Diócesis Iglesia en España

Las Hermanas Clarisas de Tenerife cuentan con una nueva máquina para elaborar el pan de la Eucaristía

“OFRECEMOS NUESTRAS VIDAS, NUESTRO TRABAJO Y NUESTRA ORACIÓN PARA PODER ALIMENTAR ESPIRITUALMENTE A NUESTROS HERMANOS Y HERMANAS”

Las Hermanas Clarisas de Tenerife cuentan con una nueva máquina para elaborar el pan de la Eucaristía

“Comulgar es lo que más me alimenta”, expresaba hace un año el afamado cocinero Pepe Rodríguez en una entrevista publicada por la revista “Misión”. El conocido miembro del jurado de “Masterchef”, galardonado con dos estrellas Michelín, continuaba señalando en la referida publicación que le encantaba comer y que lo había hecho en los mejores restaurantes, pero nunca se había emocionado comiendo. Sin embargo, al comulgar, sí.

Y es que quien cree en el alimento espiritual, difícilmente lo cambiaría por el mejor de los manjares. Para su elaboración no se requieren ingredientes sofisticados, solo harina y agua. Pero tal y como afirman las Hermanas Clarisas, que ya llevan 26 años en estas lides, se debe elaborar con mucho cuidado y mimo. “Para nosotras es un trabajo que nos ayuda a vivir lo que decía Santa Clara, que el trabajo no apague el espíritu de oración al que todas las cosas deben tender”. El hecho de estar elaborando formas a lo largo de la mañana, te ayuda a tener esa tensión interior. Sabemos que es solo pan, pero un pan que se transformará en el Cuerpo de Cristo para ser nuestro alimento espiritual en la Eucaristía, a través del sacerdote”, indicó Sor María Pilar Climent, abadesa del Monasterio de Santa Clara en La Laguna.

A partir de este próximo mes de agosto las Hermanas Clarisas pondrán al servicio de nuestra diócesis y de la diócesis hermana de Canarias, una nueva máquina cocedora para la elaboración de formas, también conocidas como hostias. Desde hace más de 26 años, esta comunidad contemplativa viene ofreciendo este servicio, muy propio del carisma clariano por la devoción tan particular que tenía Santa Clara a la Eucaristía y que bien refleja la iconografía de la Madre fundadora portando la custodia.

La nueva máquina ha sido fabricada, bajo pedido, por la empresa zaragozana “Formas Giménez”. Se encargó en octubre de 2017 y tras varios meses de fabricación, la cocedora llegaba al Monasterio de las Hermanas Clarisas el 18 de junio de 2018. Días más tarde se bendijo y, tras unas semanas ultimando la colocación y la adaptación de la misma, ya está lista para servir a nuestras parroquias, ermitas y casas religiosas.

Tal y como recuerda Sor María Pilar, este periplo hasta tener colocada la nueva máquina en su lugar, ha sido toda una odisea. “Pesaba unos 850 kilos con embalaje. Fue transportada entera desde Zaragoza hasta el puerto de Barcelona. Luego, la trajeron en barco. Estuvo en navegación unos cinco días y llegó el 18 de junio en el camión de aduana. Para la colocación se contó con dos personas que la introdujeron en el monasterio con una transpaleta por la puerta del Museo. Desde allí accedió a la parte de clausura, ya que por este acceso no hay ningún escalón y las puertas son suficientemente anchas”.

Por otro lado, uno de los grandes retos en las últimas semanas ha sido conocer el funcionamiento de este nuevo aparato. Por tal motivo, un técnico de la empresa se desplazó hasta la isla para explicar a las hermanas, durante dos días, los entresijos de la máquina. “Ha sido muy amable con nosotras” -señala la abadesa. Nos explicó cómo es el sistema de limpieza nuevo, que ahora es por medio de mangueras, y el resto de características para el correcto uso”.

Las nuevas técnicas empleadas por el fabricante muestran una serie de ventajas frente a las máquinas más antiguas. Las cuatro placas o moldes que tiene la nueva cocedora cuentan con un innovador sistema de muelles que, por un lado, consigue que haya menos pérdida de masa y, por otro lado, permite que los panales salgan más compactos, debido a una mayor compresión.

Todo ello logra que los panales que ahora se obtienen no tengan tanta porosidad en su interior. Una característica que permite cortar las hostias de forma más limpia, dejando menos polvo en las bolsas y con una textura más compacta, sólida y consistente.

En cuanto a la masa, esta solo contiene agua y harina en las proporciones indicadas por el fabricante, atendiendo al grosor de los muelles de las placas y al tiempo de cocción ya programado. Un conducto lleva la masa desde un depósito hasta el interior de la máquina y la va depositando en cada placa o molde. A su vez, las cuatro placas están colocadas sobre una plataforma giratoria. Cada molde, al pasar por delante del puesto de trabajo, se detiene dando tiempo para la extracción manual del panal ya cocido.

Cada una de las cuatro placas fabrica un panal en el que se imprimen diferentes dibujos litúrgicos. Cabe señalar que antes se contaba solo con 12 y ahora hay una gama de 24 diseños.

Antes de cortar las formas, estas han de ser colocadas en unos armarios especiales que dan la humedad necesaria para que el corte sea el adecuado. De cada panal se obtienen 6 formas grandes y más de 30 pequeñas. En una hora de trabajo se obtienen unos 240 panales de los que salen 1.440 formas grandes (sacerdotales), o 14.500 formas pequeñas, dependiendo de la cortadora que se utilice.

Según expresó Sor María Pilar Climent, es un gozo poder ofrecer este servicio a la Diócesis. “De este modo, las hermanas clarisas ofrecemos nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestra oración para el bien de las almas. Para alimentar espiritualmente a nuestros hermanos y hermanas. Es un modo precioso de colocar nuestras vidas consagradas en la Mesa Eucarística y presentar nuestras propias personas como hostias vivas, como recomendaba San Pablo a los Romanos”, indicó la abadesa.

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