Editoriales Ecclesia

La unidad siempre fortalece y hace posible no tener miedo – editorial Ecclesia

La unidad siempre fortalece y hace posible no tener miedo – editorial Ecclesia

            Hace apenas tres meses, tras los últimos atentados del terrorismo yihadista en Gran Bretaña, nuestro comentario Editorial del número 3.886 hizo un nominal y somero recorrido por las ciudades y países que en el último año, sin ir más lejos, han sufrido el zarpazo de esta abyecta y blasfema plaga terrorista. Manchester, Estocolmo, San Petesburgo, Londres, Berlín, Niza, Bruselas, París…, amén de tantas veces, por no decir casi siempre, Irak y Siria y otros países de Oriente Medio y del corazón de África, fueron los lugares evocados y referidos entonces.

Desde el 17 de agosto de 2017, a ellos hay que añadir España, concretamente las Ramblas de Barcelona y Cambrils (Tarragona). Si hace trece años y medio, el terrorismo también yihadista hizo de Madrid la capital de horror,  con 192 personas asesinadas y otras 2.057 heridas, ahora ?el saldo en Cataluña, aun siendo muy notablemente menor (16 muertos y medio centenar de heridos, de distinta consideración), sigue siendo inaceptable e inasumible desde cualquier punto de vista.  Y así no podemos seguir, no debemos seguir. Todas las fuerzas, energías e inteligencias se han de unir para combatir y derrotar a esta barbarie asesina, a esta -como afirmó el Papa Francisco-  “violencia ciega, que es una ofensa gravísima al Creador”, máxime por cuanto es perpetrada en el nombre de un supuesto dios.

Y es que, en efecto, solo desde la unidad será posible acabar con el terror. Así aconteció en España, cuando tras casi medio siglo del infame terrorismo etarra, sobre todo desde 1997 (tras la liberación de José Ortega Lara -532 días cruelmente secuestrado por ETA y retenido en un inmundo e inhumano zulo de 3 por 2,5 metros- y la posterior respuesta de los criminales asesinando a Miguel Ángel Blanco), la sociedad civil, la inmensa mayoría de la ciudadanía de bien y la práctica totalidad de los partidos políticos unieron definitivamente sus fuerzas.

Por ello, nada tiene de extraño –es una más bien una pura evidencia y del más elemental sentido común- que el arzobispo de Barcelona, cardenal Omella, en el funeral en la Sagrada Familia del domingo 20 de agosto, apelara con estas palabras a la unidad: “Sí, hermanos, la unión nos hace fuertes, la división nos corroe y nos destruye”.

Como era de esperar, esta afirmación del purpurado fue leída en clave política, en medio de la actual deriva secesionista en la querida Cataluña. Y a tanto llegó esta interpretación que el arzobispado barcelonés hubo de desmentir que el presidente de la Generalitat hubiera corregido o amonestado al cardenal Omella. ¡Solo hubiera faltado!, afirmamos nosotros, en un ejercicio también de puro sentido común y libertad de expresión.

Ya desde primeras horas de los atentados en Cataluña del pasado y funesto 17 de agosto, se hizo popular el grito ciudadano“No tinc por” (“No tengo miedo”), que sirvió asimismo de proclama y lema a la manifestación en la ciudad condal del sábado 26 de agosto. Manifestación –dicho sea de paso-, en la que nadie podrá jamás justificar –lo decimos desde parámetros democráticos, de equidad, de educación y de respeto a las instituciones y a sus más altos representantes- los minoritarios, pero reales, abucheos al Jefe del Estado español.

La intimidación terrorista se hace más efectiva, más fuerte y todavía más virulenta si no se la responde con la máxima unidad. Máxima unidad en todos los terrenos, en todos los “frentes” (policial, legal, judicial, mediático, ciudadano, político, partidista,…).  Porque sin la unidad, en mayor o en menor medida, más tarde o más temprano, se abre más fácilmente camino al terror, al miedo, a la división “que nos corroe y destruye siempre”.

El respeto sagrado por las víctimas de los atentados de Barcelona y de Cambrils y la solidaridad con sus familiares y con los heridos y demás damnificados exigen, además, no mezclar su diabólica intencionalidad y con reivindicaciones de naturaleza política. Reivindicaciones que, por otro lado, se han de ajustar a las leyes vigentes (en España, la Constitución de 1978) y al servicio al auténtico bien común y no a los intereses y pretensiones particulares. Y esta última aseveración nuestra creemos que es también de pura evidencia, así como muy mayoritariamente sentida y demandada por la ciudadanía del entero Estado español, incluida, por  supuesto, la querida ciudadanía catalana.

Unidos, sí, somos más fuertes y es más factible no tener miedo y derrotar al terrorismo.

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