Benedicto XVI

Las claves del viaje del Papa a España, según Benedicto XVI

Benedicto XVI en la Catedral de Santiago de Compostela

Más allá de polémicas interesadas y machaconas, he aquí

 como esperó y vio Benedicto su visita a Santiago y a Barcelona

El miércoles 3 de noviembre, al final de la audiencia general de los miércoles y en su saludo en lengua española, el Papa Benedicto XVI manifestó sus expectativas ante su visita apostólica a Santiago de Compostela y a Barcelona. Estas fueron sus palabras: “Realizaré una visita pastoral a Santiago de Compostela, uniéndome así a los peregrinos que llegan hasta los pies del Apóstol en este Año Santo. Iré también a Barcelona, donde tendré la alegría de dedicar el maravilloso templo de la Sagrada Familia, obra del genial arquitecto Antoni Gaudí. Voy como testigo de Cristo Resucitado, con el deseo de llevar a todos su Palabra, en la que pueden encontrar luz para vivir con dignidad y esperanza para construir un mundo mejor”. 

Tres días después, y durante a penas 32 horas, Benedicto XVI realizó su tan esperado y querido viaje a estos dos destinos españoles. Mientras la niebla hacía saltar las alarmas en el aeropuerto compostelano, el Papa, antes de encontrarse con los católicos españoles se encontró en el avión, una vez más, con los periodistas. En el final de esta conversación, el Santo Padre volvía a presentar los dos temas de su visita apostólica: “El tema de la peregrinación, estar en camino, y el tema de la belleza, la expresión de la verdad en la belleza, la continuidad entre tradición y renovación. Yo pienso que estos dos temas del viaje son también un mensaje: estar en camino, no perder el camino de la fe, buscar la belleza de la fe, la novedad y la tradición de la fe que sabe expresarse y sabe encontrarse con la belleza moderna, con el mundo de hoy”.

Benedicto XVI en Barcelona – Sagrada Familia

Encuentro fe y laicidad

Pero la entrevista al Papa en el avión se volvió a convertir en el hilo conductor de la opinión pública y publicada y también de la polémica… ¿Y esta vez por qué? Federico Lombardi, el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, agrupando preguntas formuladas previamente por los periodistas, le planteó al Papa acerca de la relación entre España y el nuevo dicasterio vaticano para la promoción de la Nueva Evangelización en los países de tradición cristiana y ahora inmersos en derivas secularistas. Incluso la pregunta fue más lejos: “¿Es España uno de los países en los que pensó usted como objetivo para este nuevo dicasterio o incluso como objetivo principal?”.

 “Con este dicasterio -respondió el Papa- he pensando en el mundo entero, porque la novedad del pensamiento, la dificultad de pensar en los conceptos de la Escritura, de la teología, son universales, aunque el punto álgido sea el mundo occidental, con su secularismo, su laicidad, y la continuidad de la fe que debe renovarse para ser la fe de hoy y responder al desafío de la laicidad. En Occidente, todos los grandes países tienen su propio modo de vivir este problema. (…) España ha sido siempre, por una parte, un país originario de la fe. El renacimiento del catolicismo en la época moderna se produjo sobre todo gracias a España. Figuras como San Ignacio de LoyolaSanta Teresa y San Juan de Ávila, renovaron realmente el catolicismo y diseñaron la fisonomía del catolicismo moderno. Pero también es verdad que en España nacieron una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo, como pudimos ver precisamente en los años treinta. Esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, ha vuelto a reproducirse de nuevo en la España actual. Por eso, el futuro de la fe y del encuentro -no del enfrentamiento, sino del encuentro- entre fe y laicidad, tienen un foco central también en la cultura española. En este sentido, he pensado en todos los grandes países de Occidente, pero sobre todo también en España”.

El camino y la belleza

Y la polémica quedó servida incluso asociándose a la mañana atmosférica compostelana, poblada de niebla y humedad… El sol acabaría saliendo, entre otras razones, porque este –el viaje de Benedicto XVI a Santiago y a Barcelona– era viaje luminoso en sí mismo, el viaje de lo qué es peregrinar y de lo qué es la belleza. Escuchemos de nuevo al Papa antes de volver a la polémica. Habla primero, de nuevo, sobre lo que es el caminar: “Podría decir que estar en camino forma parte de mi biografía. Pero esto quizá es algo exterior; sin embargo, me ha hecho pensar en la inestabilidad de esta vida, en el hecho de estar en camino… Sobre la peregrinación uno podría decir: Dios está en todas partes, no hace falta ir a otro lugar, pero también es cierto que la fe, según su esencia, consiste en ser peregrino. (…) En ocasiones hay que salir de la vida cotidiana, del mundo de lo útil, del utilitarismo, para ponerse verdaderamente en camino hacia la trascendencia, trascenderse a sí mismo y la vida cotidiana, y así encontrar también una nueva libertad, un tiempo de replanteamiento interior, de identificación de sí mismo, para ver al otro, a Dios. Así es siempre la peregrinación. (…) Basta decir que los caminos de Santiago son un elemento en la formación de la unidad espiritual del continente europeo. Peregrinando aquí se ha encontrado la identidad común europea, y también hoy renace este movimiento, esta necesidad de estar en movimiento espiritual y físicamente, de encontrarse uno con otro y de encontrar silencio, libertad, renovación, y encontrar a Dios”.

