Cartas de los obispos Última hora

La verdadera libertad

El acompañamiento espiritual consiste en ayudar a la persona en el proceso de conocimiento de sí misma, de aceptación de sí misma y de desprendimiento  de todo egocentrismo; en ayudarla a establecer correctamente la relación con los demás, a ser consciente de la interdependencia, de que debe vivir en relación, en apertura, en comunión con los demás; consiste en acompañar a las personas en su proceso de crecimiento y maduración en libertad y responsabilidad, en la búsqueda, descubrimiento y seguimiento de la voluntad de Dios, y en el compromiso de servicio a Dios y a los demás. El que acompaña también está en camino, es un compañero que ayuda a discernir la voluntad de Dios y que busca la voluntad de Dios en su propia vida.

La Historia de la Salvación refleja el acompañamiento de Dios a la familia humana. Recordamos la alianza que estableció con Noé tras el diluvio, la que sella con el patriarca Abraham en el monte Moriah, y sobre todo, la que establece con Moisés en el  monte Sinaí. El pueblo de Israel también experimenta el acompañamiento de Dios a través de la palabra de los profetas. El salmo 22 expresa particularmente la confianza en Dios que acompaña y defiende: «El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan» (1-4).

De hecho, Jesucristo se convierte en el principal maestro del acompañamiento. Los evangelios nos ofrecen muchos ejemplos. El relato de su encuentro con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35) es emblemático y muestra los pasos del arte de acompañar. Jesús se acerca, se pone a caminar con ellos, e inicia el diálogo con una pregunta; ellos responden relatando lo ocurrido los últimos días en Jerusalén, manifestando sus expectativas anteriores y los sentimientos presentes, mientras Jesús los escucha con atención; es entonces cuando les responde ampliamente y les explica todo lo que se refería Él en las Escrituras. Después simulará que iba a seguir caminando, pero ante sus ruegos seguirá acompañándoles. Al tomar el pan, bendecirlo, partirlo y distribuirlo, lo reconocerán, y volverán a Jerusalén para dar testimonio de su encuentro con el Resucitado.

El acompañamiento espiritual propicia la experiencia del encuentro con Cristo, y de su mano se convierte en peregrinación hacia el Padre, con la fuerza y la luz del Espíritu Santo. La finalidad del acompañamiento es, en definitiva,  ayudar a la persona a descubrir el proyecto que Dios tiene sobre ella, ayudarla en su camino de encuentro con Él, en su camino de maduración humana y cristiana, en su camino de santificación, de desarrollo pleno de su realidad de hija de Dios, de perfección cristiana como plenitud en Cristo. Este camino conduce hacia una vida plena y feliz. Este es el camino para alcanzar la verdadera libertad.

Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Tarrasa

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