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Opinión

Las relaciones entre la iglesia y el estado en España

Las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado fueron confesionales-católicas en la España visigoda, en  los reinos de la Reconquista española, en la España de los Reyes Católicos, en la de los Austrias, en la de los Borbones, en las Constituciones primera (1812), cuarta (1845) y sexta (1876) del siglo XIX y en el Régimen del general Franco. Fueron laicistas en las Constituciones segunda (1834), tercera (1837), quinta 1869) del siglo XIX y séptima (1931) del siglo XX, siendo esta última, la de la segunda República, la más hostil y agresiva contra la Iglesia católica.

La novena y actual Constitución de 1978 ni es confesional católica, ni tampoco laicista, sino que es simplemente laica, al establecer: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y  mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la  Iglesia católica y demás confesiones” (Art. 27, p. 2 y 3).

 Con arreglo de esta Constitución, el 3 de enero de 1979, el Estado Español y la Santa Sede firmaron cuatro acuerdos sobre Asuntos Jurídicos, Asuntos Económicos Enseñanza y Asuntos Culturales, y  la Asistencia Religiosa a las Fuerzas Armadas y el Servicio Militar de Clérigos y Religiosos, siendo ratificados  el 4 de diciembre de este mismo de 1979 por las Cortes Españolas (Congreso y Senado) y por la Santa Sede. Dichos Acuerdos tienen el valor de derecho internacional entre ambas partes y forman parte de su derecho interno que los Gobiernos deben respetar. Si el PSOE quiere denunciadlos, como manifiesta, necesita la autorización mayoritaria absoluta del Congreso y del Senado.

 Las primeras democracias, americana, inglesa, francesa y española están basadas en los valores de la fe cristiana.  La separación entre Iglesia y el Estado es un legado del Cristianismo en su lucha por su libertad frente al poder del Imperio Romano. El periodista judío Franz Oppenheimer escribe: “Las democracias deben su origen al mundo cristiano de Occidente, porque si bien, las ideas democráticas proceden de Grecia, fueron transmitidas por la cultura judeo-cristiana”.

 Desde la Edad Media, las constituciones de los monasterios para nombrar abad, las de los canónigos para elegir deán y las de las órdenes y congregaciones religiosas  católicas para nombrar sus superiores ordenan el gobierno de sus miembros por medio de votaciones y elecciones democráticas

 José Barros Guede

  A Coruña, 13  noviembre del 2013

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