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Las aventuras de tres Reyes Magos en los hospitales de la Ciudad de México

Las aventuras de tres Reyes Magos en los hospitales de la Ciudad de México

– Conoce algunas de las tantas experiencias que estos incansables Reyes Magos han vivido durante los años en que han visitado hospitales de la CDMX para entregar juguetes a los niños.

Este enero, como desde hace 17 años, “Melchor”, “Gaspar” y “Baltazar” estarán en hospitales pediátricos de la Ciudad de México para llevar juguetes, dulces y un sinfín de alegrías a los niños. Fascinante e incansable ha sido la labor de estos tres Reyes Magos, quienes, en entrevista para Desde la fe, cuentan algunas de sus experiencias durante sus tantas visitas a estos hospitales.

“Baltazar” inicia contándonos una extraordinaria anécdota que les ocurrió el 6 de enero de hace 14 años. Platica que esa ocasión, avanzada la noche, él, los otros dos Reyes Magos y un par de ayudantes decidieron ir a cenar a un pequeño local en la colonia Escuadrón 201; pero se dieron cuenta de que sólo llevaban dinero para dos quesadillas, así que pensaron repartírselas entre los cinco. “La dueña del local —refiere—, al vernos entrar, nos pidió un favor: que fuéramos a ver a su nieta y le diéramos personalmente su regalo, porque no creía en los Reyes Magos. La niña platicó un poquito con nosotros, pero siguió en lo mismo: en la escuela le habían dicho que los Reyes no existían. Dijo que si en verdad éramos los Reyes Magos, adivináramos cómo se llamaba. ‘Melchor’ le dijo que eso era fácil, sólo tenía que darle la primera letra de su nombre. La niña dijo ‘K’.  Melchor respondió: eres ‘Karla’. ‘¡Sí son los Reyes Magos, abuela!’, gritó la niña. El propio ‘Melchor’ quedó sorprendido de sus poderes mágicos. Le entregamos a Karla un juguete cada uno, y la pequeña quedó aún más llena de asombro, porque eran justo los juguetes que había pedido”. Así, la abuelita quiso regalares la cena, y tanto ellos como sus ayudantes quedaron muy contentos y satisfechos con tan abundantes y deliciosas quesadillas.

Por su parte, “Melchor” relata un caso que le conmovió profundamente. Platica de un niño enfermo de cáncer, quien, al verlos entrar en su habitación, les pidió que le regalaran un avión, ya que su mamá había muerto y él quería volar por el cielo para ir a verla. “En nuestras bolsas de juguetes no teníamos ningún avión; salí corriendo a comprar uno, lo encontré después de tanto, pero era un avión muy pequeño, en el que el niño, obviamente, no podía volar. Le pedí entonces que cerrara los ojos y platicara con su mami; así lo hizo y se sintió contento. Al siguiente día, quisimos llevarle un avión un poco más grande y bonito, aunque de cualquier manera tampoco pudiera viajar en él. Cuando llegamos, el niño ya se había ido… se había ido a ver a su mami en un viaje sin regreso a tierra”.

En su turno, “Gaspar” narra una aventura que vivieron una noche en que se dirigían al Hospital Pediátrico de Moctezuma. Platica que esa vez “Melchor” conducía la camioneta en que llevaban los regalos, y cien metros antes de llegar comenzaron a buscar estacionamiento; entonces un grupo de maleantes se acercó al vehículo; un joven que iba en patines se sujetó de la ventanilla y dijo que les dieran los juguetes. “Yo seguí avanzando lento —interviene ahora ‘Melchor’—, con cuidado de no dañar al joven; pero de pronto dejé de verlo, al tiempo que sentí como si pasara un tope, entonces aceleré. Más adelante estaba la entrada del hospital, ahí detuve la camioneta y comenzamos a descargar los juguetes aprisa. Nos alcanzó aquel tipo y me dijo: ‘Chale, Rey Mago; mira cómo me dejaste mi patín’. No había sido un tope, sino las llantas de su patín. De repente vimos que ya venían todos los amigos del joven. Pensábamos que nos golpearían. La sorpresa fue que venían cargados con redes llenas de pelotas para que se las diéramos también a los niños, pues se dieron cuenta de que nuestro destino era el hospital, y no algún tianguis navideño”.

“Gaspar” refiere que lo ocurrido con esos jóvenes, también le pasó con unos policías: al igual tuvieron un cambio de actitud. “Esa vez íbamos al mismo hospital. Pero la verdad es que ahora estábamos perdidos. Era la media noche. Se acercaron entonces esos patrulleros en una actitud prepotente; pero al saber que éramos los Reyes Magos y que íbamos al hospital a llevar regalos, se conmovieron y nos pidieron inmediatamente que los siguiéramos para guiarnos y abrirnos paso hasta nuestro destino”.

