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Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (I), por José Luis Calvo Calleja

LAS EDADES DEL HOMBRE EN AGUILAR DE CAMPOO (I)

La exposición Mons Dei organizada por la Fundación Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (Palencia) tiene como centro la montaña como lugar geográfico, social, económico y teológico.

Las montañas han sido para todas las culturas y religiones lugares sagrados donde el hombre de todos los tiempos ha experimentado lo tremendo y fascinante del Misterio. Decir montaña es decir altura, ascensión, epifanía o teofanía, lugar de encuentro de Dios con el hombre y de éste con la trascendencia. Los montes simbolizan la cima de toda creación, espacios y moradas de dioses donde los pueblos alzan sus ojos y brazos suplicando ayuda, clemencia, acción de gracias o simplemente alabanza. Allí se respira aire puro y a pleno pulmón. Parece que el cielo y la tierra se unen. En sus cimas se ensancha el corazón y se divisa el mundo con otra perspectiva, Todo parece recién creado e invita a ser respetuoso y cuidadoso con la madre naturaleza. Uno se siente pequeño y grande a la vez. Los ojos se abren más y las palabras enmudecen. Se siente el misterio. Hombre y creación frente a frente.

La Muestra Mons Dei está dividida en siete capítulos. Los dos primeros se desarrollan en la ermita de santa Cecilia, ubicada en la ladera de un pequeño monte donde se asienta el castillo de Aguilar de Campoo. Allí surgió el primitivo poblado. El primer capítulo lleva por título “Levanto mis ojos a los montes”, tomado del salmo 121. Todos los pueblos, todas las religiones han dirigido su mirada a lo alto. En esta primera sección, a través de veintiséis obras, y un audiovisual se reflexiona sobre la importancia de la montaña tanto para los pueblos primitivos y las religiones politeístas de oriente, (Hinduismo, Tahoísmo, Sintoísmo, Budismo, etc.) y las antiguas civilizaciones griega y romana, como para las religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo e Islam. También está presente el significado y simbolismo religioso de la montaña en las civilizaciones precolombinas de Latino América. La montaña como lugar sagrado y referencial es patrimonio de todas las culturas y religiones. Lo fue y lo sigue siendo. Hacia ella y hacia sus cumbres, muchas veces nevadas, dirigen los pasos, las miradas y los deseos los hombres. Todo en la montaña es místico y mistérico. La montaña es lugar de encuentro, de contacto con la naturaleza no contaminada, de superación y esfuerzo, de acampada y escalada, de vivencias comunitarias, de sosegar espíritus, vencer dificultades y encontrarse con uno mismo y con el infinito.

El segundo capítulo, desarrollado también en la bellísima ermita románica de Santa Cecilia, está ya centrado en la importancia del monte en la historia de Israel, del judaísmo como base del cristianismo. Se titula “Del Sinaí al Santuario”, tomado del salmo 67. Fue en el monte Ararat donde Noé y su familia después del diluvio ofrecieron un sacrificio de acción de gracias a Yahvé. En el monte Moriáh Dios puso a prueba a Abraham, pidiéndole que sacrificara a su hijo Isaac. Pero la montaña sagrada para los judíos ha sido y es el Sinaí. Fue en este monte, ubicado en la península de su mismo nombre, donde Dios habló a Moisés y le entregó las tablas de la Santa Ley, el Decálogo. Y el pueblo de Israel a los pies del monte construyó un becerro de oro, pecando y olvidándose de Dios, como lo había hecho anteriormente construyendo otra montaña artificial, la torre de Babel, signo de orgullo y autosuficiencia, y de querer ser como Dios. Hay además otros montes muy significativos en el Antiguo testamento: el monte Nebo, donde Moisés murió y fue enterrado, sin entrar en la tierra prometida, el Monte Garizín para los samaritanos, y finalmente el Monte Sión, lugar donde Dios estableció su morada, su santuario en Jerusalén. El templo, el viejo templo construido por el Rey Salomón en la cima de la ciudadela de su padre David, es el lugar santísimo del Judaísmo. Nadie debía profanar como lugar sacrosanto. Es el símbolo y a la vez la referencia para el judío piadoso y fiel. Jerusalén es además la ciudad rodeada por siete pequeñas colinas, tales como el monte Scopus, el Olivete, el Herzl, entre otros.

Los dos primeros capítulos de Mons Dei son pues una muy buena introducción o entremés del gran banquete teológico y artístico con el que nos encontraremos en la colegiata de San Miguel.

Como comisario de la exposición he querido reflexionar sobre los contenidos de la muestra y compartir estos apuntes a través de cuatro pequeños artículos en los medios de comunicación locales. Irán apareciendo progresivamente siguiendo el discurso narrativo de los capítulos. Espero que contribuyan a un mejor conocimiento y valoración de Mons Dei.

José Luis Calvo Calleja
Comisario de las Edades del hombre 

 

Las Edades del Hombre en Aguilar de Campoo (II), por José Luis Calvo Calleja

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