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Las catorce claves del primer discurso del cardenal Omella como presidente de la CEE

«Manifestar a los familiares de todos los difuntos durante el tiempo que llevamos de pandemia nuestro pésame y esperanza». Con este mensaje quiso empezar su primer discurso como presidente de la Conferencia Episcopal Española el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, con el que dio comienzo a la reunión de la Asamblea Plenaria que se celebró en Madrid del 16 al 20 de noviembre. Los obispos españoles se reunieron e forma presencial, 38 de ellos (los miembros de la Comisión Permanente, integrada por los 9 miembros de la Comisión Ejecutiva, los presidentes de las 10 Comisiones Episcopales y los 10 arzobispos metropolitanos; además de los presidentes de las 8 Subcomisiones Episcopales y el presidente del Consejo Episcopal de Asuntos Jurídicos) y telemática, en una reunión que se celebra de esta forma mixta por primera vez en la historia a causa de la pandemia.

1. Solidaridad con los difuntos

Los obispos se solidarizaron y comprometieron «con los que están padeciendo las consecuencias económicas, sociales y laborales provocadas por esta pandemia».

2. Despedidas y bienvenidas

En este apartado, el cardenal quiso tener un recuerdo especial por «nuestros en el episcopado que han ido a la casa del Padre» y por todos aquellos que han pasado a la situación de eméritos. Además, profirió un saludo especial a  Javier Vilanova Pellisa, obispo auxiliar electo de Barcelona, Fernando Valera Sánchez, obispo electo de Zamora, recién incorporados «a una familia que tiene confiado el servicio de velar por mantener la unión en la fe y por promover la comunión de amor en el seno de la Iglesia», así como a los pastores que han aceptado «la responsabilidad de pastorear una nueva diócesis».

3. Reunidos y unidos fraternalmente en el Señor

«Un momento crucial para nuestro país y, sin un ápice de exageración, para la civilización global». Así contextualizó Omella la situación que vive el mundo a causa de la pandemia y cómo «el abrazo del Santo Padre al Señor crucificado, en medio de aquel diluvio nocturno, será una de las imágenes que quedarán para la posteridad». También las palabras de la encíclica Fratelli tutti «resuenan al reflexionar sobre la fra­ternidad y la amistad social». En medio de la «zozobra mundial», esta encíclica recoge el sentir más hondo de la gente: «La humanidad anhela vivir fraternalmente y actuar unidos como una familia, anhela que la diversidad de voces no impida el diálogo y el encuentro de todos» en una sociedad en la que «el interés egoísta y polarizador de los populismos irresponsables y, sobre todo, nos hace ver lo lejos que estamos de sentir y comportarnos como una única familia humana».

4. El impacto de la covid-19

La destrucción social en todos los aspectos que ha dejado el coronavirus requiere según el presidente de la CEE «nuestros mayores esfuerzos y el empleo activo de todas nuestras capacidades para no dejar que el virus infecte nuestras almas con el egoísmo y la tentación del “sálvese quien pueda”».

Esta pandemia ha intensificado «las heridas y esquinas que permanecen oscuras en nuestra sociedad. Nos ha hecho mirar superando la invisibilidad y la ceguera». Por eso, Omella insistió en que «debemos abrir los ojos y nuestros corazones a las personas sin hogar, a quienes sufren soledad, a los inmigrantes y refugiados varados en las fronteras, a las mujeres víctimas de trata y pros­tituidas, a las personas que están en prisión, en alojamientos colectivos… Por muy intenso que esté siendo el dolor en nuestro país, deseamos seguir atentos y comprometidos».

5. Gratitud

Los estados de crisis también hacen emerger «el bien en el corazón de cada persona e impulsan lo mejor de nosotros mismos». Por eso, el purpurado ha agradecido la reacción contra la pandemia ha que mostrado «la grandeza del servicio y de la entrega, incluso de la propia vida, como han demostrado tantos profesionales esenciales, muchos de ellos católicos y miembros de la Iglesia». La Iglesia ha multiplicado exponencialmente su atención a las personas y a las familias así como su actividad sacramental y espiritual, particularmente, en los últimos momentos de sus vidas. «Ha quedado en el corazón el sufrimiento de aquellos que han visto cómo sus seres queridos morían solos».

6. Esperanza y autoestima

En estos momentos «es importante no sembrar la desesperanza y no suscitar la desconfianza constante» en nuestro país. De esta forma, la Iglesia expresó el presidente de los obispos, «debe suscitar con confianza lo mejor de nosotros mismos y de los demás». El que se ha equivocado, «que pida perdón». En nuestro país debe haber espacio y tiempo «para el arrepentimiento». Imploro el don de una esperanza concreta que reconozca y dé valor a todo lo positivo que emerge en la vida de cada persona, de cada familia y de la sociedad en su conjunto.

