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Las lágrimas de san Lorenzo: «Regálate un tiempo para mirar el cielo»

Las lluvias de estrellas fugaces son uno de los espectáculos más hermosos de la naturaleza. Cada año, en ciertos días fijos, se acumulan las trazas luminosas que surcan el cielo y elevan todavía más la admiración por el cielo y sus fenómenos. En torno al 10 de agosto tenemos la más famosa, la de las perseidas, conocidas también como lágrimas de san Lorenzo por su coincidencia con la fiesta del valiente diácono de nuestra tierra.
Desde hace cuatrocientos años, con el desarrollo de la astronomía moderna, hemos aprendido mucho sobre su naturaleza y origen, y esto aumenta todavía más la admiración por lo que podemos contemplar. Sabemos que en realidad no son estrellas sino diminutos fragmentos de la cola de un cometa que han quedado dispersos en su órbita, no mucho más grandes que un grano de arena, y que se convierten en meteoros al inflamarse en las capas altas de la atmósfera cuando la Tierra pasa por esa región del espacio, generando una alta Tasa horaria zenital de destellos.
Este año las lágrimas de san Lorenzo nos llegan en Luna menguante -cosa importante para que el cielo esté bien oscuro y podamos verlas bien- y tendrán su pico más alto en torno a la noche del 12 de agosto, prolongándose durante varios días más. Para verlas es importante buscar un lugar con poca contaminación lumínica, pensar en la forma de sentarse o acostarse para contemplar el cielo, y pertrecharse de repelente de mosquitos y manga larga para esperar confortablemente a que se acostumbren los ojos a la oscuridad y celebremos cada destello en el firmamento.
El radiante de la lluvia de estrellas está en la Constelación de Perseo – de ahí su nombre- y por tanto hay que dar preferencia a la visión hacia el Este. Para situarse, es fácil reconocer este año y al inicio de la noche a Júpiter, tremendamente brillante al Sur y con Saturno un poco a su izquierda. Entre ellos dos y Casiopea al Noreste está la zona del radiante, a la que hay que prestar atención a simple vista, sin prismáticos ni telescopio. Pero además, las perseidas son una excelente ocasión para enseñar a los más pequeños los secretos del cielo y pasar un rato mirando al firmamento. Podemos recordar el nombre de algunas constelaciones y estrellas y distinguir la Vía Láctea, los brazos de nuestra galaxia. Podemos percibir la rotación de la tierra con el movimiento con el giro de la bóveda celeste, comparando posiciones de algunas estrellas al inicio y al fin de la observación. Podemos recordar lo que nos dice la ciencia sobre las fuerzas y leyes que rigen el cosmos, su tamaño y edad, preguntarnos por la armonía, belleza e inmensidad que se nos presenta, y sobre todo admirarnos, situarnos y escuchar lo que esta hermosa inmensidad dice de su Creador.

Regálate un tiempo para mirar el cielo estos días, para empaparte en esta singular lluvia de belleza y trascender las cosas de aquí abajo. San Lorenzo derrama nuevamente sus lágrimas mientras nosotros enjuagamos las nuestras en el manto del firmamento.

+ Fr. Fernando Ruiz,

fraile mercedario, monitor starlight del Monasterio El Olivar, Teruel

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