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Opinión

Las oraciones en el currículo de la clase de Religión son de sentido común – editorial Ecclesia

Las oraciones en el currículo de la clase de Religión son de sentido común – editorial Ecclesia

Retorna hoy nuestro comentario Editorial a  la artificial y malintencionada polémica suscitada en torno al nuevo currículo de la enseñanza religiosa católica escolar, tema al que dedicamos también la página 10 de este mismo número. Y si en el Editorial de la pasada semana glosábamos los principios de derecho y de justicia en que se inscribía esta asignatura, ahora hemos de abundar en la lógica de la presencia, entre sus contenidos, de un oracional con las principales oraciones y plegarias de la fe cristiana.

Y es que ¿alguien, con sentido común pone el grito en el cielo, porque entre los contenidos de las asignaturas de Música, Lengua o Literatura, por citar otros tres obvios ejemplos, se inste a adquirir conocimientos y memorizar canciones, conjugaciones o  poesías, respectivamente? ¿Por qué, además,  no ha habido ninguna polémica cuando en el currículo de la clase de Religión Islámica o Judía sí han incluido, y también con razón, sus praxis devocionales y señas de identidad?

La clase de Religión Católica no es catequesis. Y quien lo dude que lea los contenidos que una y otra presentan en sus publicaciones oficiales y verá que ambas parten de perspectivas claramente diferenciadas. Así, los Catecismos son manuales para  conocer y practicar el cristianismo; y el currículo de la clase de Religión, tal y como recoge el BOE, es  una recopilación muy básica para explicar en qué consiste el hecho cristiano y si tiene algo que decir hoy sobre las grandes cuestiones que siempre han retado y preocupado a la humanidad. ¿Por qué, entonces, tanta polémica?

Por otro lado, hemos de denunciar, una vez más, la marginación práctica, el ridículo pedagógico y el injusto agravio a la que la clase de Religión se está viendo sometida este curso en sus horarios, que en algunas comunidades autónomas y en algunos centros educativos se limita a 45 minutos, e incluso a media hora, semanales. ¿Quién puede tomarse mínimamente en serio una asignatura con este horario? ¿Qué formación puede quedarles a los alumnos? Y por enésima vez, ¿a quién y por qué le molesta tanto la enseñanza religiosa escolar, en concreto la católica? ¿Y por qué se desprecia y ningunea tanto la voluntad de padres y alumnos que, curso tras curso, en cerca de un 70%, sigan apoyándola?



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