7. Tensiones

Una crisis «tan dura» como la que sufrimos «tensa todas las costuras de la sociedad», por eso, ante el riesgo de que «aflore el resentimiento y la división», debemos potenciar «la comunión para vencer este desafío que no es solo sanitario, sino también económico, social, político y espiritual».

Como el Papa dijo recientemente al presidente del Gobierno, Omella aseguró que es necesario «construir la patria con todos». No es momento de divisiones, «no es momento para dejar que los brotes populistas irresponsables e ideológicos traten de colarse». Es el momento de «la cohesión, de la cordialidad, de trabajar unidos, de mirar a largo plazo». Dada la situación de emergencia nacional y mundial, «deberíamos evitar tensionar más la sociedad política con cues­tiones que no sean prioritarias o que requieran de un debate sereno y profundo».

8. Por una economía más humana

El cardenal de Barcelona instó a construir «un mercado laboral digno que permita conciliar la vida familiar con la vida laboral» y «apostar por una economía que tenga el horizonte puesto en la prosperidad inclusiva y sostenible, donde se pueda dar el desarrollo humano integral». A no pocas familias, como a las parroquias, ya les está costando llegar a fin de mes «y las diócesis están saliendo al paso con planes de emergencia para garantizar que puedan seguir con su labor pastoral y asistencial». Por todo ello, «urge replantearse cómo implicar a los católicos y a la ciudadanía en general en esta misión. Tenemos que estar presentes más que nunca al lado de los más necesitados».

9. Mejorar la cultura política y pública

En esta situación actual, dice el presidente de la CEE, «son muchas las personas que «manifiestan su descontento con una forma de hacer política y con la manera que se está llevando a cabo la gestión de la cosa pública». Por otro lado, «los políticos y gestores públicos se ven sobrepasados por la situación». Ellos y nosotros, administración pública y sociedad civil, «hemos de resolver conjuntamente la dramática situación ante la que nos encontramos». Políticos y gestores públicos necesitan «nuestra colaboración para la consecución del bien común». Los obispos en este punto «hacemos un llamamiento a superar las posiciones tendentes a enfrentar y potenciemos potenciar la complementariedad para edificar la patria entre todos».

Solo la concordia, el consenso y la cooperación nos hacen crecer como país. Tanto quienes están en responsabilidades en los diferentes niveles de gobierno nacional, regional o local, como quienes están en otras responsabilidades parlamentarias y, en su conjunto, todos los poderes públicos, de­ben contribuir a mejorar la cultura política en un momento clave para nuestro país. Necesitamos más que nunca de su liderazgo y de su testimonio. Nos comprometemos a orar intensamente por todos ellos.

Finalmente, hacemos un llamamiento a superar las posiciones tendentes a enfrentar sector público y privado, iniciativa pública e iniciativa privada. Pongamos la mirada en algunos países de nuestro entorno donde la colaboración entre las instituciones públicas y privadas, entre las que se encuentra la Iglesia, no solo es algo muy habitual, sino que además es un medio mucho más eficaz y eficiente para la promoción del bien común, aprovechando las grandes sinergias y evitando la duplicidad de iniciativas, la pérdida inútil de recursos económicos y materiales. Abogamos, pues, por potenciar la complementariedad y la cooperación entre instituciones con la mirada puesta en el bien común de los ciudadanos. Todos trabajamos por el bien de la sociedad y queremos edificar la patria entre todos.

10. Pacto educativo

 Respecto a la labor de la Iglesia en el ámbito educativo, Omella insistió en su «gran relevancia». Un sistema que atiende a casi dos millones de familias, «muchas de ellas en los enclaves más pobres y populares de nuestra sociedad» y que además promueve proyectos de investigación, innovación y desarrollo para el conjunto de profesores y centros del sistema educativo.

El «clamor» de la inmensa mayoría de la sociedad por un Pacto educativo en España, que sea a largo plazo y que incorpore a todas las fuerzas políticas y también a las entidades civiles y religiosas activas en el campo de la educación, «no ha cesado de crecer», expresó. «Sería conveniente que de este pacto educativo pudiera concretarse una ley sólida que no sea objeto de debate con cada cambio de color político en el Gobierno». En este punto, el cardenal lamentó «profundamente» todos «los obstáculos y trabas que se quieren imponer a la acción de las instituciones católicas concertadas».

