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Olga Domínguez.
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La vigencia del mensaje de Carlo Acutis: «Naciste original, no seas una fotocopia»

La figura del beato italiano Carlo Acutis ha centrado la segunda jornada del cuadragésimo Encuentro de Rectores y Formadores del Seminario Menor que se celebra este fin de semana (22 y 23 de enero) de manera on line, con asistencia de cerca de una treintena de participantes de 19 diócesis españolas. Entre los presentes, el obispo responsable de la Comisión para el Clero y los Seminarios (Joan-Enric Vives Sicilia), el presidente de la Subcomisión de Seminarios (Jesús Vidal), y los obispos de Tarazona (Eusebio Hernández Sola), Guadix (Francisco Jesús Orozco), y auxiliar de Cartagena (Sebastián Chico). El encuentro gira en torno a «La santidad en el camino formativo del Seminario Menor».

La figura de Acutis, apodado «el influencer de Dios», ha centrado la primera parte de la jornada matutina. Este joven milanés, un auténtico enamorado de Jesús Eucaristía, falleció en 2006 con 15 años a causa de una leucemia, siendo beatificado por el Papa Francisco en Asís el pasado 10 de octubre. Su vida y obra han sido presentadas a los presentes por la catequista madrileña Olga Domínguez Martín, creadora de la web www.expocarlo.es y organizadora hasta ahora de quince exposiciones por toda España sobre un joven que, en su opinión, será canonizado en menos de dos años y cuyo mensaje urge transmitir.

Nacido de manera accidental en Londres el 3 de mayo de 1991, donde vivían en ese momento sus padres, un matrimonio de una familia acomodada de Milán, Carlo fue al mismo tiempo un niño normal y extraordinario, ha explicado Domínguez. Normal porque «es un chico de hoy, de una familia normal, como pueda ser la mía», amante del fútbol, de la música, de la informática; y extraordinario porque desde muy pequeño mostró una gran inquietud por cuestiones impropias de los niños de su edad. Con cuatro años, y pese a que sus padres no frecuentaban la iglesia, él ya rezaba el Rosario. «Iba a misa diaria y consideraba a la Virgen María la mujer de su vida. Desde muy joven se hacía preguntas propias de los mayores, sobre el cielo, el purgatorio, el pecado… Toda su vida interior se la contaba a Jesús, su gran amigo; se dejaba guiar por el Ángel de la Guarda, pedía protección a los santos… Carlo trae el cielo a la tierra, es un pequeño niño Jesús entre nosotros», ha dicho la ponente, arquitecta, profesora de Secundaria y madre de cuatro hijas.

Un cristiano auténtico y libre

Según esta experta, Acutis tenía una gran capacidad de comunicación. Era un muchacho espontáneo y extrovertido, amante de la naturaleza y los animales, de una dulzura angelical, pacífico, humilde, generoso, dócil y obediente. «Lo que lo distingue de otros niños es su conducta mística y ascética», ha subrayado antes de añadir que «cada una de sus frases es un chequeo de tu alma, yo las recogería todas y las pondría en el confesionario».

El beato milanés hablaba tres idiomas y tenía verdadera pasión por la informática, hasta el punto de que ha sido considerado un ciberapóstol. Pese a su juventud, hablaba de la eutanasia, del aborto, de las relaciones prematrimoniales, y estaba en contacto con sacerdotes de otros países. Catequista de Confirmación, era una persona de mucha oración: misa diaria, confesión semanal, lectura de las Sagradas Escrituras, adoración al Santísimo… «No entendía cómo la gente formaba filas para entrar a un concierto de música, y no para entrar a una iglesia a adorar al Santísimo».

Era un espíritu libre y no sintió la necesidad de pertenecer a ningún movimiento o asociación eclesial para vivir su fe. «En cierta ocasión en que le hablaron de una peregrinación a Tierra Santa, argumentó: “No veo la necesidad de ir a Tierra Santa para ver los lugares donde estuvo Jesús hace dos mil años cuando solo tengo que bajar a la calle y entrar en la iglesia para estar con Él”».

Leucemia fulminante

«Hasta su muerte fue grandiosa», opina Domínguez. Fue diagnosticado de leucemia fulminante tipo 3, para la que no hay cura. Murió tres días después del dictamen médico, ofreciendo a Dios su sufrimiento. Sus padres se sorprendieron por la cantidad de gentes desconocidas que acudieron al funeral. Entre ellos había numerosos pobres y personas de la calle, y también gentes de otras religiones, musulmanes, hindúes, etc. «Eran las personas con las que trataba. Muchos días, terminaba de cenar e iba a llevarles comida a los mendigos. Pero no solo les llevaba comida, se interesaba de verdad por ellos, se metía en sus vidas. Una vez compró un saco de dormir para un indigente que dormía en la calle, otra le regaló los zapatos que llevaba puestos a otro y volvió a casa descalzo…», ha constatado la ponente, que ha querido enfatizar también que a Carlo no le asustaba morir, sino «morir y no llegar al cielo».

«¿Qué tiene que ofrecer a nuestra frenética existencia un adolescente que a sus 15 años murió de manera imprevista?», se ha preguntado. En primer lugar, el mensaje de libertad y autenticidad que transmite. «Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias», decía Carlo. Y en segundo, su testimonio de íntima relación con Jesús Eucaristía. «No se conformó —dijo el Papa Francisco en su ceremonia de beatificación en Asís, donde está enterrado— con un cómodo inmovilismo, sino que entendió su tiempo, porque en los más débiles veía el rostro de Cristo. Su testimonio indica a los jóvenes que hoy la verdadera felicidad se encuentra poniendo a Dios en primer lugar y sirviéndolo en los hermanos, especialmente en los últimos».



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