Carta del Obispo Iglesia en España

La vida cristiana es una peregrinación, por el obispo de Terrassa, Josep Àngel Saiz Meneses

La vida cristiana es una peregrinación, por el obispo de Terrassa, Josep Àngel Saiz Meneses

(25/08/2019)

Hoy quiero reflexionar sobre el sentido de la peregrinación des de la perspectiva espiritual. La metáfora de la peregrinación aplicada a la vida espiritual es frecuente en la antigüedad. El pueblo elegido del Antiguo Testamento es ante todo una comunidad peregrinante. Para los creyentes de la Nueva Alianza, el ideal peregrinante adquiere una nueva dimensión porque se espiritualiza, y ya no se trata de atravesar un desierto material, sino de perseverar para poder alcanzar la patria celestial, y porque se ha abierto una nueva ruta que nos lleva a Dios por Cristo.

El cristiano es constituido hijo de Dios por el bautismo; ha sido engendrado a la vida divina y renace por el agua y el Espíritu Santo. Los cristianos están en el mundo, pero no son del mundo; viven entre los hombres y comparten sus angustias y esperanzas, pero no se acomodan a los criterios de este mundo, sino que buscan la voluntad de Dios. Son ciudadanos del cielo, y aunque no se desentienden del mundo presente, esperan un Salvador, Jesucristo, y eso comporta un modo concreto de ser y de vivir.

Ellos perciben la vida presente pues sobre todo como una peregrinación. El creyente como peregrino en esta tierra, debe tener una mentalidad apropiada, la del que está de paso; no adopta los usos y las costumbres del país que atraviesa, sino que conserva su propia forma de ver las cosas, una jerarquía de valores distinta de la de aquellos con los que se relaciona. Estos peregrinos no marchan al azar, sino que avanzan por el camino recorrido por Cristo, y viven en el proceso de una llegada a la meta que no se realizará definitivamente hasta después de la muerte.

Por eso la palabra camino pasa a indicar en el plano moral los hábitos, la conducta del ser humano. La Sagrada Escritura presenta la existencia humana como la elección entre dos caminos, el que conduce a la vida y el que conduce a la muerte. El texto fundamental sobre esta elección crucil lo encontramos en el libro del Deuteronomio (Dt 30,15-16), en el que Moisés pide al pueblo de Israel que antes de cruzar el río Jordán, ratifique la Alianza. Lo esencial para el ser humano es saberse orientar bien, pues su vida depende de esta elección radical que le ha de llevar a conformar su existencia, sus actos y sus gestos a la voluntad de Dios

El Nuevo Testamento emplea el mismo lenguaje y contrapone el camino que lleva a la perdición y el camino que lleva a la vida. Ahora bien, Jesús enseña el camino de Dios conforme a la verdad, y no se deja condicionar por nadie; por otra parte, Él mismo es el camino vivo que lleva al cielo y da acceso a Dios. Jesús se presenta como el camino: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por medio de mí” (Jn 14,6). Este camino no tiene nada de material o físico, porque se trata de una Persona, pero el valor de la metáfora permanece vigente y cobra todo su sentido del contexto: Jesús va a dejar a los suyos, precisamente para llevarlos al cielo.

Los creyentes están invitados a llegar a Dios. Saben que Jesús ha iniciado el camino nuevo y vivo para que sus discípulos puedan seguirlo. Y este camino es Él mismo. Basta con creer en Cristo y acercarse a Él para encontrarse en presencia de Dios y recibir su luz y su vida, e incluso, un día, verle cara a cara. En el episodio del encuentro con los peregrinos de Emaús, es Cristo mismo quien hace camino con ellos y se hace camino para ellos, aunque no serán capaces de reconocerle hasta que les explique las Escrituras y parta el pan.

Los cristianos peregrinantes caminamos seguros por la vida No estamos abandonados a nuestras solas fuerzas para guardar los mandamientos y permanecer fieles, pues contamos con Cristo, que nos purifica de los pecados, nos comunica la verdad y la vida, y que constituye el propio camino para ir a Dios. Por lo tanto, no es tan difícil, basta con seguirle para entrar en la casa del Padre.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

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