Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

Las claves de los viajes papales, los acentos de Francisco y España – editorial Ecclesia

Las claves de los viajes papales,  los acentos de Francisco y España – editorial Ecclesia

El 4 de enero de 1964 Pablo VI emprendió, con destino a Tierra Santa, su primera visita apostólica.  Comenzaba, además, de este modo y de manera sistemática, el ministerio itinerante de los sucesores de Pedro, conscientes de su misión universal y gracias al desarrollo de los medios de locomoción y al mismo modelo, entonces emergente, de sociedad global. En menos de seis años –en los últimos  ocho años de su pontificado y vida ya no volvió a viajar-, el beato Pablo VI realizó nueve viajes internacionales, con destinos en los cinco continentes.

Fue, con todo, Juan Pablo II quien popularizó los viajes papales y les dio carácter de servicio apostólico ordinario, casi cotidiano. Desde enero de 1979 a agosto de 2003, san Juan Pablo II realizó ciento cuatro visitas apostólicas, de modo que apenas le quedaron más rincones significativos del mundo por visitar que Rusia y China. Como es bien sabido por todos, Juan Pablo II vino a España en cinco ocasiones, siendo el tercer país –ex aequo con Estados Unidos de América y México-, y tras Polonia y Francia, que más veces visitó.

Cuando recién inaugurado su ministerio petrino, Benedicto XVI manifestó su voluntad de proseguir con los viajes pastorales, aunque en menor medida y de modo selectivo. La realidad, sin embargo, arrojó otro resultado, y Benedicto XVI, de agosto de 2005 a septiembre de 2012, llevó a cabo 24 viajes fuera de Italia (en el país trasalpino hizo 31) y recorrió asimismo los cinco continentes, incluido el Próximo Oriente asiático.

Cuando aún no se han cumplido los dos años del servicio apostólico de Francisco, ya han sido ocho sus viajes fuera de Italia y otros ocho dentro de este país. Y al igual que aconteciera con sus antecesores, al Papa actual también le cautiva esta expresión de su ministerio y ya tiene repleta su agenda viajera para 2015 e incluso para 2016. Así, en este año, tras el periplo asiático por Sri Lanka y Filipinas, Francisco tiene intención de viajar a Ecuador, Bolivia, Paraguay, Estados Unidos de América, Centroáfrica y Uganda (meses atrás, la Santa Sede anunció, sin mayores concreciones, un viaje papal a Francia en 2015). Y para 2016 ya ha expresado su deseo de ir a Chile, Argentina y Uruguay.

¿Y España? En la página 10 de este número de ecclesia contamos la noticia de que, tristemente, la tan esperada visita de Francisco a España en el marco del Año Jubilar Teresiano no va a tener lugar. Las razones se glosan también en la página 10. Y en ellas, precisamente, encontramos los acentos, los matices diferenciadores con que Francisco elige los destinos de sus visitas apostólicas. Francisco, en efecto, quiere hacerse físicamente presente en las periferias, allá donde las comunidades católicas pasen por circunstancias de mayor necesidad o emergencia y allá donde la presencia papal haya sido menor a lo largo de este medio siglo de viajes de los sucesivos pastores universales de la Iglesia católica.

España no solo fue privilegiada por Juan Pablo II, sino que Benedicto XVI fue a nuestro país, junto a su natal Alemania, adonde más veces –tres, con paradas en Valencia, Santiago de Compostela, Barcelona y Madrid- viajó. Le trajeron, sobre todo, las familias y los jóvenes, como tantas veces llevaron  por medio mundo a Juan Pablo II y ahora están empezando llevar a Francisco. Si, desde octubre de 1982 a agosto de 2011, España ha sido visitada en ocho ocasiones por los Papas, hemos de entender que ahora nos toque esperar y que Francisco, en suma, prefiera acercarse antes a otros lugares menos presentes en la historia de los viajes pontificios.

Por otro lado, si el gran reclamo de la esperada visita de Francisco a España era el V centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, bueno será recordar que este va a seguir celebrándose, y hacerlo con la misma ilusión, celo pastoral y ardor evangelizador. Si se consideraba que uno de los escenarios más probables de la presencia en España de Francisco era para el Encuentro de Jóvenes Europeos,  en Ávila del 5 al 9 de agosto próximo, este encuentro debe preparase –a buen seguro que así será- con la misma intensidad y generosidad como si el Papa fuera a venir. Y es que, además, Francisco tiene “alma” y “palabra” españolas que nos la podemos encontrar todos los días y en todas partes.

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