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Opinión

Las parábolas de Jesús de Nazaret sobre el Reino de Dios

Jesús de Nazaret se vale de las parábolas del sembrador, de la cizaña, de la mostaza, de levadura, del tesoro escondido, de las perlas finas y de la red barredera para explicar la naturaleza y caracteres del Reino de Dios o de los Cielos a la muchedumbre de personas que le seguían y escuchaban. Se encuentran en el capítulo 13 del Evangelio de san Mateo. La parábola es una comparación que se utiliza para ilustrar una determinada verdad moral o religiosa. Si se detalla minuciosamente se convierte en alegoría.

La primera parábola que Jesús de Nazaret utiliza es la del sembrador: “Salió un sembrador a sembrar su semiente, una cae en el camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron, otra cayó sobre piedra, brotó y se secó por no tener humedad, otra cayó entre abrojos que la ahogaron, y otra cayó en tierra buena, creció y dio fruto abundante”.

Se la explica a los discípulos de esta manera: “La que cae en el camino son las personas que han oído la palabra de Dios, pero después viene el diablo y se la lleva de su corazón. La que cae en piedra son las que oyen y reciben la palabra de Dios con alegría y creen en ella por un tiempo, pero a la hora de la prueba, la abandonan. La que cae entre los abrojos son aquellas que oyen la palabra de Dios, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida no la dejan madurar. La que cae en tierra buena son las que después de oír la palabra de Dios, la conservan con corazón bueno y recto y dan fruto con abundancia”.

La segunda es la de la cizaña: “El reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en el campo. Pero mientras dormía la gente, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando la planta creció y echó espiga, entonces apareció la cizaña. Los criados se acercaron al señor y le dijeron: Señor, no sembraste buena semilla en tu campo, ¿cómo es que tiene cizaña? Le contestó: Algún enemigo lo ha hecho. Lo criados le dicen: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Les respondió: No, no sea que, al recoger la cizaña arranquéis juntamente con ella el trigo. Dejarlas crecer hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas y quemarla, y el trigo recogerlo para mi granero.

Así mismo se la explica a los discípulos del siguiente modo: “El que siembra la buena semillas es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del reino de Dios, la cizaña son los hijos del mal, el que la siembra es el diablo, la siega es el fin del mundo, los segadores sin los ángeles. Como se ata la cizaña y se arroja al fuego, así sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y recogerán todos los escándalos en su reino, y los que cometan iniquidad, y los arrojará al horno del fuego. Entonces los justos resplandecerán como el sol en reino del Padre. Quien tenga oídos, que oiga”

La tercera es la del grano de mostaza: “El reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza, que cogió un hombre y lo sembró en su campo; y siendo el más pequeño de todos los granos, cuando se desarrolló fue el mayor que las hortalizas, llegando a ser un árbol, de manera que las aves del cielo vienen a cobijarse en sus ramas”. La cuarta es la de la levadura: “El reino de los Cielos es semejante a la levadura que una mujer coge y la mete entre tres medidas de harina hasta que todo que fermentado. La quinta es la del tesoro escondido: “El reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo. Lo descubre un hombre y lo oculta, y alegrándose va y vende todo lo que tiene y lo compra”.

La sexta es la de las perlas preciosas: “El reino de los Cielos es semejante a un mercader que busca perlas finas. Cuando encuentra una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra”. La séptima es la de la red barredera: “El reino de los Cielos es semejante a una red barredera, que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Una vez, la sacan a la orilla, y sentados, echan los buenos a los cestos y los malos los arrojan. Así sucederá al fin del mundo. Los ángeles se adelantarán y separarán los malos de los buenos y los arrojarán al horno del fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. (Mt. 13, 1- 50).

A la luz de estas parábolas vemos que el reino de Dios o de los Cielos es un reino escatológico de vida eterna dichosa y feliz al final de este mundo, que se incoa y se obtiene creyendo y perseverando en la fe, esperanza y amor de Jesús de Nazaret. La expresión reino de Dios o de los Cielos aparece cincuenta veces en los Evangelios sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas. Juan evangelista la sustituye por la de vida eterna.

José Barros Guede

A Coruña, 30 de julio del 2013

 



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