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Las 7 claves del Papa Francisco en Semana Santa

El Papa Francisco nos ha ido ofreciendo claves claras y directas durante la Semana Santa, el tiempo más importante para la fe cristiana. Con la celebración de la Resurrección de Jesús, la Iglesia comienza la cincuentena pascual que lleva a la fiesta de Pentecostés, como si de un solo día se tratara.

1. Mensaje de Cuaresma: Volver a Dios

Hemos vivido los misterios centrales de nuestra fe. En el mensaje de Cuaresma, el Papa Francisco nos indicaba que en la vida, siempre tendremos cosas que hacer y excusas que poner pero «hoy es el momento de volver a Dios». Hemos vivido 40 días revisando nuestros caminos y si no hemos podido, aún estamos a tiempo de encontrar el camino de regreso a casa, de redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que todo depende. Decía Francisco en su homilía el Miércoles de Ceniza que este viaje de regreso a Dios se ve obstaculizado por nuestros apegos enfermos, obstaculizados por los lazos seductores de las adicciones, por la falsa seguridad del dinero y la ostentación, por el gemido paralizante. Para caminar es necesario desenmascarar estas ilusiones.

Por eso, la Cuaresma ha pretendido ser un humilde descenso dentro de nosotros y hacia los demás. Es la lógica del amor, esa lógica que desciende, no se trata de subir, se trata de bajar. Y eso es algo que no acabamos de asumir.

Mensaje del Papa para la Cuaresma: Fe, esperanza y caridad para nuestra conversión

2. Domingo de Ramos: De la admiración al asombro

Durante el Domingo de Ramos, con Jesús entrando en Jerusalén, el Papa nos invitaba a pasar de la admiración al asombro. «Porque el asombro es distinto de la simple admiración. La admiración puede ser mundana, porque busca los gustos y las expectativas de cada uno; en cambio, el asombro permanece abierto al otro, a su novedad». Así, el Papa lamenataba que los cristianos hayamos perdido «la capacidad de asombrarnos» ante el amor de Dios. Y nos dijo que no es suficiente con admirar a Jesús, sino que «es necesario seguir su camino, dejarse cuestionar por Él, pasar de la admiración al asombro». «Hoy hay muchos que admiran a Jesús, porque habló bien, porque amó y perdonó, porque su ejemplo cambió la historia. Lo admiran, pero sus vidas no cambian», denunció el Pontífice. Así, explicó que la pérdida del asombro por su mensaje de amor se debe, tal vez, a que «nuestra fe ha sido corroída por la costumbre», a que «permanecemos encerrados en nuestros remordimientos y nos dejamos paralizar por nuestras frustraciones», y a que «hemos perdido la confianza en todo y nos creemos incluso fracasados». Por ello, pidió que en esta Semana Santa «levantemos la mirada hacia la Cruz para recibir la gracia del estupor».

3. Misa Crismal: El gozo y la cruz van juntos

Francisco presidió el jueves por la mañana la Misa Crismal destacando que «la persecución y la Cruz están ligadas al anuncio del Evangelio la hora del anuncio gozoso y la hora de la persecución y de la Cruz van juntas». El Pontífice, explicó a los presbíteros que «la Palabra de Jesús tiene el poder de sacar a la luz lo que cada uno tiene en su corazón, que suele estar mezclado, como el trigo y la cizaña. Y esto provoca lucha espiritual».

Les indicó que «nos causa estupor comprobar que la Cruz está presente en la vida del Señor al inicio de su ministerio e incluso desde antes de su nacimiento». «Es verdad que hay algo de la Cruz que es parte integral de nuestra condición humana, del límite y de la fragilidad. Pero también es verdad que hay algo, que sucede en la Cruz, que no es inherente a nuestra fragilidad, sino que es la mordedura de la serpiente, la cual, al ver al crucificado inerme, lo muerde, y pretende envenenar y desmentir toda su obra. Mordedura que busca escandalizar, inmovilizar y volver estéril e insignificante todo servicio y sacrificio de amor por los demás. Es el veneno del maligno que sigue insistiendo: sálvate a ti mismo», indicó. Por eso, les recomendó abrazar la Cruz con Jesús y como Él, algo que permite «discernir y rechazar el veneno del escándalo con que el demonio nos querrá envenenar cuando inesperadamente sobrevenga una cruz en nuestra vida».

4. Jueves Santo: La Eucaristía y la soledad

El Jueves Santo el cardenal Re, durante la Misa de la Cena del Señor, recordaba que «quien cree en la Eucaristía no se siente nunca solo en la vida», porque sabe que Cristo lo ama y que frente al tabernáculo recibe la fuerza y la paz en el corazón. El decano del Colegio Cardenalicio centró su homilía en la Eucaristía y el orden sacerdotal, sacramentos instituidos por Jesucristo en la última cena, horas antes de ser entregado y crucificado a las afueras de Jerusalén. «La Iglesia siempre ha considerado el sacramento de la Eucaristía como el don más precioso del cual ha sido enriquecida. El don mediante el cual Cristo camina con nosotros como luz, como fuerza, como alimento, como ayuda en todos los días de nuestra historia».

