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Las Catequistas Sopeña cuentan su vocación

Las Catequistas Sopeña han recopilado su vocación en una publicación que lleva por título «Las Catequistas Sopeña nos cuentan». En sus páginas cuentan los elementos más esenciales de su carisma. Varias hermanas relatan su llamada, su vida de oración, su apostolado o cómo es la vida en comunidad.

Así,  María Esther expresa la comodidad que siempre sintió frente a Jesús Sacramentado. En su opinión, la clave de la vida misionera es la oración. Noemí Gutiérrez agradece a Dios haber crecido en una familia cristiana, donde se recibió el don de la vocaicón. Desde siempre ha sentido que «su vida es para Dios» y con Dios y que siente su amor y su presencia constante.

La vida en comunidad es para Verónica Oleas elemento esencial de la vida consagrada. En medio de la diversidad de nacionalidades, edades, capacidades, personalidades, «todas nos hermanamos en torno a la Santísima Trinidad y a nuestra madre, la Beata Dolores Sopeña», explica.

Mane Arenas aborda la experiencia transformadora que suponen los ejercicios espirituales. Considera un regalo el haber podido acompañar a los Laicos, personas con las que comparten la Misión Apostólica, en esos espacios de encuentro ignacianos: «Nos convertimos en canales por los que Dios se comunica con su criatura».

Cristina Buenvarón cuenta cómo desde los Centros, ejes de la obra apostólica que es la Fundación Dolores Sopeña, se materializa el principal compromiso evangelizador a través de mejorar el destino de hombres y mujeres adultos que han tenido menos oportunidades. Para ella, esta Misión es el mayor regalo, el camino pleno y feliz que da sentido a su vida.

En parecidos términos se expresa María Jesús González, para quien un Centro de Formación y Capacitación Sopeña es un proyecto de Dios, un proyecto de acercamiento a personas humildes, de pocos medios, para crecer.Siente que el Centro es un árbol y «los frutos son palpables en cada corazón y cada vida de las personas que pasan por él».

Jacqueline Rivas conoció a las Catequistas Sopeña en una convivencia y desde ese momento le cambió la vida. Se sintió cautivada por su forma de ser y de hacer. «Eran mujeres alegres, cercanas, sencillas, acogedoras». De ese carisma le encanta «la manera de dar a conocer a Dios, más con la vida y las obras, que con las palabras».

Por último, Eloísa Barcia se detiene en la palabra Getsemaní, una palabra muy importante para las Catequistas.  Dolores Sopeña, «se asoma a la noche de Getsemaní con vértigo y asumiendo personalmente los dolores del mundo… Sus pecados, traiciones, miedos, angustias… Jesús en Getsemaní ama y lo hace sin medida».

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