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Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (III), por José Luis Calvo Calleja

Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (III), por José Luis Calvo Calleja

La Exposición Mons Dei, Eclessia Dei se desarrolla en Aguilar de Campoo, pero abarca también su histórico alfoz. Aguilar es el centro de una comarca que linda y es parte de Campoo en Cantabria, confina con la provincia de Burgos a través del valle de Valdelucio. Se extiende y desciende hasta Alar y Herrera siguiendo el curso del Pisuerga, y rio arriba sube hasta Cervera de Pisuerga, y la Pernía, y al suroeste se prolonga por el antiguo arciprestazgo de la Ojeda.

El capítulo V se titula “Una ciudad puesta en lo alto de un monte” (Mt 5,14). La Iglesia nació y echo andar el día de Pentecostés. Los apóstoles reunidos en oración con la Virgen y algunas mujeres en Jerusalén recibieron la fuerza del Espíritu santo. Ese fue el inicio. Los miedosos apóstoles salieron con valentía y vigor a proclamar la Resurrección a todo el mundo. Las antiguas profecías de Isaías, Jeremías y Daniel se habían cumplido, y por medio de Pedro, Santiago, Juan y los demás apóstoles el Evangelio se fue extendiendo a todos los pueblos partiendo de Jerusalén. Algunos fueron mártires, esto es testigos, y todos con alegría comenzaron a construir una nueva ciudad en la tierra, puesta en lo alto de un monte, e iniciaron sus pasos hacia otra ciudad definitiva, la Nueva Jerusalén, la nueva ciudad que brilla como piedra preciosa, como ciudad amurallada y santa. Hacia esta nueva ciudad se dirigen los pasos de la nueva humanidad, de los bautizados y renacidos por las aguas bautismales.

La bellísima y simbólica pila bautismal de la Iglesia parroquial de santa María del Castillo de Redecilla del Camino (Burgos) resume el contenido teológico. La base de la pila son ocho columnas en alusión al “octavo díes”, día de la Resurrección del Señor que nos abre a la Resurrección definitiva. Por el bautismo entramos en esta bella ciudad que es la Iglesia y nuestros pasos se dirigen hacia esa otra ciudad puesta en lo alto de otro monte que es el cielo, simbolizada bellamente en la copa. Y la Iglesia de Jesus, ciudad puesta en lo alto del monte que es Cristo, debe de brillar por sus obras de caridad, de justicia y de atención a los más necesitados llevándoles el agua viva del consuelo y la esperanza. La Iglesia no está para ser admirada sino para ser refugio y defensa de los más pobres, para ser madre samaritana y velar y cuidad por la dignidad de todos. El monte, pues, sobre el que se asienta la ciudad de la iglesia, la piedra angular que la sostiene es Cristo muerto y resucitado.

Se reflexiona, pues, en este capítulo sobre la misión de la Iglesia como ciudad puesta sobre un monte. Su tarea es anunciar la palabra, celebrar y santificar con los sacramentos, y ejercer el amor hasta el martirio. Por eso se ha incorporado una proyección sobre la iglesia perseguida hoy día. En este capítulo V contemplaremos obras del arte sacro clásico de la escuela de Alonso Berruguete, Alonso Nicoín de León, Alejo de Vahia, Felipe Vigargni, un candelabro de plata procedente de la catedral de Orense, realizado con plata de las minas de Potosí ( el “cerro rico” al sur de Bolivia que tuvo la mina de planta más grande del mundo, y representado en su base), y de obras de autores contemporáneos como son Luciano Díaz Castilla, Lorenzo de Ávila, Delfín Gómez Grisaleña, entre otros.

El capítulo VI lleva por título “El monte de la perfección, itinerario de la vida cristiana” y es clave en la exposición y en el discurso narrativo. San Juan de la Cruz es quien nos guía y nos invita a subir al monte de la salvación. El gran místico, gran poeta y sobre gran enamorado de la cruz de Cristo, no sólo subió a la ciudad santa, si no que nos dejó un ideario, un ideograma. En la vida se nos ofrecen muchos caminos, algunos nos llevan a la felicidad y al cielo y otros a la perdición y la nada. Es cuestión de elegir, y elegir bien. Hay un camino equivocado o errático, lleno de tentaciones, de vanidades, de atractivos y de promesas falsas. Otro camino es el imperfecto, pero verdadero, el que parte del encuentro con el resucitado, y dejando a tras una vida de pecadores y pecadoras, nos conduce hacia la montaña de la salvación. Encontraremos dudas, tentaciones subidas y bajadas, sueños y sinsentidos, pero el final no nos defraudará, Ejercer la caridad, la limosna, la justicia, la esperanza activa, y sobre todo el amor nos realizará.

En este capítulo se expone una escultura de San Juan de la Cruz, obra del Escultor Venancio Blanco, recientemente fallecido y muy ligado a la historia de las Edades del Hombre. Es un homenaje a él. San Juan de la Cruz está presente con una copia de su libro “subida al monte Carmelo” y el lienzo que representa a la aparición de Cristo a San Juan de la Cruz, éste arrodillado ante un Jesús atado a la columna, nos habla de su encuentro en el Carmelo de carmelitas descalzos de Segovia. En la primera sala podremos contemplar un óleo sobre lienzo procedente del monasterio de las Clarisas franciscanas de Salamanca donde se plasma la alegoría de los caminos de la salvación y de la perdición, de la vida o muerte. El camino de la vida -como puede verse en el cuadro citado- va por la continencia a la felicidad, por las espinas a las rosas, es un ascenso arduo, lento y costoso. Por eso la escalera es un símbolo en la espiritualidad cristiana, mostrándose obras con este tema. Para una mejor comprensión se parte de una encrucijada, una oferta de caminos a seguir, alguno errático o equivocado donde nos encontramos con el desengaño, la vanidad, los pecados capitales, la caída, condenación y también con el jardín de las delicias plagado de engaños y pecados y conducente a la perdición y a la nada. Otro, imperfecto, es verdad pero en la buena dirección. Es el camino que nace del encuentro con el resucitado, con el arrepentimiento sincero, con las obras de caridad y justicia, con el ir realizando obras de amor a lo largo de la vida. Es camino acertado, lleno de dudas, de esfuerzos y de peldaños que hay que ir subiendo poco a poco y el más estrecho y menos atractivo con final feliz. Es el camino que nos lleva a la felicidad plena que es Dios, donde habita la inmortalidad, la gracia y el final feliz por toda la eternidad.

En este capítulo se muestran obras de Velázquez Vaca canecillos románicos de la colegiata de Santillana del mar, Juan de Flandes, Hernado de Nestosa, Frans Francken el Mozo, y los contemporáneos Daniel Quintero, Ramito Tapia, y Alfonso Galván.

José Luis Calvo Calleja. Comisario de Mons Dei

 

Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (I), por José Luis Calvo Calleja

Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (II), por José Luis Calvo Calleja

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