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Las fronteras, a examen

Difundir una imagen del migrante y del refugiado más cercana a la realidad y libre de mitos. Este es uno de los objetivos del libro Flujos migratorios en las fronteras de nuestro mundo, fruto de tres años de trabajo de los distintos organismos de la Compañía de Jesús que trabajan con migrantes. «Los migrantes y los refugiados son a menudo el foco de los prejuicios. Lamentablemente, algunos partidos políticos populistas instrumentalizan la migración para sus propios intereses, distorsionando los datos. Se nos pide que luchemos contra las falsedades y las tendencias populistas», pide la última de las recomendaciones y propuestas que contiene.

El trabajo, que repasa la situación en las principales fronteras calientes del planeta (México-Estados Unidos-Guatemala; España-Marruecos; Colombia-Venezuela; Chile-Perú-Bolivia; Europa del Este; Angola-República Democrática del Congo; Australia; Asia del Sur e India), fue presentado el día 17 de cara al Día Mundial del Refugiado que se celebra hoy sábado, 20 de junio. En su elaboración han participado la Secretaría de Justicia Social y Ecología de la Curia General de Roma, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), la Red de Migrantes (Servicios Jesuitas a Migrantes y Red Jesuitas con Migrantes), el GIAN Migración y el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad de Comillas, que es quien ha coordinado la publicación.

Hasta quince recomendaciones y propuestas hacen los jesuitas a los gobiernos. La más urgente, por supuesto, la petición de garantizar la ayuda humanitaria y de emergencia a migrantes, refugiados y personas desplazadas que huyen de las guerras, los desastres naturales o el hambre. Pero también, el fin de las deportaciones sumarias; el respeto de los derechos fundamentales de las personas en tránsito; la defensa y protección del derecho al asilo («las personas que necesitan protección internacional no pueden ser rechazadas en la frontera»); la lucha «enérgica y clara» contra las redes de tráfico de personas y el castigo a los traficantes, o la adopción de una política de regularización «sensata» de los inmigrantes que ayude a su integración.

La Compañía de Jesús reclama también el establecimiento en las fronteras de observadores internacionales de los Derechos Humanos, observadores —subraya— que «deberían ser reconocidos por los Estados y gozar de libertad de movimiento para poder elaborar informes independientes» que garanticen la defensa de los derechos de migrantes y refugiados. Los jesuitas indican que «la migración es una oportunidad para que las sociedades crezcan y se enriquezcan» y piden, por ello, que se luche contra la xenofobia, las falsedades y las tendencias populistas arraigadas en la sociedad que se basan en noticias falsas elaboradas sobre «prejuicios étnicos».

Violencia generalizada

El volumen presentado afirma que el recurso a la «violencia generalizada para repeler a la gente», evitando incluso que se acerquen a los límites fronterizos, es algo común a todas las fronteras analizadas. Este hecho, y también las devoluciones sumarias —se denuncia— «son prácticas moralmente inaceptables que ponen en riesgo la vida de las personas. (…) El principio de no devolución (es decir, el derecho a no ser devuelto a un país en el que la vida o la integridad de la persona esté en peligro) no admite excepciones».

En la presentación del trabajo participaron telemáticamente el prepósito general de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa; el subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Fabio Baggio; y el director general del JRS, Thomas H. Smolich.

El Padre Sosa, autor del prólogo, llamó a poner en práctica los cuatro verbos del Papa para con los migrantes (acoger, proteger, promover e integrar) y recordó que en los últimos cinco años se han dejado la vida en el Mediterráneo, tratando de llegar a la rica Europa, más de 18.000 personas. «Con el Papa Francisco —dijo— queremos propiciar la conversión fundamental, el necesario cambio de actitud para superar la indiferencia y contrarrestar los temores».

El Padre Baggio, por su parte, subrayó la preocupación del Santo Padre por las periferias en general y por los migrantes y refugiados en particular, y recordó la histórica visita papal a la isla italiana de Lampedusa del 8 de julio de 2013, en el que fue el primer viaje del pontificado fuera de Roma. «Nadie se tiene que sentir eximido de la responsabilidad por la suerte de su hermano. El Papa insiste en la globalización de la solidaridad», dijo antes de recordar que esos verbos «tienen que traducirse luego en acciones concretas de las Iglesias particulares». «Nadie tiene que quedar afuera en la construcción del Reino, nadie tiene que quedar excluido», aseveró citando nuevamente al Pontífice.

El Padre Smolich, por último, señaló que el fenómeno migratorio de hoy no tiene nada que ver con el de hace cuarenta años, cuando el Padre Arrupe fundó el JRS. «Entonces cada situación de refugiados se podía ver de manera distinta, pero hoy eso no es así. Todo está conectado, todos estamos interconectados (…) En un momento de xenofobia y prejuicio racial todos estamos llamados a ir a las fronteras de nuestra sociedad para vivir el Evangelio de manera profética». El jesuita estaodunidense, que dirige el JRS desde 2015, enfatizó también la prioridad que ha dado el pontificado de Francisco a esta causa. «No porque sea un jesuita abrazamos su visión del mundo, lo hacemos porque es la visión del Reino de Jesús: vivir en el presente, llegar a los más marginados, construir una realidad de esperanza y solidaridad que va más allá de las cercas y las fronteras».

El fenómeno migratorio, uno de los signos de los tiempos

El libro, editado en inglés, quiere paliar la «ausencia de estudios y datos sobre las situaciones que se producen en las fronteras desde una perspectiva global y comparativa». En su presentación estuvieron presentes también tres de los 19 expertos e investigadores que lo han elaborado: Xavier Jeyaraj, secretario para la Justicia Social y la Ecología en Roma; José Ignacio García, director del JRS Europa; y Mauricio García Durán, director del JRS Colombia.

El libro explica que las fronteras, uno de los signos de los tiempos en nuestros días, se han convertido en «agujeros negros donde, a menudo, se producen todo tipo de injusticias y abusos contra los derechos humanos». Añade asimismo que en las últimas décadas los gobiernos han ido endureciendo progresivamente los canales de entrada a sus países bajo las premisas de garantizar la seguridad nacional y de «proteger» de la supuesta amenaza migratoria el mercado laboral, el sistema de bienestar social y la cultura nacional. Sin embargo, paradójicamente —se certifica—, «los mismos países que reclaman e imponen esos controles fronterizos siguen demandando e incorporando trabajadores migrantes en sus economías, hasta el punto de que muchos de sus sectores productivos fundamentales dependen estructuralmente de la incorporación de esa mano de obra barata y flexible “étnica”. Una aparente contradicción».

Junto al endurecimiento de los requisitos de acceso a los países —expone la obra igualmente— se ha producido también un proceso de externalización de las fronteras que, según la investigación, «parece estar relacionado con una política de alejamiento de los potenciales solicitantes de asilo, tratando, así, de evitar el mandato de un derecho internacional que obliga a los estados a atenderlos una vez que llegan al territorio de un país signatario de la convención».

El libro ha sido publicado por el Instituto de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas que dirige Alberto Ares Mateos, uno de sus cuatro coeditores junto a Mauricio García Durán, Cecilia Estrada Villaseñor y Juan Iglesias Martínez.

 

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