  Y si el camino de la vida y su concreción y metáfora en la tradición compostelana es antorcha de luz en medio de sombras, tinieblas y nieblas, también lo son el arte y la belleza, reclamo de la segunda etapa del viaje papal, cuyo epicentro era un templo, signo para nuestro tiempo y prodigio de belleza, y de mensajes. “En la visión de Gaudí, percibo sobre todo tres elementos. El primero es la síntesis entre continuidad y novedad, tradición y creatividad. Gaudí tuvo la valentía de insertarse en la gran tradición de las catedrales, de atreverse en su siglo, con una visión totalmente nueva. Presenta esta catedral como lugar del encuentro entre Dios y el hombre en una gran solemnidad. Tiene la valentía de estar en la tradición, pero con una creatividad nueva, que renueva la tradición, y demuestra así la unidad y el progreso de la historia. Es algo hermoso. En segundo lugar, Gaudí buscaba este trinomio: libro de la naturaleza, libro de la Escritura, libro de la liturgia. Y esta síntesis es precisamente hoy muy importante. En la liturgia, la Escritura se hace presente, se convierte en realidad hoy, no es una Escritura de hace dos mil años, sino que debe ser celebrada, realizada. En la celebración de la Escritura habla la creación y lo creado encuentra su verdadera respuesta, porque -como nos dice san Pablo- la criatura sufre, y en lugar de ser destruida, despreciada, aguarda a los hijos de Dios, es decir, a quienes la ven en la luz de Dios. Esta síntesis entre el sentido de la creación, la Escritura y la adoración es precisamente un mensaje muy importante para la actualidad. Y finalmente hay un tercer punto: esta catedral nació por una devoción típica del siglo XIX: San José, la Sagrada Familia de Nazaret, el misterio de Nazaret, pero esta devoción de ayer es de grandísima actualidad, porque el problema de la familia, de la renovación de la familia como célula fundamental de la sociedad, es el gran tema de hoy y nos indica hacia dónde podemos ir tanto en la edificación de la sociedad como en la unidad entre fe y vida, entre religión y sociedad. Expresa el tema fundamental de la familia, diciendo que Dios mismo se hizo hijo en una familia y nos llama a edificar y vivir la familia”.

Un templo, la Sagrada Familia de Barcelona, signo de nuestro tiempo también para “la relación entre fe y razón, en que la fe, y la fe cristiana, sólo encuentra su identidad en la apertura a la razón, y que la razón se realiza si trasciende hacia la fe; y una fe que dejara el arte en el pasado, ya no sería fe en el presente”.

Viajes a España, signo de amor

¿Y qué pasó con la polémica? En la misma entrevista en el avión, Benedicto XVI reiteró su valoración positiva de la vitalidad del cristianismo español, a propósito de una pregunta acerca de su próxima visita a nuestra nación con ocasión de la JMJ 2011 Madrid. “Naturalmente es un signo de amor“, explicó el pontífice. “Se podría decir que es una casualidad que vaya tres veces a España. La primera durante el gran Encuentro Internacional de las familias, en Valencia: ¿cómo podría el Papa estar ausente si las familias del mundo se encuentran? El próximo año tendrá lugar la Jornada Mundial de la Juventud  en Madrid, y en esa ocasión el Papa no puede estar ausente. Y finalmente tenemos el Año Santo de Santiago, y la consagración (…) de la Sagrada Familia de Barcelona. ¿Cómo no podía venir el Papa? Por sí mismas, las ocasiones son también desafíos, casi una necesidad de ir. Pero el hecho de que precisamente en España se concentren tantas ocasiones demuestra también que es realmente un país lleno de dinamismo, lleno de la fuerza de la fe, y la fe responde a los desafíos que están igualmente presentes en España. Por eso, podríamos decir que la casualidad ha hecho que venga, pero esta casualidad demuestra una realidad más profunda, la fuerza de la fe y la fuerza del desafío para la fe”.

¿Pero qué pasó con la polémica? A estas alturas de nuestro relato, el lector percibirá, primero, que Benedicto XVI dijo en el avión mucho más que la frase de marras. Segundo, que Benedicto XVI ama a España y confía en su potencial humanizador y evangelizador. Tercero, que “el guante”, el envite está lanzado en clave de encuentro y no de confrontación, en clave de reto y no de descalificación, en clave de esperanza y no de pesimismo, y quien lo dude que siga leyendo las páginas de este número de ecclesia y se encontrará como la niebla quedó disipada por la luminosidad de un viaje oportuno y hermoso.

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