5. Viernes Santo: Invitación a la unidad

El Viernes Santo, el cardenal Rainiero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, nos invitaba a la unidad y nos decía que la causa de las divisiones entre los católicos es «la opción política, cuando toma ventaja sobre la religiosa y eclesial y defiende una ideología, olvidando del todo el sentido y el deber de la obediencia en la Iglesia». Y esto, según palabras del cardenal, «es un pecado» porque «significa que “el reino de este mundo” se ha vuelto más importante, en el propio corazón, que el Reino de Dios».

Por eso, el cardenal invitó a hacer un examen de conciencia y a convertirse. Alrededor de Jesús había una fuerte polarización política, había cuatro partidos: los fariseos, los saduceos, los herodianos y los zelotas. Y Jesús «no se alineó con ninguno de ellos. « Este es un ejemplo especialmente para los pastores que deben ser pastores de todo el rebaño, no de una sola parte de él. Por eso, son los primeros en tener que hacer un examen serio de conciencia y preguntarse a dónde están llevando a su rebaño: si a su lado, o al lado de Jesús», indicó. Así, el predicador de la Casa Pontificia recordó que la Iglesia está llamada a cultivar la unidad, como carisma especial.

6. Vigilia Pascual: Ir a Galilea

En la Vigilia Pascual el Papa nos decía: No tengáis miedo, Él está con nosotros. En su homilía invitó a los fieles a ir a Galilea, lo que significa volver a empezar (volver al primer amor), recorrer nuevos caminos e ir a los confines. Así, Francisco indicó tres anuncios:

«El primer anuncio, para Francisco, es que siempre es posible volver a empezar, porque existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar en nosotros más allá de todos nuestros fracasos». El Pontífice nos dijo que «incluso de los escombros de nuestro corazón Dios puede construir una obra de arte, aun de los restos arruinados de nuestra humanidad Dios prepara una nueva historia».

El segundo anuncio de Pascua es que «la fe no es un repertorio del pasado, Jesús no es un personaje obsoleto. Él está vivo, aquí y ahora. Camina contigo cada día, en la situación que te toca vivir, en la prueba que estás atravesando, en los sueños que llevas dentro».

Y el tercer anuncio de Pascua es que Jesús nos ama sin límites y visita todas las situaciones de nuestra vida. A Galilea también se pide a nosotros que vayamos: «es el lugar de la vida cotidiana, son las calles que recorremos cada día, los rincones de nuestras ciudades donde el Señor nos precede y se hace presente, precisamente en la vida de los que pasan a nuestro lado y comparten con nosotros el tiempo, el hogar, el trabajo, las dificultades y las esperanzas».

7. Mensaje de Pascua: Los escándalos de hoy

El Domingo por la mañana el Papa Francisco envió su mensaje de Pascua a todo el mundo destacando que «la pandemia todavía está en pleno curso, la crisis social y económica es muy grave, especialmente para los más pobres; y a pesar de todo —y es escandaloso— los conflictos armados no cesan y los arsenales militares se refuerzan. Este es el escándalo de hoy». Por una parte, recordó a los enfermos, a quienes han perdido algún familiar, al personal sanitario, a los más jóvenes… Y ha pedido a toda la comunidad internacional «un compromiso común para superar los retrasos en la distribución» de la vacuna y «para promover su reparto, especialmente en los países más pobres».

Además, recordó al pueblo haitiano «para que no se vea abrumado por las dificultades, sino que mire al futuro con confianza y esperanza». «Mi pensamiento va especialmente a ustedes, queridos hermanos y hermanas haitianos: estoy cerca de ustedes, estoy cerca de ustedes, y quisiera que los problemas se resolvieran definitivamente para ustedes. Rezo por ello».

El Papa expresó su cercanía a todos los jóvenes del mundo, particularmente a «los de Myanmar, que están comprometidos con la democracia, haciendo oír su voz de forma pacífica, sabiendo que el odio sólo puede disiparse con el amor».

Por otra parte, recordó a los migrantes que huyen de la guerra y la miseria, a los países que los acogen como Líbano y Jordania. Además, pidió por Siria, Yemen y para que los palestinos e israelíes vuelvan a encontrar la fuerza del diálogo para alcanzar una solución estable, que permita la convivencia de dos Estados en paz y prosperidad». Su mirada también fue a África, donde algunos países «ven su futuro amenazado por la violencia interna y el terrorismo internacional.



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