Consideramos que, «siempre y cuando se actualicen correctamente y se garanticen las necesidades económicas para una buena prestación del servicio educativo, la fórmula de la concertación pública como mecanismo de financiación de la educación general sigue siendo plenamente válida y útil para que se dé la participación plural, la diversidad que enriquece a la sociedad y la implicación de la ciudadanía en la consecución del bien común. También creemos que se pueden valorar otras medidas interesantes adoptadas en países de nuestro entorno europeo (como es el caso del «bono escolar») con el fin de garantizar los derechos constitucionalmente reconocidos a los padres y a la libre iniciativa privada».

11. Defensa de una vida digna y justa

La sociedad ha vivido con mucho «dolor y angustia» las decisiones «en materia de cribado de los enfermos de coronavirus en razón de su edad, grado de discapacidad o dependencia». Omella aseguró que es imprescindible «tomar las medidas necesarias para que esta situación no se vuelva a repetir». Esta pandemia nos está empujando «a recuperar el valor de la vida y, de una manera particular, la de nuestros mayores y la de las personas que viven con más soledad y aislamiento». Hemos tomado conciencia, profundizó el arzobispo de Barcelona, «de la importancia de cultivar sus relaciones humanas y familiares para proteger su salud y sus ganas de vivir». Tarde o temprano llegan a nuestras vidas «el dolor, la enfermedad o la ancianidad y, por ello, es absolutamente necesario que tengamos un sistema sanitario, residencial, de medicina del dolor y de curas paliativas que cubra todo nuestro país y del que nadie quede excluido. Todas las personas merecen un trato humano y fraterno por parte del resto de la sociedad».

Ante el sufrimiento que derriba a las personas, «algunos proponen la eutanasia como solución. Nosotros, ante este grave dolor humano, apostamos por una cura integral de las personas que trabaje todas sus dimensiones: médica, espiritual, relacional y psicológica».

12. Migrantes

Respecto a la oleada de embarcaciones ilegales y el problema derivado de los flujos migratorios, desde su discurso urgió a «amar a nuestros hermanos más allá de las fronteras geográficas y existenciales». Parece que el riesgo que amenaza a las personas migrantes y «que parece haber cuajado en ideologías xenófobas» es el que cede a «la tentación de hacer una cultura de muros». Lo ideal, según Omella, «sería evitar las migraciones innecesarias y para ello el camino es crear en los países de origen la posibilidad efectiva de vivir y de crecer con dignidad». Nos corresponde «respetar el derecho de todo ser humano de encontrar un lugar donde pueda no solamente satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia, sino también realizarse integralmente como persona».

13. Complementar y paliar las debilidades de la Comunidad internacional

En palabras del Concilio Vaticano II, el presidente de la CEE apeló «a la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal». La Iglesia tiene «una intensa conciencia de la necesidad de crear las condiciones para la cohesión, la cooperación y la fraternidad tanto en nuestro país como en el ámbito internacional». Incluso en momentos de necesidad, «como los que atraviesa España y que llevarían a poner más el foco en nuestros procesos internos, sabemos bien que ningún país puede salir por sí solo de esta pandemia».

14. Redescubrir lo esencial

Por último, a pesar de su dureza, «de las crisis siempre aprendemos algo», concluyó el purpurado. Para salir de ella «necesitamos hacerlo juntos, unidos y cohesionados», tanto a nivel nacional como internacional. «Deberemos partir de una conversión personal, que suponga un cambio importante en nuestras actitudes y acciones, recuperando la honradez, la solidaridad y el trabajo en equipo», finalizó. Como toda la humanidad, también la Iglesia está inmersa en un proceso de examen ante esta pandemia y sus males. Necesitamos mejorar nuestra actitud de servicio, intensificar nuestro compromiso de salida a las periferias sociales y exis­tenciales, y anunciar el mayor tesoro que hemos recibido: la alegría del Evangelio. A ello queremos dedicar nuestras energías y suplicamos la asistencia de la Gracia que active lo mejor de nosotros mismos en favor del bien de todos. El Congreso de Laicos, que celebramos pocos días antes de la pandemia, nos marca el camino para que la Iglesia en España siga anunciando el mensaje de esperanza y de amor que Cristo trajo al mundo. «Hoy nos encontramos en una grave situación de la que saldremos si aprendemos a acoger al Espíritu de Dios, si nos disponemos a acoger y seguir sus inspiraciones. Si seguimos sus consejos, renaceremos juntos, y pondremos cada uno lo mejor de nosotros mismos para el bien de toda la humanidad».

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