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Iglesia en España

La visita pastoral, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

La visita pastoral, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

El año pasado, por estas fechas, el Señor me concedió la dicha de realizar la Visita Pastoral a las parroquias del arciprestazgo de Molina de Aragón. Debo reconocer que fueron días de profundo gozo espiritual y de vivencia de la comunión, al constatar la fe recia de la gente de nuestros pueblos, el testimonio de esperanza de las consagradas y la colaboración generosa de los sacerdotes en el servicio pastoral.

Este año, Dios mediante, tengo el propósito de visitar las comunidades parroquiales del arciprestazgo de Sigüenza-Atienza a partir de la segunda semana de Pascua. Además de celebrar la alegría por la victoria del Señor sobre el poder del pecado y de la muerte, tendré la oportunidad de agradecer a los hermanos sacerdotes su generosa colaboración en el anuncio del Evangelio y podré orar, dialogar y convivir con aquellos miembros de la comunidad cristiana que quieran hacerse presentes en los distintos actos organizados

En estos momentos, en los que todos percibimos el descenso paulatino del número de sacerdotes, debido a la edad, a la enfermedad o a el menor número de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, es preciso que todos valoremos mucho más la misión cercana y la entrega generosa de los sacerdotes en toda la diócesis, pero de un modo especial en las zonas rurales.

Gracias al ministerio de los sacerdotes, se mantiene en los pueblos la formación cristina de niños, jóvenes y adultos, la atención a los enfermos, el cuidado de los necesitados y la preocupación por impulsar proyectos comunitarios. Estas actividades pastorales, que son también responsabilidad de los padres de familia y de los restantes miembros de la comunidad cristiana, aún precisan de la iniciativa, del acompañamiento y de la animación de los presbíteros.

Pero, sobre todo, tendríamos que agradecer a Dios y a los sacerdotes la posibilidad de participar en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. En ella, los cristianos hacemos memoria y actualizamos sacramentalmente, por medio de la acción del Espíritu Santo, el misterio de la muerte y resurrección del Señor, que nos une en una sola familia a todos los bautizados de la diócesis y del mundo.

En ocasiones, se les pide a los sacerdotes que celebren la Eucaristía en todos los pueblos cada fin de semana, sin tener en cuenta las normas canónicas y sin valorar las distancias que algunos han de recorrer para llegar a las parroquias. ¿Habrá llegado el momento de que los católicos, que valoran de verdad la celebración de la Santa Misa, acudan a celebrarla al pueblo vecino, fomentando así la fraternidad, la amistad y la vivencia de la comunión con los miembros de esa parroquia?

Entiendo que este planteamiento puede no ser comprendido por algunas personas que han tenido siempre sacerdote en el pueblo, pero la realidad nos dice que no hay ya presbíteros suficientes para llegar a todas las parroquias los fines de semana. Por ello, además de pedir al Señor que suscite nuevas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, todos hemos de colaborar activamente para hacer más fácil su misión y para no dejar de alimentar nuestra vida espiritual en la oración y en la celebración de la fe con otras comunidades cristianas, aunque no sea la de nuestro pueblo.

Que la Santísima Virgen, Madre de Jesucristo y Madre nuestra, nos ayude a descubrir la necesidad de la oración para mantener viva la fe, la esperanza y la caridad, y que nos acompañe, con su poderosa intercesión, para que la Visita Pastoral produzca abundantes frutos espirituales en todos.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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