Carta del Obispo Iglesia en España

La Virgen no es una estatua: carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio, sobre la Virgen de la Fuencisla

En la ciudad de Antioquía pueden estar los orígenes de la hermosa talla de la Virgen de la Fuencisla. Esta ciudad fue el taller y oficina universal de las imágenes de Cristo, de María y de otros santos. San Geroteo, que fue obispo de Atenas,  pudo traer la primitiva imagen de la Virgen en su viaje a Segovia que le tiene como primer obispo de nuestra diócesis.

Los segovianos conocemos la Virgen de la Fuencisla vestida con ricos mantos bellamente bordados, pero si digno es contemplarla así, más hermoso puede ser admirar su talla recientemente restaurada y que este año en su novenario y procesión todos los segovianos podremos invocar y rezar. El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios. Veneramos a quien representa. Ante la fiesta de la patrona de Segovia y tierra, al contemplar estos días tan de cerca nuestra imagen bendita, la veneramos no porque creamos que hay en ella alguna divinidad, el honor que se le tributa se refiere a lo que representan las imágenes. Ha dicho el Papa: “No son fotografías”. La finalidad es llevar al creyente más allá de lo constatable desde el punto de vista material, despertar los sentidos internos y enseñar una nueva forma de mirar que percibe lo invisible a través de lo visible.

La sacralidad de la imagen consiste precisamente en que partiendo de una contemplación exterior nos lleva a una contemplación interior que permite el encuentro con el Señor o con nuestra Señora, en comunión con la Iglesia que une las historias de la fe con la Sagrada Escritura y con la Tradición.

¿Y que contemplamos en la imagen de Nuestra Señora de la Fuencisla? Vemos a Nuestra Señora en pie coronada sosteniendo en su brazo derecho al Niño divino que porta la bola del mundo con una cruz. El Niño que vemos en el regazo de su madre, completamente desnudo, es Cristo. Dios y hombre verdadero que nació en Belén de María la Virgen, que siendo rico se hizo pobre, y que con su pobreza y humildad hemos sido enriquecidos en todo. Vemos como su mano derecha nos bendice mientras que en la izquierda lleva el orbe imperial signo de su Señorío universal expresión de que desde la cruz atraeré a todos hacía Él y reinará en el mundo con poder y majestad.

La Virgen que contemplamos en la imagen es María de Nazaret, Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre nuestra. Su cabello está dividido en dos mitades. Su mano izquierda está desocupada, en la derecha tiene al niño. Fijándose bien en ella nos ofrece un semblante entre el dolor y la pena, pero si nos acercamos a su rostro esa expresión dolorida cambia totalmente para manifestar en su semblante un agrado y suavidad maravillosa que consuela. Su contemplación nos revela a la madre dolorosa que es también causa de nuestra alegría. Así pues, ¿es extraño que sintamos una devoción y una atracción tan cercana hacía la bendita imagen de Nuestra Señora de la Fuencisla?

En este novenario tan solemne y multitudinario que estamos celebramos pido a la Virgen por los segovianos devotos para que nuestra fe se comprometa con la vida, procuremos una sólida formación religiosa, ahondemos en lo que significa la iniciación cristiana, trabajemos por la trasmisión de la fe en el seno de la familia, colaboremos en la catequesis parroquial, en la pastoral vocacional, en la creación de grupos de matrimonios y de jóvenes, en la vivencia de la caridad con todos, y especialmente, en colaborar para superar la crisis económica que estamos padeciendo.

La Virgen y el Niño llevan las coronas que sacrílegamente fueron arrebatadas en el pasado mes de enero y han sido totalmente (milagrosamente) rescatadas y bellamente restauradas. Nuestra Señora es Reina como Cristo es Rey del universo por eso nos ofrecemos a la Virgen de la Fuencisla como expresión de nuestro agradecimiento por tantos favores y le brindamos nuestra mayor devoción. Te coronamos como reina de nuestros corazones. Con la imposición de las coronas hacemos un acto especial de culto, te proclamamos nuestra Reina públicamente y manifestamos nuestro más sincero amor hacía ti. Te tributamos nuestro homenaje filial, nos declaramos tus hijos y vasallos. Te recordamos el amor de tantos y tantos, como a lo largo de los siglos, te han amado, rezado, venerado e invocado.

 

 

+ Ángel Rubio Castro

                                                                          Obispo de Segovia

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