuando Dios se mete en la profundidad de uno, ese intercambio con Santa Margarita, tan maravilloso, entonces uno ve a Dios, pero siempre en relación con las cosas creadas en el mundo. Y Santa Margarita se dio cuenta de que lo que ella tenía, no le pertenecía. Lo que tenía ella de Dios, era lo que tenía que entregar a los demás. Esta lección de apostolado nos la da a todos Santa Margarita María. Y este Dios es el Dios del Amor.

Cuando uno se mete en la profundidad de Dios y va viendo quién es Dios, no tiene más remedio que decir: Dios es Amor. Y entonces, el mensaje de la última aparición de Santa Margarita es mostrar el corazón que tanto ha amado. Es decirnos a todo el mundo que Dios es Amor. Dios nos lleva a amar. Amar es estar vivio. No amar es, para Santa Margarita María, estar muerto. Amar es ir a Jesucristo. No amar, es no ir de cara a Jesucristo. Amar es entregar siempre una nueva vida, con un nuevo coraje, con un nuevo amor. Ese es el mensaje: “He aquí el Corazón de Jesús”.

Cuando hablamos del Corazón de Jesús no hablamos de una víscera del Señor, hablamos de la persona entera de Jesucristo, que se entrega, que se da, que se hace partícipe con todos y cada uno de nosotros.

De Jesucristo que nos ama singularmente, Santa Margarita experimentaba ese amor singular, el amor que Dios nos tiene. “Tú eres mía”, le decía el Señor a ella. Pero también hoy nos dice el Señor que nosotros somo suyos. Tanto nos ama, tanto nos quiere que desde antes de nacer nosotros, Él ya nos tenía a cada uno de nosotros en su cabeza, en sus designios admirables, en las manos tatuadas el nombre nuestro: un amor singular, un amor personal. Y eso es lo que nos comunica Santa Margarita María. Y ella nos hablaba de la Consagración a Dios. ¿Y que es la Consagración, que hoy nos darán aquí, al Corazón de Jesús? La Consagración es aceptar a Jesucristo, aceptar las palabras de Jesucristo, aceptar el proyecto de vida de Jesucristo, aceptar la ilusión de Jesucristo, las palabras y hechos de Jesucristo. Y en la medida que nosotros vamos aceptando todo esto de Jesucristo, vamos haciendo a Dios el centro de nuestra vida. Eso es consagrarnos al Corazón de Jesús: hacerlo el centro de nuestras vidas.

Las reliquias que tenemos aquí de Santa Margarita María tienen encima una rosa de oro, que fue un regalo del Papa, hoy San Juan Pablo II. Las reliquias son dos vértebras y un trozo de su cerebro. Y esto es significativo, porque como he dicho antes, Santa Margarita María es maestra de oración, y la oración requiere muchos silencios. Y la oración requiere mucha presencia de Dios, y la oración requiere muchas veces soledad. Esto es lo que hacía Santa Margarita María en el convento, rezar, buscar momentos de silencio y, sobre todo, tener muchos momentos de oración ante el Señor en la Eucaristía. Y las monjas muchas veces dudaban, ¿estará bien? Santa Margarita María hacía simplemente lo que Dios quería que hiciese: hacer de su vida la voluntad de Dios.

Estas monjas tuvieron contacto con dos importantes Padres Jesuitas, Croisset y La Colombière, que fueron a hablar con Santa Margarita a ver lo que ella rezaba, lo que ella decía, lo que ella hacía, y quedaron entusiasmados los dos. Y dijeron: “Esto no es obra de ningún hombre, de ninguna mujer. Lo que esta monja dice es totalmente obra de Dios”. Y estos dos Jesuitas fueron los dos primeros que, apoyados en la doctrina y en la revelación de Santa Margarita María, extendieron la devoción al Sagrado Corazón de Jesús por el mundo. Y esta devoción se resume en una palabra: Amor. Dios nos ama. Y por tanto, la obligación nuestra es dar lo que tenemos. Nosotros tenemos el Amor de Dios y nosotros tenemos que darlo a los demás.

He aquí un breve resumen descriptivo de la Orden de la Visitación de Santa María (conocida como Las Salesas):

La Orden de la Visitación de Santa María es un Instituto Religioso de vida contemplativa fundado por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal en 1610 en Annecy (Saboya, Francia). Estas monjas, conocidas como Salesas, viven el Santo Evangelio siguiendo los Consejos Evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, con un espíritu de profundad humildad para con el Señor y de dulzura para con el prójimo. Las Salesas llevan una vida de oración y trabajo manual, formando una fraternidad en la caridad a semejanza de la Santa Casa de Nazaret. Son monjas, humildes y dulces, llamadas a renovar constantemente la actitud de María en el Misterio de la Visitación: servicio, humildad, dulzura, abandono y sencillez”.

La Orden de la Visitación de Santa María bebe de manera particular del manantial de amor que brota del Corazón Traspasado de Nuestro Señor Jesucristo. Él mismo eligió a una sus Hermanas Salesas, Santa Margarita María de Alacoque, para recordar al mundo el amor infinito de su Corazón. Por eso, están llamadas a profundizar en oración y escucha el amor del Corazón de Cristo y darlo a conocer a todos. Es fácil distinguirlas por su escudo: un corazón atravesado por dos flechas, que son el amor de Dios y del prójimo, y que sirve de pedestal de una cruz,
encerrado en una corona de espinas, con los nombres de Jesús y de María grabados en su interior.

Existe una profunda relación entre la Eucaristía y el Corazón de Cristo, pues nace del sacrificio de Cristo en la Cruz, y surge de su corazón traspasado, desde su voluntad de quedarse para siempre entre nosotros, hasta el fin de los tiempos, en las Sagradas Especies Eucarísticas. Por ello, Jesucristo está verdadera y realmente presente en la Eucaristía, en ella se encuentra su corazón palpitante de amor por todos nosotros: los que le amamos, los que aún no le conocen, los que le rechazan, los que se han olvidado de Él. El Señor, siempre nos espera en el Sagrario.

Santa Margarita María de Alacoque: confidente del Sagrado Corazón de Jesús era profundamente adoradora del Santísimo Sacramento. Fue el mismo Señor quien le enseñaba a orar y adorarle. Precisamente, adorando a Cristo Eucaristía, tuvo el privilegio particular de la primera de las cuatro grandes revelaciones con manifestaciones visibles del Sagrado Corazón de Jesús, que contienen la doctrina del amor del Sagrado Corazón de Jesús. Desde esta primera revelación y hasta su muerte, Santa Margarita María sufriría todos los primeros viernes de mes una reproducción de la Llaga del Costado de Cristo.


Francisco Burgos Becerra (Vocal de Comunicación)
Consejo Diocesano de Sevilla de A.N.E.

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