“Baltazar” señala que además de la visible alegría de los niños al recibir sus regalos directamente de las manos de los Reyes Magos, han visto incontables caras de asombro de sus papás, mamás, hermanos, hermanas u otros familiares. “Incluso de los mismos doctores. Algunos médicos que antes sólo confiaban en la ciencia, han vuelto a creer en los Reyes Magos al ver levantarse a niños que ya llevaban mucho tiempo inmóviles, tristes, agobiados por la enfermedad. Hace no tanto, una jovencita de unos 14 años, me enfrentó diciéndome que yo no era el Rey Mago, que estaba maquillado con pintura negra; entonces me saqué los guantes y ella pudo ver que era verdadero mi color de piel. Se emocionó tanto que comenzó a tocar mis arracadas, mi cara y a decirme que sí era el verdadero Rey Mago. ¡Son muchas las personas que se emocionan al vernos!”.

“Melchor” platica que es tanta la impresión de los niños al verlos, que hubo uno que una noche los anduvo siguiendo por todo el hospital; las doctoras le dieron permiso de que anduviera por ahí con su suero. “Estuvo repartiendo juguetes con nosotros, nos pedía que le diéramos un abrazo de regalo y no quería que nos fuéramos. Nosotros lo abrazábamos, lo cargábamos; pero finalmente tuvimos que despedirnos de él con mucha tristeza, porque teníamos que seguir con nuestra labor de Reyes Magos”.

“Otra ocasión —refiere ‘Baltazar’—, llegamos a la habitación de una niña que tenía las manos vendadas porque era muy inquieta y se quitaba el catéter. Apenas encendimos la luz, se despertó. El papá, que esa noche la acompañaba, se enojó mucho porque habíamos importunado el sueño de su hija. No lo tomamos en cuenta. Los tres nos pusimos a jugar con ella; le dimos sus regalos y, como tenía sus manitas inhabilitadas, nos pidió que se los abriéramos. Se estaba divirtiendo en grande con nosotros. De pronto nos percatamos de que el señor lloraba de alegría. Él nos dio las gracias y nos dijo que por más que había hecho para que su hija se animara, ella sólo quería estar tirada en cama”.

“Melchor” relata que alguna vez una de las ayudantes le regaló a él unos calcetines de dedos, como guantes para los pies, de muchos colores, y se le ocurrió ponérselos esa vez. “Esa noche visitamos a una niña, quien nos reclamó diciéndonos que nosotros no éramos los Reyes Magos; su argumento era que los verdaderos Reyes Magos usaban calcetines mágicos, diferentes a los de su papá. Yo le pregunté si quería ver mis calcetines mágicos, me quité una bota y le enseñé el calcetín de colores y con dedos. Empezó a llamar a la doctora gritándole que sí éramos los Reyes Magos, pedía que le tomara una foto con nosotros para enseñársela a todos. Y sí, eran unos calcetines mágicos, tan mágicos que cambiaron totalmente el estado de ánimo de la niña”.

A “Baltazar” le gusta recordar la historia de un niño, interno del Hospital Federico Gómez, quien tenía en su habitación muchos juguetes, todos muy bonitos y llamativos. “Se alegró mucho al vernos. Pero, ¿qué podíamos regalarle a un niño que ya tenía juguetes de lo mejor?… Resulta que entre los juguetes que traíamos en nuestras bolsas venía una guitarrita de madera que por cuerdas tenía hilos de nailon, la cual se había estropeado con el peso de otros juguetes: estaba rota y le faltaba ya una cuerda. Nos dijo que nos cambiaba todos sus juguetes por la guitarrita. Desde luego se la regalamos. Y comenzó contento a tocar y a cantar. ¡Estaba que no cabía de felicidad!

“Una noche inflamos globos con gas helio —recuerda “Gaspar”—, les metimos lucecitas led, y se los dábamos a los niños de todos los hospitales que visitábamos. Todos los niños dejaban a un lado sus juguetes y se divertían con sus “globos mágicos”. ¡Estaban más fascinados con eso! ¡A los niños les maravillan las cosas mágicas!

Finalmente, Melchor envía un mensaje a los lectores de Desde la fe: los invitamos a formar parte de esta bella experiencia, donando juguetes nuevos para llegar a más niños de los hospitales. Pueden llevarlos, del 24 de diciembre al 4 de enero, a la Parroquia Asunción de María, Veracruz Núm. 14, Col. Aculco. Para mayores informes comunicarse al 56 33 03 37.

Fuente: Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México

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